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Poco enchufe para tanto coche

Imagen del enchufe de carga de un Nissan. J. VÁZQUEZ
Imagen del enchufe de carga de un Nissan. J. VÁZQUEZ

CONFUSIÓN. Los anuncios del Gobierno que sitúan en el año 2050 el fin de los motores de combustión dejan entrever un parque automovilístico mayoritariamente electrificado, cuya sostenibilidad genera numerosas dudas

REDUCIR LAS emisiones del transporte privado, sobre todo en el ámbito de las grandes ciudades, es el gran reto de los gobiernos europeos y una de las líneas de trabajo en la que más incide el actual Ejecutivo de Pedro Sánchez, cuyos anuncios sin embargo solo han logrado generar preocupación en el sector del automóvil y una gran confusión entre la ciudadanía. El motivo es que en el proyecto de Ley de Cambio Climático y Transición Energética —que sitúa el fin de los motores de combustión en el horizonte de 2050— solo parece haber hueco para los coches eléctricos puros, es decir, aquellos que dependen de la red eléctrica para poder nutrirse de energía. En todo caso, la más que probable popularización de estos modelos genera importantes dudas sobre la sostenibilidad del sistema.

Para Susana Bañares, jefa del departamento de gestión de la demanda y redes inteligentes de Red Eléctrica de España, el reto ante un parque automovilístico mayoritariamente electrificado no está tanto en satisfacer la mayor demanda de energía, sino en "solucionar el problema que supondría la coincidencia de las recargas".

Javier Arboleda, gerente de servicios de Hyundai España, señala por su parte que el verdadero problema al que se enfrentará un parque mayoritario de coches eléctricos será, sin embargo, el de la creación de una verdadera infraestructura de puntos de recarga. "El reto no es crear electrolineras o puntos de recarga rápida que pueden suponer una solución para una necesidad puntual del usuario, sino que sería necesario crear una verdadera red de puntos de carga lenta".

Sobre un parque automovilístico como el español que ronda los 30 millones de vehículos, los 25.000 coches eléctricos que en la actualidad circulan por las carreteras del país apenas dejan entrever ninguno de estos problemas, pero ¿qué ocurrirá cuando se popularice su uso y superen en número a los modelos de combustión? Estas son algunas de las incógnitas que se plantean.

1. ¿Habrá suficiente energía para tanta demanda?

Para Susana Bañares, la producción energética española es suficiente para abastecer un parque automovilístico totalmente eléctrico. Según sus cálculos, la circulación de un millón de vehículos de este tipo en España supondría un incremento de la demanda de un 1,2%, mientras que un parque totalmente electrificado representaría un 25% más. "El problema no es cuántos coches se enchufan, sino cuándo se enchufan y si lo hacen todos a la vez", explica Bañares. Afirma, en este sentido, que la energía eléctrica no se puede almacenar, "por lo que se trabaja en tiempo real. Así, si en un momento dado hay un pico alto de demanda es necesario producir esa energía en ese mismo instante. Sin embargo, la ventaja del coche eléctrico es que permite programar la recarga y hacerlo sobre todo en esas horas valle en la que la demanda es menor». Bañares también considera que, con el tiempo, "la tecnología de los coches eléctricos también será un aliado para la gestión de la electricidad, al poder almacenar parte de la misma en los momentos en los que haya un sobrante".

2. ¿Se eliminarán totalmente las emisiones de CO2?

Aunque durante su periodo de uso el coche eléctrico no expulsa ningún tipo de gas por su tubo de escape, lo cierto es que estos vehículos no están libres de las emisiones de CO2. La producción d e estos modelos es a día de hoy menos eficiente que la de un coche de combustión, sobre todo por lo que supone el proceso de fabricación de las baterías. Otra variable que hay que tener en cuenta es la procedencia de la electricidad que los impulsa. En el caso particular de España, el 33,7% de la energía eléctrica que consumió el país en 2017 procedía de fuentes renovables, como el viento, el sol o el agua. Este escenario hace que este país sea un lugar favorable para la implantación del coche eléctrico, pero esto no sucede en otras naciones, en las que la producción energética procede básicamente de la quema de combustibles fósiles como el carbón. Otra paradoja más cercana es el caso francés, en donde el 80% de los terminales de recarga de vehículos eléctricos ofrecen energía que se produce en centrales nucleares, con lo que ello supone.

