Muere Severino Escurís Batalla, baluarte de la industria pesquera en Galicia
El mundo empresarial gallego despide a uno de sus referentes. Severino Escurís Batalla falleció a los 100 años tras toda una vida dedicada al trabajo. Inició su andadura profesional antes de cumplir la mayoría de edad en la empresa conservera que fundó su padre en A Pobra do Caramiñal, Escurís, y con 69 años, ya en edad para jubilarse, creó Actemsa, una operadora global de túnidos y pescado congelado convertida en uno de los grandes motores empresariales de O Barbanza y en la que ya trabaja la tercera generación.
Como presidente honorífico de la compañía, Severino –nacido en Rianxo pero afincado en A Pobra desde su adolescencia– seguía acudiendo a la fábrica cada mañana, incluso después de soplar las velas de su centenario el pasado mes de julio. Era un empresario incombustible que permaneció en activo más de 80 años y afirmaba que nunca le había molestado ir a trabajar.
Además del legado empresarial, deja un ejemplo de emprendimiento y visión para los negocios que puede inspirar a las nuevas generaciones. Con ese espíritu contribuyó a la generación de riqueza y empleo en esa comarca coruñesa enclavada entre la ría de Arousa y la de Muros y Noia. "Su herencia va más allá de la industria conservera: es un referente en visión, esfuerzo y compromiso con su tierra", destacó este miércoles la empresa, poniendo de relieve también su aportación al impulso económico de la zona.
Amplio bagaje
Con 17 años se incorporó a la conservera que fundó su padre, Manuel Escurís, con una fabrica que fue el punto de partida de una de las sagas empresariales más relevantes de Galicia: los Escurís. Era el año 1942. Durante las siguientes décadas, en plena postguerra, participó en la creación de Conresa, una factoría de harina de pescado en Ribeira, y de Albacora, primera flota atunera del mundo.
También vivió desde dentro la expansión de Escurís con una segunda fábrica en Boiro y la expansión de la de A Pobra. Además, su visión internacional lo llevó a promover la creación de una empresa de elaboración de berberechos en Holanda, Cardium Edule, a finales de los 70, cuando también comenzó a levantar la planta conservera de Baiuca, en A Pobra.
Tras el fallecimiento de su padre en 1979 asumió la presidencia del consejo de administración de Escurís y pilotó la inauguración de la nueva factoría en 1984. Durante su mandato, la expansión de la conservera elevó a la familia Escurís al selecto grupo de los grandes del sector conservero a nivel internacional, época que coincide con la incorporación de la tercera generación a la compañía.
En 1986 creó Cartón de Galicia (Cartogal) y a inicios de los 90 adquirió Rianxeira de Mariscos e impulsó Tunaliment, para la elaboración de alimentación animal. Después vino la creación de Actemsa. Ya en 2006, compró la brasileña Leal Santos, con fábrica de conservas, flota pesquera, planta de elaboración de harinas de pescado y puerto propio.
Su lado más altruista y familiar
Más allá del terreno de los negocios, Severino Escurís mostró una gran vocación filántropa y altruista, como su impulso al desarrollo de la investigación y tratamiento del Alzheimer como fundador y vicepresidente de Euroespes.
Con todo, su mayor éxito fue la familia que creó con María Villa, con la que tuvo cuatro hijos. Era, según decía con retranca, su "empresa más difícil".
Su trayectoria lo hizo merecedor de diversas distinciones. Recibió la Medalla de Oro al Mérito del Trabajo del Gobierno de España y la de la Cámara de Comercio; así como distinciones concedidas por los empresarios pobrenses y barbanzanos. En año pasado le concedieron la Medalla de Anfaco a la trayectoria empresarial y también fue reconocido por el Concello de A Pobra y por sus vecinos.