Los hórreos gallegos dejan de ser solo arquitectura: España reconoce su valor como patrimonio cultural inmaterial
En lo alto de un prado, junto a una casa de aldea o asomados al mar, los hórreos llevan siglos vigilando el paso del tiempo. Silenciosos, elevados sobre sus pies de piedra, han protegido cosechas y también historias. Ahora, por fin, España reconoce lo que siempre supieron quienes crecieron a su lado: que los hórreos son mucho más que construcciones rurales.
El Consejo de Ministros aprobó este martes un real decreto que los declara manifestación representativa del Patrimonio Cultural Inmaterial. Un paso que sitúa a estas emblemáticas estructuras del norte peninsular -presentes en Galicia, Asturias, León, Cantabria, Navarra y País Vasco- en el lugar que les corresponde: el de símbolos vivos de identidad colectiva.
La decisión, impulsada por el Ministerio de Cultura, reconoce el "papel esencial" de los hórreos como marcadores culturales y como "expresiones de identidad colectiva", vinculadas a prácticas sociales, saberes transmitidos y memorias compartidas. El propio departamento subraya que en torno a ellos se ha desarrollado "un capital inmaterial contemporáneo y complejo" que las comunidades han construido y reinterpretado con el paso del tiempo.
Según Turismo de Galicia existen alrededor de 30.000 hórreos, esta arquitectura popular forma parte inseparable del paisaje y de la identidad. No son piezas de museo, sino elementos cotidianos que han acompañado generaciones enteras, funcionando como lugares de memoria y puntos de referencia visual y emocional.
El Gobierno insiste en que el objetivo de este reconocimiento es ir más allá de la conservación material. Se trata, según el Ministerio de Cultura, de "garantizar la salvaguarda de esta dimensión inmaterial", incorporándola de forma explícita a los procesos de identificación, documentación, estudio y difusión. Todo ello con una meta clara: reforzar su reconocimiento y asegurar su transmisión intergeneracional.
Además, el Ejecutivo pone el acento en el valor social de estos elementos. Los hórreos configuran, en sus propias palabras, "un capital cultural" que contribuye a la cohesión social y al fortalecimiento de las identidades locales y regionales.
Desde un punto de vista práctico, los hórreos nacieron como soluciones ingeniosas para almacenar alimentos, elevados sobre pilotes o pies derechos para evitar la humedad y el acceso de roedores. Pero su valor, subraya el Gobierno, trasciende esa función: han sido y siguen siendo "lugares de memoria, hitos visuales y espacios cargados de significados asociados a prácticas, relatos y modos de vida tradicionales".
Riesgos y amenazas
Sin embargo, este patrimonio afronta riesgos como la pérdida de su función, la homogeneización, la desconexión generacional y la desaparición de su contexto cultural. Por ello, las medidas se centran tanto en su conservación material y en su valor simbólico y social.
Los hórreos que rompen el molde
Si crees que todos los hórreos son iguales, hay algunos que destacan especialmente. Es el caso del de Carnota, que ronda los 35 metros de largo y está declarado Monumento Histórico Nacional. En A Merca, en Ourense, se conserva el mayor conjunto de Galicia, con 34 hórreos.
En 2023, la Xunta y el ayuntamiento de Sober finalizaron la consolidación del hórreo romano de Proendos, que data del siglo I d.C., y es el primero conocido en el noroeste peninsular con muros en paralelo, destacando a Sober como "clave para la economía romana".