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Testículos de piedra

En 1991, un trío de músicos se plantó en el escenario del auditorio de Charmouth. Era el concierto debut de aquellos jóvenes y en el público no se contaban más de 50 cabezas. Al terminar la primera canción, todos se fueron salvo dos mujeres. "¡No te das cuenta de que a nadie le gustas! Te pagaré para que dejes de tocar", dijo una a la vocalista. Así comenzó la carrera de PJ Harvey (Reino Unido, 1969). Su capacidad creativa, que abarca la pintura y escultura también, ha sido canalizada a través de múltiples instrumentos que domina de manera innata
PJ Harvey
PJ Harvey

No hay categoría en la que Harvey entre, no es grunge, no es rock. Su creatividad, que abarca la pintura y escultura, ha sido canalizada en múltiples instrumentos que domina de manera innata.

No hay categoría en la que Harvey entre, no es grunge, no es rock. Ella no acepta las etiquetas ni las comparaciones, aunque abrazó la que le dieron en una entrevista: La Emily Brontë del rock’n’roll. La cantante inglesa ha narrado su existencia bajo múltiples máscaras, evocando eso que denominan experiencia femenina y ella aleja de su trabajo, trasladando el deseo sexual y el amor a lo tétrico y macabro. La perspectiva de PJ Harvey se hizo global, algo difícil teniendo en cuenta que a ella no le importa en absoluto que la comprendan y sus antecedentes vitales son difíciles de asimilar para su público.

Nació en un pueblo de 600 habitantes llamado Yeovil, donde la lengua inglesa tiene un dialecto específico y de sonido y sintaxis más primitiva. No había ningún local o tienda, salvo un bar. Todo ocurría allí y en la iglesia. Pj Harvey conoce a todo el mundo allí, los del cementerio y los de las casas, porque habla con los vivos y en su casa se esculpieron las tumbas de los fallecidos.

Sus padres fueron hippies, amigos de diferentes personalidades vinculadas a los Rolling Stones o Bob Dylan, y decidieron montar una granja en un lugar frecuentemente denominado como "ninguna parte". Criaban ovejas y cabras y sus dos hijos ayudaban cuando terminaban la escuela.

Entre las tareas de las que se ocupaba PJ Harvey hubo dos específicas que marcaron su crecimiento y pensamiento acerca de la vida y la muerte. Los padres de la cantante enseñaron a la joven como cercenar los testículos de cabras macho utilizando un hilo metálico y le confiaron esa tarea. Los animales gritaban de dolor y la sangre corría ante la niña, no mayor de 8 o 9 años. La otra obligación de la joven era retirar fetos muertos del interior del vientre de las ovejas. Sus manos pequeñas y hábiles permitían una entrada más sencilla en el cuerpo y provocar menos dolor. Pero, de nuevo, los gritos eran ensordecedores y el peso vacío de un cuerpo muerto en manos de una niña marcó la velocidad y levedad de lo que es la vida. Sin embargo, PJ Harvey no se lamenta de esto. Lo acepta, era lo que debía ser.

Al cerrar la granja, los padres decidieron dedicarse a la cantería. En el pueblo había dos minas de una piedra específica, la Hamstone, que solo se da en ese lugar. Es una piedra caliza muy apreciada para la construcción y el embellecimiento de fachadas. La cantera que durante 40 años explotó el padre de la cantante pertenece al rey Carlos de Inglaterra. Todo ello determinó el comportamiento del padre, quien se ausentó del hogar y pasó a tener un humor más tosco con la familia. Las piedras menos válidas para la construcción, eran reutilizadas por la familia. Muchas de ellas se convirtieron en tumbas que la madre esculpía sobre la mesa donde comían. PJ Harvey aprendió también a trabajar y entender la piedra, su tacto y sus grietas. Todo lo contrario a la experiencia animal, silencioso e inerte, pero de igual fragilidad.

En su casa se escuchaban dos mundos musicales distintos. Su padre hacía sonar a clásicos del jazz, Nina Simone y las Big Bands de los 40 y 50; su madre enloquecía con la poesía musicada de Bob Dylan y los ritmos de Captain Beefheart. Entre sensibilidades y experiencias tan dispares, Harvey decidió ser saxofonista. La música debía ser su camino.

