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El principal benefactor de los Miguelianos donó un millón de euros a la orden

Miguel Rosendo, a su llegada a la Audiencia de Pontevedra. SALVADOR SAS (EFE)
Miguel Rosendo, a su llegada a la Audiencia de Pontevedra. SALVADOR SAS (EFE)

Ignacio Oriol mantiene su "absoluta confianza" en Rosendo

Ignacio Oriol, el principal benefactor de la Orden y Mandato de San Miguel Arcángel, conocida como los Miguelianos, ha reconocido este viernes que entregó "importantes" cantidades de dinero, que ha cifrado en más de un millón de euros.

En la undécima sesión del juicio que se sigue en Pontevedra contra el fundador de esta supuesta secta, Miguel Rosendo de la Silva, Oriol ha explicado que este dinero se destinaba a "dar consistencia" al funcionamiento de la orden y constituirse como asociación de fieles.

Tras destacar que mantiene su "absoluta confianza" en Miguel Rosendo, el benefactor de los Miguelianos ha asegurado que "nunca" tuvo conocimiento de los abusos sexuales que denunciaron varias de las integrantes de esta congregación.

"No sospeché absolutamente nada de tema sexual, pero sí sospeché que aquí se estaba montando algo contra nosotros y no sé por qué", explicó ante el tribunal, ya que "meses antes" de que comenzaran las denuncias públicas de antiguos miembros se enteró de "rumores" sobre posibles irregularidades.

Según relató, un antiguo miembro de Orden y Mandato se reunió con él en Madrid y le dijo que "todo lo que contaban de Miguel era verdad", llegando incluso a intermediar con autoridades eclesiásticas y abogados, "pero me di cuenta que me habían engañado", ha dicho.

En su declaración explicó que de las relaciones sexuales tuvo "noticias por la prensa" y eso le "entristece" pues estuvo durante años aportando dinero "y nadie me decía absolutamente nada", hasta que comenzaron a publicarse informaciones "de que Rosendo tenía relaciones con no sé cuantos y que yo era satánico".

Ignacio Oriol, que ha asegurado que estuvo varias veces en la sede de la orden, situada en Santa María de Oia, ha reiterado que sus integrantes tenían "libertad de movimiento total" y negó que vivieran en una situación de sometimiento.

Además, ha mantenido que allí se vivía en un "entorno alegre" y que Miguel Rosendo tenía con las mujeres consagradas que actuaban como sus "bastones" una relación "preciosa", de "respeto y cercanía". 

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