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El 40 aniversario más aciago de la CEG

Sede de la CEG en Santiago. Pepe Ferrín (AGN)
Sede de la CEG en Santiago. Pepe Ferrín (AGN)
Fundada en 1981, la patronal gallega afronta una crisis sin precedentes tras la renuncia del efímero José Manuel Díaz Barreiros. En una entrevista concedida a AGN el día anterior a su dimisión, el ourensano pedía que no le pusieran "piedras en el camino"

"Esto no trata solo de la labor de un presidente, tiene que ser una tarea de todos los empresarios y de que estos tengan interés en que la CEG funcione. Asumo la presidencia con unos apoyos que hoy tengo y que intentaré mantener, pero no tengo más equipo que esos apoyos". Este era el análisis realista que José Manuel Díaz Barreiros hacía el día 25 de noviembre, apenas 24 horas tras ser elegido como el noveno presidente de la Confederación de Empresarios de Galicia (CEG). Así se pronunciaba en una entrevista concedida a AGN para analizar los desafíos de su mandato, una publicación que no ha llegado a ver la luz debido a su sorpresiva dimisión a las 48 horas de su nombramiento por aclamación en un proceso electoral rodeado de controversia.

Ni siquiera el bagaje que suponían los siete años en los que formó parte de los órganos de gobierno de la CEG en representación de la patronal ourensana (CEO) y su conocimiento de la que él mismo definió como "guerra interna" —y que circunscribió a la presión de las organizaciones sectoriales por lograr una mayor representatividad frente a las provinciales— le sirvieron de escudo para resistir a unos días en los que incluso vio expuesta la contabilidad de sus empresas en los medios.

"Aquí hay alguien que tiene un interés en hacerle daño a la CEG y lo que hizo José Manuel es dar un golpe en la mesa, pues no se puede hacer rehén a la organización", apuntaba el día 26 una fuente próxima a la institución, que defendió que, "de los últimos cuatro presidentes, Díaz Barreiros es el que más apoyo ha tenido".

Aunque la votación presencial no llegó a celebrarse, el ourensano había atado el respaldo de los 30 vocales de la CEO, los 32 de la patronal lucense (CEL) y los 40 de la coruñesa (CEC). A estos 102 votos se sumarían otros 21 emitidos en el proceso telemático que se desarrolló entre el viernes 20 de noviembre y el día 23, en el que participaron miembros de las sectoriales y algún vocal de la organización pontevedresa (CEP). Pero el acuerdo de última hora instado por los presidentes de las provinciales y sellado entre Díaz y su rival Pedro Rey para que este último se retirase y el ourensano fuese designado presidente por aclamación sin culminar la votación prendió la mecha de la discordia.

Al "temor" a que se impugnase "un proceso de votación viciado" apuntaron como causa de la renuncia el secretario general de la patronal del metal Asime, Enrique Mallón; el presidente de la Asociación Empresarial Galega de Centros Especiais de Emprego, José Antonio Vázquez Freire, y el que fuera líder de la CEG y representante de la Federación Autonómica de Centros de Ensino Privado, Antonio Dieter Moure. Al mismo tiempo, estos alegaron no haber puesto "en ningún momento en cuestión la elección o nombramiento" de Díaz Barreiros y cargaron de forma velada contra el patrón coruñés y durante 12 años primer espada de la CEG, Antonio Fontenla, al que retaron a apartarse, atribuyéndole prácticas propias de "regímenes dictatoriales".

En cinco años, la división territorial, las rencillas y la lucha entre provinciales y sectoriales han fagocitado a cuatro presidentes

Estos solicitaron a la CEG el recuento de los 54 votos emitidos online, un paso que también dio el presidente de la CEP, Jorge Cebreiros, pese a apoyar la elección por aclamación de Díaz en Santiago. El patrón de Pontevedra demandó conocer el resultado para poder informar a los órganos colegiados de la confederación, después de que ocho vocales de la provincial que votaron online trasladasen su descontento a Cebreiros por no haberles consultado si debía respaldar suspender la votación para aclamar al ourensano presidente.

PRESIDENTES FAGOCITADOS. Sean cuales sean las razones del ya exlíder de la CEG, su breve mandato, el más efímero que se recuerda en una institución que en 2021 cumplirá los 40 años, ha vuelto a sacar a relucir las miserias de una patronal lastrada por las luchas territoriales, los egos y los personalismos. En los últimos cinco años, la organización ha quemado a cuatro presidentes que, uno tras otro, han dimitido al ser incapaces de gobernar la que debía ser la casa común del empresariado gallego.

Tras los tres mandatos consecutivos del constructor coruñés Antonio Fontenla, el que más duró en el cargo fue el abogado vigués José Manuel Fernández Alvariño, que cayó tras dos años al ver cuestionada su gestión por supuestas autocontrataciones con empresas de su holding, sufrir el bloqueo de la aprobación de las cuentas y al perder los apoyos de las patronales de Lugo, Pontevedra y Ourense, que lo habían aupado a la presidencia.

Ante una casa tan mal avenida, no es de extrañar que desde la dimisión de Antón Arias en enero de 2018 se sucediesen dos convocatorias electorales que quedaron desiertas y que no cuajase el pretendido interés de provinciales y sectoriales por promover a un candidato de consenso para salvar las elecciones de esta semana.

"CEG PARA LOBOS". Mientras se reaviva el fantasma de la posible baja de alguna sectorial, la institución se aleja cada vez más de los intereses del empresariado. "Sabemos que hay problemas internos, pero hay una pandemia muy importante ahí fuera que hay que combatir y que es el enemigo común", afirmaba tras su elección, en declaraciones a AGN, Díaz Barreiros, partidario de centrarse ya en el diálogo social, la negociación colectiva, los fondos de recuperación europeos y en problemas como la grave crisis de la hostelería.

"Lo que no se puede hacer es poner piedras en el camino, porque no solo afecta a la figura del presidente, sino que, al final, vas contra una institución", zanjaba quizá previendo ya que el suyo sería un mandato efímero en una CEG que "es para lobos", como reconocen algunos de sus miembros.

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