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El hielo detiene una etapa dinamitada por Egan Bernal, nuevo líder del Tour

Egan Bernal, nuevo líder del Tour, en un momento de la etapa. YOAN VALAT (EFE)
Egan Bernal, nuevo líder del Tour, en un momento de la etapa. YOAN VALAT (EFE)
El colombiano, de 22 años, dio una auténtica exhibición, solo cortada por las malas condiciones climatológicas

Sólo una tormenta de granizo que destrozó la carretera en Val D'Isere, a 22 kilómetros de la meta de Tignes, pudo parar al colombiano Egan Bernal (22 años), quien marchaba desatado, solo, desde las pendientes del Iseran hacía el maillot amarillo del Tour.

La naturaleza detuvo el ataqué demoledor del joven de 23 años, que reventó la etapa y el Tour en el coloso más alto de la presente edición, por cuya cima pasó volando con 59 segundos sobre un grupo con todos los hombres de la general menos el líder, Julian Alaphilippe, que lo hizo a 2.08.

En pleno descenso se encendieron las alarmas de seguridad. La carretera quedaba inutilizada por una tormenta de granizo. La organización dio por terminada la decimonovena que empezó en Saint Jean de Maurienne y debía terminar en la estación de Tignes en la cima del Iseran. Bernal se convertía en ganador de la etapa y nuevo maillot amarillo.

LAS LAGRIMAS DE PINOT. Se había formado ya la escapada del día con 34 corredores cuando se bajó de la bicicleta el francés Thibaut Pinot, quinto en la general a 1.50 del líder. Un candidato al maillot amarillo, llorando, dejó sus ilusiones en la cuneta, despidiéndose de una oportunidad única para haber tomado el relevo de Bernard Hinault, último ciclista galo que ganó el Tour en 1985.

Frustración para Pinot por culpa del un desgarro muscular en su muslo izquierdo, y para la afición francesa, la misma que soñaba con el conquistador del Tourmalet en la cima del podio de París y que sigue soñando con Alaphilippe a falta de una etapa para la hazaña.

La desolación ya viajaba en el coche del equipo Groupama y la fuga seguía la marcha con el Ineos en la función de marcar el ritmo de caza. Delante había gente del top ten como Valverde y Urán y las intenciones del equipo de Bernal y Thomas se iban a reflejar en la fase de carrera de continuo ascenso que terminaba en la cima del Iseran, en el kilómetro 89.

BERNAL DINAMITA EL ISERAN. Iseran, coloso techo del Tour con sus 2.770 metros de altitud en sus pendientes el Ineos se transformó en el Sky de años anteriores, escena casi inédita en este Tour. Castroviejo desbrozó el grupo y el festival que marcará el Tour y tal vez la carrera profesional de Egan Bernal empezó a 6 kilómetros de la cima.

Un primer fogonazo poco consistente de Thomas se apagó para encender al huracán Bernal. Puro fuego. Inició un vuelo imparable que devoró la fuga, clavó a Alaphilippe y condenó a la persecución a Thomas, Landa, Kruijswijk y Buchmann, que pasaron por la cima a 1.05 del colombiano. Alaphilippe, medio KO, a 2.04.

EL GRANIZO DETIENE A BERNAL Y LA CARRERA. Con la carrera lanzada la naturaleza tomó cartas en el asunto. Las condiciones climatológicas provocaron que un alud de tierra cayese sobre la carretera y la organización decidió para la carrera y darla por terminada con los tiempos establecidos en la cima del Iserán.

El motivo fue el mal estado de la carretera a las puertas de Val d'Isère. Una granizada tremenda desfiguró la ruta. Restaban 22 kilómetros para meta y los trozos de hielo caían del cielo con auténtica violencia.

Ya no se podía hablar de una carretera de asfalto, sino de un río en toda regla que obligó a intervenir con urgencia a las máquinas quitahielos.

Los tiempos de la etapa serían los marcados en la cima del Col de Iseran y la clasificación el de paso por el puerto. El espectáculo de Bernal desatado abriendo tal vez un nuevo periodo histórico quedó cortado de raíz. El hielo detuvo al fuego.

Una pena que no se pudiera ver en qué hubiera quedado la hazaña de Bernal en la cima de Tignes, final de la etapa, pero el colombiano logró a pesar de todo el objetivo con el que había tomado la salida. Era el nuevo líder a falta de una etapa de competición antes de llegar a París.

Todos a los coches. Alaphilippe, con cara de pocos amigos y aún de amarillo, se mesaba los cabellos, certificando un día negro para el ciclismo francés, que antes había perdido a Pinot. Y Bernal, sonriente, sabiendo que iba a ser líder, sonreía en el auto del Ineos.

Mientras, el director de la carrera Christian Preudhomme explicaba a su homónimo del Movistar Eusebio Unzue la magnitud de los destrozos en la carretera. Landa y Nairo Quintana, bien abrigados, empezaban a echar cuentas a buen recaudo. Queda solo un cartucho.

Este sábado la vigésima etapa y último combate en los Alpes antes de conocer el podio definitivo entre Albertville y Val Thorens, de 130 kilómetros. Tres puertos en el menú, el último de categoría especial conduce a meta tras un ascenso de 33 kilómetros al 5,5 por ciento.

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