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NEUMÓLOGO DEL COMPLEXO HOSPITALARIO UNIVERSITARIO DE OURENSE

Armando González: "Hubo una sobrecarga emocional importantísima en los sanitarios"

Armando González. EP
Armando González. EP
Este especialista ha vivido la epidemia desde los dos lados de la barrera: fue el tercer infectado en Ourense y, superada la enfermedad, pudo regresar a la consulta. Volvió con conclusiones claras, como la necesidad de respetar el virus o de tener autonomía de recursos para combatirlo.

Mucho ha cambiado el asunto desde que usted se infectó en marzo.
Día a día se está aprendiendo mucho del coronavirus. Ante una enfermedad tan reciente, de la que no se conocía nada, se pusieron en marcha investigadores de todo el mundo, de forma que cada día salen cantidad de publicaciones al respecto, cada uno en su especialidad. De hecho, los tratamientos que se utilizan ahora no son iguales a cuando a mí me trataron. Esa puede ser incluso una razón de refuerzo para que la gente procure no infectarse. Cuanto más tarde estén enfermos, más conocimientos existirán sobre el virus.

Ahora se sabe que no es una afección estrictamente pulmonar.
Los virus se introducen en una célula, utilizan su maquinaria para reproducirse y así incrementan el número y facilitan el contagio. Pueden afectar a los pulmones, al aparato digestivo, al cerebro... El coronavirus afecta a las vías respiratorias superiores y al pulmón, pero puede afectar a células de todo el cuerpo. Según eso, provoca sintomatología. Al 20% que necesita ingresar le provoca una neumonía bilateral, pero no al uso: daña al pulmón afectando también a la parte vascular, con pequeños trombos que obstruyen esos vasos y dejan a esa parte del pulmón sin riego, provocando lesiones con secuelas importantes. No son fibrosis como las que estamos habituados. Por eso, al principio no se usaban tratamientos anticoagulantes y hoy sí se dan para evitar esos microtrombos. Tampoco se daban antiinflamatorios, que parecían que podían ser perjudiciales por información de China, y aquí se vio que mejoran la evolución del virus. Pero el coronavirus entra por cualquier mucosa y puede afectar a los ojos, la nariz... Hoy se investiga su relación con gran cantidad de cosas, como trastornos de ansiedad y depresivos muy importantes. Hay artículos sobre su relación con el suicidio.

Tenemos que tener fábricas de vacunas, mascarillas... de todo lo que puede ser determinante en un momento concreto

¿Ser especialista en la materia le ayudó a mantener la calma ante la infección o todo lo contrario?
Es como en cualquier enfermedad; un médico sabe qué repercusión puede tener. A pesar de todo, se dice que los médicos somos los peores pacientes. Somos conocedores de los riesgos pero, al trabajar con ellos, se les quita el miedo. No puedo decir que pasar la enfermedad me haya servido para ser mejor médico, pero la perspectiva del riesgo la puedo tener más presente. En la epidemia de gripe de 1918 el segundo brote fue el que mató a más personas porque la gente le había perdido el miedo. Yo me contagié en el transporte público en Madrid pese a cumplir las medidas. Y de la misma forma se puede contagiar cualquiera que no actúe como debe. En Galicia el número de infectados es muy bajo, con lo que la probabilidad de contagio es también muy baja. Pero, en países donde se había hecho todo muy bien, vemos que basta con un infectado que no sepa que lo está para que, en contacto con otra gente sin distancia ni mascarilla, de no estar contagiado nadie se pase a que esté infectado un grupo de 25 o 50 personas.

¿Se puede evitar un rebrote?
Estamos preparados para que, cuando se diagnostique el primer caso, se siga, confine y observe a todos los contactos. Así, disminuye la posibilidad de que se extienda otra vez. El virus se contuvo muy bien en esta primera fase, con un gran sacrificio de todos y con el sacrificio económico que está por llegar. Tratar de evitar que vuelva a ocurrir depende de que cada uno cumplamos las medidas y de poder hacer un seguimiento activo.

¿Qué tal la conciencia ciudadana?
Hay personas que tienen medidas extremas, sobre todo gente mayor que tiene pánico a salir de casa y ni siquiera quiere ir al hospital. Pero es el momento de que, con las medidas adecuadas, puedan salir, porque es beneficioso que te dé el sol, caminar, el contacto social... No debe haber una distancia social, sino una distancia personal: es muy bueno que la gente se relacione por la salud psíquica y emocional. Luego hay un grupo que hace las cosas como se debe y, después, uno muy reducido pero de mucho riesgo que no se pone las mascarillas y tiene contactos directos. Y si hay una sola persona enferma asintomática puede contagiar a otros. Diseminar de nuevo el virus no tiene vuelta atrás y nos saldría carísimo a todos.

Acerca de la salud emocional, se habla de las secuelas psicológicas que arrastra el personal sanitario por la pandemia. ¿Qué tal están ahora los ánimos por el hospital?
Más que una sobrecarga de trabajo, hubo una sobrecarga emocional importantísima. Cuando haces tu trabajo de forma rutinaria la fatiga laboral es menor que si en cada movimiento estás concentrado en protegerte. Y a eso se le suma una fatiga social: el temor a contagiar en casa, que te miren con malos ojos por ser persona de riesgo... Es una tensión añadida que padecieron médicos, enfermeras, celadores, personal de limpieza... Ahora va disminuyendo un poco, pero ese exceso de celo se pagaba con cansancio e incluso ansiedad.

No debe haber una distancia social, sino personal: es muy bueno para la salud psíquica que la gente se relacion

Y aun así fueron muy golpeados. ¿Estuvieron bien protegidos?
Los sanitarios son conscientes del riesgo al estar en contacto con el virus. Conocen a su enemigo y cómo hacer para no contagiarse. Si hay Epis de Christian Dior, mejor, pero, si no, te proteges igual. ¿Que no hubo suficientes para entrar en una habitación diez veces? Pues al final se entraba las imprescindibles. Es una actuación eficiente con respecto a un material escaso. Y era escaso porque de pronto hubo gran cantidad de casos y la producción de Epis era menor de la que hacía falta. También hay que ponerse en el momento: se compraba material y el avión cambiaba de rumbo al haber un mejor postor. Cuando Inditex y otras empresas pusieron a disposición de la Xunta toda su estructura de transporte y distribución, permitió que Galicia estuviera mejor que otras comunidades, con un material por paciente muy superior.

¿Es una de esas lecciones que pueden sacarse de la epidemia?
Sí. Hay cosas que ya estamos utilizando, como las consultas telefónicas, un recurso buenísimo que evita desplazamientos no muy necesarios, mejorando la calidad de vida y la economía de la población. Pero otra cosa a aprender es que si los proveedores de productos esenciales están localizados en un mismo país, puede ocurrir que uno los necesite comprar y no los consiga. Tenemos que tener fábricas de vacunas, mascarillas... de todo lo que puede ser determinante, aunque pueda salir un poco más caro.

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