Las mujeres de Yeovil no se dedicaban a demasiadas tareas. La mayoría de ellas no trabajaba en algo visible fuera del hogar, por lo tanto a ojos comunes no lo hacían. La madre de PJ Harvey era, con frecuencia, la diferente. No solo esculpía, también organizaba eventos y conciertos de rock cristiano en la iglesia. Así entró en contacto la joven Polly Jean con las guitarras y la profesión, no el arte. PJ Harvey reconoce que su imagen del mundo estuvo limitada durante muchos años por la pequeña concepción que tenía de él, todo filtrado por su experiencia en un lugar diminuto con vidas comunes. Debido a ver a las mujeres de Yeovil, deseó durante su adolescencia convertirse en un hombre. Llegar a ser ese otro tipo de persona que no conocía limitaciones, que podía ser granjero, cantero o guitarrista de rock.

La familia recibió con sorpresa pero no indignación la orden de la joven de ser llamada Paul, y no Polly. Se cortó el pelo, toda su ropa pasó a ser deportiva y ancha. Harvey deseaba que no llegase el momento de la menstruación, de convertirse de modo imparable en lo que iba a limitarla. No quería pechos en su tórax ni óvulos deslizándose. Sin embargo, no hubo castración como sucedía a las cabras y todo ello fue inevitable.

En esta época, PJ Harvey era saxofonista y comenzaba a conocer la guitarra, con mayor o menor éxito. Formaba parte de una banda instrumental de su comarca y en alguna fiesta se dedicaba a hacer versiones de The Cure, Cult o B-52 con un grupo llamado Stoned Weaklings (Enclenques Colocados). Participaba de la vida cultura, sin mayor pretensión, y pronto se encontró estudiando un bachillerato de artes visuales. Tras entablar diferentes amistades, algunas más fructíferas que otras, PJ Harvey se introdujo en el grupo Automatic Dlamini en 1988. Ahí conoció a John Perish, su todavía colaborador y amigo más longevo, una suerte de gurú musical que no pudo triunfar como artista y brilló como productor. El ritmo frenético no fue benévolo con Harvey y desde el primer día debió adaptarse a un estilo de vida que suponía acostarse en España y despertarse en Alemania Occidental. Este no era un gran grupo, no gozaba de un reconocimiento espléndido, pero fue una escuela de realismo para la artista. Harvey nunca llegó a publicar como parte del grupo, solo tocaba en las giras promocionales y el disco al que puso voz, guitarra y saxofón vio la luz de manera limitada. Este es, de hecho, una pieza de coleccionista rara de encontrar. Harvey se agotó de aquello, no era lo que quería para ella. Había decidido abandonar también el saxofón, estaba exhausta de leer partituras, de trabajar en otro idioma intraducible, de seguir una norma marca en compás. Con su partida no quiso quemar los puentes y mantuvo a Perish como confidente, pero también a dos músicos con los que formó el PJ Harvey Trio. Este fue su debut oficial.

En el verano de su independencia, fue abucheada en un pequeño pueblo e invitada a marcharse con el sueldo por un fracaso de calibre impensable. Decidió entonces trasladarse a Londres y estudiar escultura de manera profesional. Aunque sus manos se encontraban a gusto en el oficio de dar forma a distintos materiales, su cabeza no podía parar de pensar en melodías. Grabó diferentes demos con su banda y el sello independiente Too Pure decidió apostar por ella. PJ Harvey lanzó Dress, su primera canción, en octubre de 1991 y pasó a trabajar en su primer álbum. La escultura tuvo que esperar.

Los críticos se entusiasmaron con el sonido de la joven, con la suciedad underground de sus melodías y una letra que realmente no terminaban de entender. La poesía y la mugre rara vez se encontraban de esa manera. La discográfica prefirió no promocionar demasiado el sencillo, pero las radios alternativas hicieron una difusión inesperada.

En febrero, PJ Harvey dio un giro a lo que había hecho previamente y publicó Sheela-Na-Gig, una canción dedicada al universo de la vida y el sexo femenino tomando a las figuras homónimas como objeto, unas miniaturas pétreas de enormes vaginas que adornan Reino Unido e Irlanda. La expectativa sobre su trabajo fue tal que un mes después el disco debut de la británica, Dry, vio la luz. El impacto de su obra llevó a que fuese considerada la compositora del año para la revista Rolling Stone y tanto el público como la crítica laurearon su trabajo.

