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Lindo gatito

Henrique Mariño se sorprende de que Brigitte Bardot se plantase en el set de Novio a la vista para pedirle un papel a Luis García Berlanga y el director la rechazase

Brigitte Bardot. EP
Brigitte Bardot. EP

Lunes

Hace unos meses, apunté en una servilleta perdida y ahora encontrada: "Se han puesto de moda las lecturas, y cobran". Me imagino que quería decir que están en boga las lecturas de algo en voz alta por boca de su autor, subido a un escenario y ante un público, pero ahora me vienen a la cabeza las entrevistas. Es decir, alguien entrevista a alguien en un teatro —o en un cine: antes, nuestros teatros eran los cines; o sea, se hacían pasar por teatros porque en el pueblo no había otra cosa, si acaso un salón de actos en el instituto, en el supuesto de que hubiera instituto—. Y, por asistir a la entrevista, la gente también paga por ello.

Miércoles
Lídia Penelo entrevista a Colita en 2010, con el gancho del libro editado por La Fábrica para la colección Biblioteca de Fotógrafos Españoles, y le pregunta cómo era de joven. La retratista de la Gauche Divine —y de tantas otras cosas— responde: "Una petarda trabajadora, pero petarda al fin. Lo que pasa es que desde pequeñita he amado la fotografía. Conocí a Oriol Maspons, aprendí el oficio y empecé haciendo fotos románticas de mis amigas para sus chicos. Cuando era joven la cultura era algo sexi, era un medio para relacionarse, conocer, beber, follar... Y ahora, creo que los jóvenes piensan que la cultura es un rollo".

Viernes
Volviendo a lo de las entrevistas públicas, en 2010 presencié la conversación entre Manuel Vicent y Ángel Sánchez Harguindey en el Festival Eñe, que se sigue celebrando en el Círculo de Bellas Artes de Madrid. La entrada permite el acceso a mil movidas, incluidos un par de conciertos. Hace tiempo que no voy. La charla entre el escritor y el periodista fue una delicia.

Entonces escribí algo sobre una anécdota relatada por Vicent sobre Brigitte Bardot, quien se plantó en el set de Novio a la vista para pedirle un papel a Luis García Berlanga. Contaba Manolo —yo no sé por qué llamamos Manolo a gente que no conocemos: Manolo Vázquez Montalbán, Manolo Summers o, más cercano y vivo, Manolo Rivas, aunque a este sí podemos conocerlo; no hay huevos a decir Manolo Azaña— que la actriz francesa estaba de vacaciones con sus padres en la costa de Castellón, alojada precisamente en el establecimiento donde se estaba filmando la película. El hotel se llamaba Voramar y estaba ubicado en Benicàssim, si bien la acción del filme, rodado en 1953, se desarrolla en la ficticia Lindamar.

Según Vicent, antes de entrarle al cineasta, Bardot se había visto obligada a salir de la playa —embutida en un bikini rojo— escoltada por dos guardias civiles. Si el escándalo público non è vero, è ben trovato. El caso es que Berlanga, pese a la insistencia de la francesa, le negó el papel con un "quitadme a esa pesada de encima". La actriz tenía diecinueve años y uno antes se había casado con Roger Vadim, quien en 1956 la lanzó al estrellato con Y dios creó a la mujer. Los erotómanos —con el autor de Plácido a la cabeza, suponemos— todavía recuerdan, tanto en el cielo como en la tierra, su baile desenfrenado. Tiempo después, Berlanga explicó el motivo de su negativa: "La cámara iría detrás de ella".

Bette Davis amenazó al productor Samuel Bronston con abandonar la película si no la atiborraban de proteína de primera

Domingo
En realidad, yo quería hablar de otra anécdota, bastante más simpática, protagonizada por Bette Davis y también relatada por Vicent aquella noche. Hay vídeos que la documentan, aunque él la incluye en el libro Nadie muere la víspera (Alfaguara). Al grano, que estamos en Dènia. John Farrow rueda en 1958 El capitán Jones en el Mediterráneo y el paisano encargado de dar de comer a todo el equipo las pasa canutas para encontrar suministros. Ella quería "carne buena, buena", contaba Vicent en el Círculo de Bellas Artes, pero las carnicerías no daban abasto. Entonces, Davis amenazó al productor Samuel Bronston con abandonar la película si no la atiborraban de proteína de primera y el pobre hombre no tuvo mejor idea que cazar unos cuantos mininos por los alrededores.

"Como la carne de gato macerada presenta un color rojo demasiado impúdico, la aderezó con una salsa de tomate para enmascararla y al día siguiente ofreció este plato a la diva con todos los honores. Esperó el veredicto con el ánimo suspendido. Después del primer bocado Bette Davis lanzó un grito de entusiasmo. Más, quería más. Era una carne magnífica", escribe Vicent, quien fue testigo de sus paseos por el puerto, vestida de Catalina la Grande, mientras engullía un bocadillo de ya saben qué. "Un dato para cinéfilos", escribe con sorna el escritor castellonense. "En 1958, Bette Davis se comió en Denia ella sola lo menos veinte gatos, sin la menor sospecha, y a eso se debió tal vez que después se pasara la vida arañando".

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