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Julián Rodríguez, responsable del espacio Zona Franca, en los medios del Grupo El Progreso.

Vacunas contra la crisis

Todo indica que durará más la crisis que la pandemia: hacen falta recursos e imaginación
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Escuchar las advertencias de un virólogo y atender a la vez a las palabras de cualquier dirigente político debería estar contraindicado estos días. Unos adelantan la contundencia de la tercera ola de la pandemia, que sitúan con bastante sentido común a mediados de enero tras meses de evidencias empíricas a base de rebrotes. Otros, se enzarzan en el regate corto, sin levantar demasiado la mirada: que si unas Navidades solo en familia o con allegados, que si diez o seis a la mesa, que si niños sí o no...

La nueva normalidad era esto, pero nadie parecía dispuesto a asumirlo. A los empresarios y sindicatos les contaron que este año tendría seis meses y a los hosteleros, que la campaña de verano estaría perdida. Un súbito túnel de confinamientos con mucha luz al final. Pero lo cierto es que a las puertas de la llegada de la vacuna hay más expectativas de superar la pandemia en un período de tiempo razonablemente corto que optimismo por una pronta recuperación económica. En síntesis, durará más la crisis que el virus entre nosotros.

De dejar las cosas claras se ha encargado esta semana la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), un organismo al que no se puede acusar de nada y cuyas raíces se hunden precisamente en el Plan Marshall de reconstrucción europea tras la Segunda Guerra Mundial. Pues bien, según sus estimaciones, España tendrá que esperar como muy pronto a 2023 para recuperar el nivel de PIB anteriora la llegada del coronavirus. La OCDE prevé que, tras caer un 11,6%, la economía rebote un 5% y un 4% en 2021 y 2022, respectivamente, parámetros muy alejados de cualquier escenario barajado hasta ahora.

Una mujer, lucense de Bóveda, se encuentra entre el selecto grupo de ejecutivos que dirigen la OCDE. Ana José Varela está al frente de la dirección financiera del organismo desde 2017, lo que le permite observar desde una atalaya de excepción todo cuando rodea a la crisis del coronavirus. Por los análisis de Ana José Varela asoma cierto rigor quirúrgico. Y, sobre todo, un mensaje de mudanza ante políticas económicas que suenan convencionales apenas unos meses después de haber sido puestas en marcha. Por ejemplo, la financiación a las empresas más golpeadas por la pandemia, vía avales o préstamos blandos, lo que agravará su apalancamiento financiero, es decir, aumentará su pasivo. Varela pide más «imaginación» a los Gobiernos para buscar alternativas y atacar este y otros problemas. ¿Por qué un Gobierno propone a un empresario endeudarse más para ayudarle, cuando ese propio Estado puede financiarse a tipos bajísimos sin que la prima de riesgo salte por los aires, como en la anterior crisis? Eso sí sería ayudar. Y de forma directa. Nuevas ideas, en resumen, es lo que propone Varela, como en su momento lo fue el recurso a los ERTEs para salvar miles de empleos.

Hablando de tomar la delantera al Covid19, entre esas novedosas válvulas de salida también se encuentra una iniciativa a la que España, y también Galicia, se agarra como a un clavo ardiendo a sabiendas de que antes de dos años, como mucho, no se podrán ver sus primeros resultados. Son los fondos europeos de reconstrucción, una iniciativa que demuestra muchas cosas: compromiso europeo con los países más afectados por la pandemia, solidaridad por la mutualización de la política de endeudamiento conjunta de la UE y palanca de cambio a través del apoyo a nuevas inversiones para hacer de la recuperación una oportunidad para lograr economías más sostenibles.

Sin embargo, y más allá del alambicado proceso de aprobación de los fondos, su aplicación está ideada para levantar una nueva economía, pero no precisamente para taponar las vías de agua de un sector, por ejemplo, como el de los servicios, especialmente golpeado por la crisis del coronavirus. En el caso de Galicia, por ejemplo, se trata básicamente de grandes proyectos industriales, generadores de cientos de empleos, sin duda, pero cuyo grado de maduración no solo requiere inversión. También viabilidad. Siguiendo este parámetro, las propuestas gallegas tienen que demostrar algo además de la innovación que implica su desarrollo: que sean viables sin la necesidad de subvenciones. Luego llegará el dinero.

¿Conclusión? Hacen falta otras vacunas contra la crisis que nos deja el Covid-19. Porque todavía no las tenemos. Y urgen.


Reyes Maroto. Dos años sin el prometido estatuto electrointensivo

MÁS de dos años sin Presupuestos Generales del Estado y otros tantos sin estatuto para la industria electrointensiva, el marco regulatorio que salvaría a grandes consumidores de energía, como es el caso de Alcoa. En cuestión de días se cumplirá esa fecha, sin nada en el horizonte. Cierto que hubo un borrador, pero la última convocatoria electoral se encargó de que volviera al cajón. Y apenas nada más. Solo promesas. La voluntad de Reyes Maroto, ministra de Industria entonces y ahora, choca con la realidad. Por mucho que ahora el balón esté en otro tejado, con la crisis de Alcoa en los juzgados, la de poder contar con un nuevo estatuto era la gran responsabilidad de la ministra en todo este lío.


José Antonio Zan. La supuesta mala fe de Alcoa, clave en el juicio del Ere

LA misma sala de lo Social del TSXG que aceptó las medidas cautelares solicitadas por los trabajadores de Alcoa para no parar las cubas es la que esta semana ha abordado la legalidad del ERE presentado en San Cibrao. Por tanto, a los magistrados nada les pilla de nuevas en esto. Y si en su anterior fallo fueron contundentes, nada parece indicar que ahora no lo vuelvan a ser, sobre todo teniendo en cuenta que los argumentos de cada una de las partes para defender sus posiciones fueron los mismos. Claro que ahora lo que se juega es nada menos que la nulidad de un despido colectivo. José Antonio Zan, el presidente del comité, sabe que la clave está demostrar la mala fe de Alcoa en el período de consultas.

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