La vida que había llevado hasta entonces parecía anodina a sus ojos, de una emoción mínima y carente de todo interés. Sin embargo y como ocurre en los casos de genialidad emergente, la prensa se interesó por saber de dónde salía alguien con esa capacidad para formular versos como puñales y un sonido que hacía equilibrios entre lo desagradable y lo armónico. Preguntaron, cuestionaron e investigaron en exceso. PJ Harvey sufrió una crisis nerviosa y decidió entonces ser precavida, no hablar de más. No contarse a sí misma en exceso. Su timidez se convirtió en hermetismo.

Las ofertas internacionales no tardaron en hacerse ver. Los sellos discográficos más grandes del planeta querían repartirse el festín de la joven Harvey. Ella, que todavía dudaba de sí misma y solamente había entregado todo lo que tenía por temor a no volver a publicar nunca un disco, dudaba si dar un paso mayor por si eso era el sacrificio de su libertad. Asegurando ser su única jefa y directora, se alió con una de estas multinacionales y se marchó a Estados Unidos a trabajar con su banda en el segundo álbum. En Minnesota agudizó sus letras y dejó que las emociones se desbocaran. La crudeza y la ira tomaron el espacio, desplazando cualquier otro sentimiento. PJ Harvey todavía sufría las dudas sobre su propio ser, sus orígenes y sus experiencias. Decidió que podría ser una mujer y aceptar sus procesos, aunque no pasaría por ser lo que esperasen de ella.

El disco Rid of Me fue celebrado a nivel mundial, un grito joven en un siglo al límite que estaba cerca de su final. Se anticipó al grunge y el enfado social, entendió la desintegración total del punk y, simultáneamente, la poesía habitaba en cada verso. A sus ojos, lo que hizo fue tan orgánico como la dieta exclusivamente a base de patatas que llevó durante la grabación. Tras una larga gira, el trío de PJ Harvey fue contratado como telonero de U2 en Estados Unidos. Las crónicas hacían ver algo que la propia Polly sabía. "Hay un abismo entre la vocalista y la banda", se lee en textos de la Rolling Stone. En 1993, Harvey disuelve el grupo y se emancipa. "Me entristece. No habría llegado hasta aquí sin ellos. Los necesitaba en aquel entonces. Pero ya no los necesito", confesó.

En este contexto, Harvey desapareció. Decidió tomarse unos meses para sí misma. Su obra comenzaba a ser excesivamente comparada con la de Patti Smith y Marianne Faithfull, Kurt Cobain había nombrado Dry como uno de sus discos favoritos y su manager ahora era el mismo que el de Bono. Decidió volver al lugar en el que su padre seguía abriendo vetas de roca para encontrar mineral válido con el mismo martillo de siempre. Se compró una casa en Yeovil y durante meses no hizo nada salvo centrarse en sí misma. Versioneó junto a Björk una canción de los Rolling Stones en los premios Brit y volvió a su mina privada. Para su nueva aventura, Harvey rescató a Parish de su pasado, fichó a un miembro de los Bad Seeds que acompañaban a Nick Cave y contrató a un percusionista francés. Aparentemente, la ira se había desvanecido en gran parte para dar lugar a la nostalgia y la tristeza. El grunge cedió al blues, las guitarras sucias a los órganos y sinterizadores y el rock de Polly contrastaba entonces con la imagen que ahora quería dar, vestida con vestidos de fiesta y una estética burlona que exageraba lo femenino.

El tercer disco de la británica, To Bring You My Love, se convirtió en un éxito mundial que vendió más de un millón de copias en todo el planeta y le granjeó nominaciones a los Grammy y al Mercury Prize, el galardón británico más prestigioso. Su vida, además, vivía un momento de pasión envidiable. Había comenzado una relación con Nick Cave y la pareja fue la más icónica del mundo independiente. No se paseaban de la mano por alfombras rojas ni acudían a actos deliberadamente para proyectar una imagen artística conjunta, su amor era privado y peligroso. Él era 12 años mayor, estaba cimentado como un talento fundamental de fin de siglo y ejercía un magnetismo sobre quien osase mirar su rostro esculpido ahuecado en una melena icónica, de obligado cumplimiento para cualquier hombre del rock indie.