3. El reto de crear una red de carga lenta

Contar con una infraestructura de recarga lo suficientemente amplia como para satisfacer la demanda de la totalidad del parque es el otro reto al que se enfrenta el coche eléctrico. La Ley de Cambio Climático y Transición Energética promovida por el Gobierno socialista aborda esta problemática obligando a las gasolineras a instalar postes de recarga con el riesgo de enfrentarse a multas millonarias si no lo hacen. Sin embargo, la solución no podrá llegar por esa vía, ya que, según explica Javier Arboleda, las cargas rápidas "son solo una solución puntual para momentos en los que un usuario se queda sin batería y debe continuar viaje, pero un uso continuado tendría un efecto nocivo para la batería del vehículo, por lo que lo importante es una red de cargadores lentos". El problema es que en las ciudades españolas hay una notable desproporción entre el número de plazas de garaje y el de automóviles, lo que según Arboleda, "obliga a que el 70% del parque duerma en la calle". Esta particularidad hace muy difícil que se pueda llegar a instalar en las calles los enchufes suficientes para satisfacer toda la demanda de carga.

4. El problema de la extracción del cobalto

Si se cumplen las previsiones actuales, el 25% de los automóviles que circulen por Europa en el año 2030 serán eléctricos puros. Pero a medida que se incremente este parque, más necesario será aumentar la producción de baterías y con ella subirá la demanda de materia prima, sobre todo, de minerales como el litio y el cobalto. Precisamente, es este último el que genera una mayor preocupación, no solo por tratarse de un material escaso, sino también porque más del 60% de su extracción se concentra en la República Democrática del Congo, a través de pequeñas explotaciones de carácter artesanal. Además, un informe de Amnistía Internacional en 2016 convulsionó la opinión pública sacando a la luz las malas condiciones de los trabajadores y la utilización de mano de obra infantil. Otro problema del cobalto es el precio, que se estima que de aquí al año 2030 pueda subir en torno al 200%, cuando en la actualidad se paga en torno a los 65.000 euros la tonelada métrica.

5. ¿Existen soluciones para reciclar las baterías?

El vehículo eléctrico no solo debe ser limpio durante su ciclo de vida útil, sino también cuando esta llega a su fin. Si en la actualidad la práctica totalidad de los componentes de un coche de combustión son reciclables, en el caso de los eléctricos el reto es qué hacer con las toneladas de residuos de baterías de litio, ricos en materiales pesados y otros componentes tóxicos. Para Javier Arboleda, a medida que aumente la demanda de baterías habrá más empresas que se dediquen al reciclaje del litio, "que se volverá a recuperar". Otra posibilidad, es que cuando la densidad energética de las baterías vaya cayendo "estas se puedan reutilizar para, por ejemplo, almacenar energía para un hospital o cualquier otro tipo de instalación".

6. ¿Superará el eléctrico sus actuales problemas técnicos?

El coche eléctrico plantea ciertas limitaciones técnicas que, sin duda, supondrán un cambio en los hábitos de movilidad de la sociedad. Uno de los problemas más evidentes es su limitada autonomía. Aunque es cierto que en este aspecto la evolución de los últimos años ha sido más que destacable, pasando de los menos de 100 kilómetros de autonomía de los primeros modelos a los algo más de 400 de los actuales, el problema son los tiempos de recarga, más altos cuanto mayor es la capacidad de almacenaje. De hecho una carga completa en ciclo lento —el recomendable— de una batería de última generación es de unas 13 horas. Un problema que técnicamente resulta difícil de solucionar

Movilidad: Hacia el coche compartido
El director de movilidad sostenible de Seat España, Antonio Calvo, considera que la implantación del coche eléctrico traerá importantes cambios en los hábitos actuales de uso del automóvil. Para este experto, los tres pilares sobre los que se sustentará la movilidad del futuro son "el coche autónomo, el coche conectado y el coche sostenible".

"No hay duda de que la vía tecnológica del automóvil va hacia la electrificación, pero también es cierto que el usuario tendrá alternativas al coche eléctrico puro, en función de sus necesidades particulares de uso", explica Calvo. Para él, el coche eléctrico tendrá su razón de ser en el ámbito de las grandes ciudades "e impulsará el concepto de coche compartido, que permitirá recoger un coche con las baterías cargadas en un punto determinado y dejarlo en otro".
Ejemplo noruego
Pero en un escenario de ciudades más limpias y libres de humos, Calvo pone el ejemplo de Noruega como necesidad de cambiar los actuales hábitos de movilidad en el ámbito urbano. "El país nórdico es el primer país del mundo en el que la mitad del parque automovilístico es híbrido o eléctrico. Sin embargo, esa mayor sostenibilidad ambiental no ha logrado solucionar el otro gran problema del país, que es el colapso que sufre el tráfico en las grandes ciudades".

Para este directivo de Seat, "el coche compartido y autónomo nos traerán nuevas soluciones. De lo contrario, los centros de las ciudades seguirán siendo cada vez más restrictivos".

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