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Padres de hoy

Por fin he acabado El periodista deportivo. No me ha gustado mucho, pero ha valido la pena. Y dice Ford: “Mis padres simplemente me querían y yo les quería a ellos. No sentían la necesidad de hablar de lo demás. Ese fue su mejor regalo y su mejor lección”. Y añade que él espera saber evitarles, a sus hijos, la indignidad de una explicación interminable.

Estoy convencido de que los padres de hoy en día estamos equivocándonos en algo importante. Que hay algo básico que estamos haciendo mal. Y que podría resumirse en que nuestra paternidad está dominada por la ansiedad.

Me miro a mí y miro alrededor y veo demasiadas preocupaciones, angustias y temores. Y sobre todo en padres de los que, por sensatos, reflexivos y abiertos, esperaba lo contrario. Veo una obsesión por ejercer una paternidad ejemplar que acaba produciendo conductas monstruosas… y algún monstruo. La descabellada pretensión de ser a la vez cuidadores infalibles, grandes educadores y los mejores amigos de nuestros hijos nos provoca inseguridad y sentimientos de culpa. Nos mostramos ante los niños, no ya humanos, comprensivos y accesibles –que está muy bien-, sino indecisos y frágiles. Y los agobiamos con explicaciones interminables que les sobran. Hasta acabar dudando de nuestra capacidad, de los resultados e incluso de si nos quieren. Estoy convencido de que es algo que a mis padres no les sucedía, y menos aún a mis abuelos.

¿De dónde nace esto? No los queremos más. Y tratar de quererlos mejor no tendría que llevarnos por un camino plagado de miedos y titubeos. 

¿Tendrá que ver con el lugar en el que los hemos colocado? ¿Y por qué es así? ¿Por qué los hemos convertido en las figuras estelares de la casa, en los protagonistas absolutos del día a día familiar? Hacer de nuestros hijos nuestra razón de ser, hacer que pasen, de ser lo más importante de nuestras vidas, a ocupar el centro alrededor del cual éstas giran, no puede salir bien. De hecho, no está saliendo bien. Tal vez, lo que sucede es lo contrario de lo que parece: que la paternidad se ha convertido en algo nuestro y no suyo, que es una de esas cosas que hacemos para sentirnos realizados, y que responde a una necesidad del adulto. Que esa ansiedad por ser buen padre tiene más que ver conmigo que con ellos.

 “Lo mejor que puedes hacer por los demás es ser feliz”, escribió en el siglo XIII un poeta persa, o eso creo. Y es un consejo maravilloso. También para los padres. Porque es peligroso ver la paternidad como algo que nos debe hacer felices. Aunque nos haga. A la paternidad hay que venir feliz de casa.

Padres de hoy
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