El tándem creativo no se limitaba a retroalimentar las pasiones y neurosis, también las malas costumbres insalubres. Las drogas estuvieron presentes, pero a nadie parecía molestarle. La insignia que representaban era mucho más importante para ellos mismos, la industria y sus fans, que presumían de idolatrar a los dos genios que regían la vanguardia británica. Sin embargo, un día sin fecha en el calendario, PJ Harvey llamó al teléfono de la casa de Nick Cave en Notting Hill. El sol entraba por la ventana y el cantante estaba tumbado en el suelo, pensando en la novia preciosa, joven y talentosa que tenía. Descolgó y escuchó su voz. "Rompo contigo", dijo Harvey. Cave preguntó el motivo y solo halló una respuesta: "Sencillamente se ha acabado"·. La leyenda narraba los hechos del modo contrario hasta que Nick aclaró lo ocurrido 25 años después: "La sorpresa fue tal que casi se me cae la jeringuilla del brazo".

Tras un cuarto disco que sembró dudas sobre su futuro, PJ Harvey se refugió en Nueva York y abrazó la electrónica que un lugar tan vivo supuraba en cada club. Las leyendas a las que era vinculada se mostraban seguidoras de su trabajo y solo entonces la británica reconoció a Patti Smith y Marianne Faithfull como inspiraciones, llegando a colaborar con esta última cuando ella misma solicitó sus servicios como guitarrista.

En octubre del año 2000, Harvey publica Stories from the city. Stories from the sea, su disco más accesible y a la vez el más laureado. En sus melodías incorpora la ligereza de la música pop y letras de amor que dejan ver el universo de amor que escondía tras la mugre y el enfado. Las ventas del disco se cuentan en millones y los premios se sucedían incansablemente. Thom Yorke de Radiohead colaboró en tres temas y Polly pasó a ser su anverso femenino para la prensa. La rockera que lo hacía todo a su manera, pero lo hacía excelente.

En 2001, recogió el Mercury Prize por este disco el mismo día que los atentados del 11S y fue nombrada la mujer más importante para la música rock en el nuevo milenio. Sin embargo, la excesiva atención la llevó de nuevo a la reclusión y los comentarios de varios amigos sobre su vida privada forzaron el aislamiento. Dejó de confiar en su banda y se propuso aprender a tocar los instrumentos que necesitaría, a excepción de la batería.

De estos esfuerzos surgió su cuarto disco, que no obtuvo ninguna repercusión, salvo en ventas y en captar la atención de Morrissey. En las pocas entrevistas de ese momento, negó ser feminista y que no ayudaría a nadie en la música por ser mujer, sino que tendía la mano a toda aquella persona que la solicitase. También negó que figuras previas le abriesen el camino, y dijo que no sentía peso alguno por ser referente, ya que eso no era su culpa. Con el lanzamiento de Let England shake en 2011, PJ Harvey cambió el cuerpo de su trabajo y pasó a hablar de la sociedad, de los problemas comunes y la historia que vertebra las vidas de todos. En un giro inesperado, la británica cambió su personalidad como si hubiera sido iluminada y su legado se revitalizó. Este disco fue galardonado con el Mercury Prize, siendo la única persona en repetir el reconocimiento.

Tras esto, viajó por Kosovo, Afganistán y Washington D.C. para recopilar testimonios de vida sobre la guerra, la pobreza y vivencias extremas. Escribió poemas sobre ello y lo musicó para su más reciente álbum, The Hope Six Demolition Project, que fue grabado en un estudio abierto al público en el que Polly grababa siendo vista por cristales opacos.

Pese a las décadas y los cambios de perspectiva, Polly Jean Harvey sigue siendo una artista encerrada entre una persona y un personaje que no terminan de diferenciarse. Hay pocas diferencias entre recoger fetos ovinos e historias bélicas de muertes infantiles, al menos en el significado, y con toda la muerte real y simbólica e ira que ha acumulado será obligatorio esperar por su epitafio grabado. La tumba, por supuesto, será de piedra de la cantera de su padre.

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