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lunes. 05.12.2022
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La fuerza de Valença do Minho

Los mesetarios suelen traducir el nombre al idioma de Ortega Smith como Valencia del Miño. Nada que ver. Lo de Valença viene de "Valiente", o sea que quien cree que se llama así porque la fundó alguien que le puso ese nombre en honor a Valencia, hierra atrozmente.

Lo más llamativo de Valença es su imponente fortaleza. 5 kilómetros de perímetro amurallado, construido en varias fases durante más de un siglo. Una construcción impresionante se vea desde abajo o desde dentro. La ciudad, que se encuentra cuesta abajo a pocos metros tiene unos 83.500 habitantes. Es un pueblo alargado y construido a ambos lados de la carretera. Ahí es fácil encontrar buena comida y a un muy buen precio, como en todo Portugal.

Como Valença vive de los turistas que visitan la fortaleza, yo recomendaría eludir fines de semana o verano, salvo que sea usted amante del bullicio, que tampoco tiene eso nada de malo. Si es éste el caso, le encantará la fortaleza. Es una curiosa mezcla de mercado diario y monumento secular. Un modelo cuestionable, a mi entender, pero eso funiona así desde que la estructura dejó de tener funciones defensivas. Se construyeron en su interior algunas casas que con el tiempo fueron convirtiéndose en tiendas para turistas y así hasta hoy. Pero en fin, si elige usted un día de mucha concurrencia, será un fin de etapa diferente a cualquier otro. Claro que el Camiño está lleno de sorpresas y nunca sabe uno dónde encontrará un lugar o un momento mágico, pero aquí está garantizado.

Y ojo, que dentro de las murallas no todo son tiendas, solamente una parte no demasiado grande. Sobran jardines para pasear y admirar las puertas de la muralla, los fosos, los baluartes, todo el entramado defensivo en el que se emplearon recursos humanos y económicos inagotables. Si hasta trajeron a un arquitecto francés. No repararon en gastos, igual que el señor que montó Jurassic Park.

Vale la pena terminar la etapa en Valença antes de pasar a Tui. Perderse la fortaleza es un pecado mortal para cualquiera que viva su peregrinaje por el Camiño portugués, Los portugueses sienten un gran aprecio por su historia, de ahí que la estructura esté en perfectas condiciones. Seguirá en pie dentro de miles de años, ya lo verá. También vale la pena su zona antigua, en la que se pueden admirar unos cuantos monumentos, como la iglesia de Santo Estêbão, unha preciosidad románica. No hace falta un plano: es una zona pequeña, una maravilla y se recorre en un par de horas si uno se empeña en ver cada piedra.

La fortaleza nos da una idea de la importancia estratégica que tuvo Valença en otros tiempos. Su primer nombre fue Contrasta, que hacía referencia a su localización, justo frente a Tui. Durante siglos una y otra ciudad cambiaban de manos con cierta frecuencia, pues los reyes de Castilla y los de Portugal siempre andaban peleados. Luego firmaban un acuerdo de paz que incluía casar a un príncipe de cualquiera de ambos reinos con una princesa del otro, acuerdos que no duraban demasiado y volvían a las andadas. Así como Tui ya existía como ciudad durante la dominación romana, Valença fue construida por los portugueses para tener una plaza fortificada en las barbas de la Corona castellana. Por eso recomiendo detenerse un poco en cada una de las ciudades, porque sólo con ver la fortaleza de Valença y la catedral fortificada de Tui se entiende de golpe la historia de enfrentamiento bélico entre las dos ciudades a lo largo de los siglos.

Para pasar de una a otra ciudad hay dos opciones: una, cruzando el puente de hierro y otra más romántica salvando el Miño en barca, como los peregrinos de antaño. No es fácil decisión, lo sé. El puente es una maravilla y lo de la barca puede ser una gran idea. Las barcas, obviamente, están del lado portugués, pues los peregrinos no viajan en sentido contrario. Van de allá hacia Compostela.

También sobrecoge imaginar las terribles batallas que se libraron ahí y en Tui, aunque siempre nos queda el consuelo de ver a ambas ciudades convertidas en centros turísticos y de peregrinaje, dos funciones mucho más amables que la que tuvieron en origen, que básicamente era matarse entre unos y otros a la menor oportunidad para plantar en una ciudad la bandera de la otra.

Valença tiene albergue. Tanto allí como en toda la ciudad tratan muy bien a los gallegos, bien porque somos sus principales clientes, bien porque a fin de cuentas somos un mismo pueblo y aunque nuestros reyes se hayan llevado fatal nunca los peregrinos portugueses dejaron de venir, así que en justa correspondencia es bueno que les devolvamos la visita, que total son unos metros más.

La fuerza de Valença do Minho
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