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27 muertes en 27 años

Una planeadora quemada
Una planeadora quemada.

Los ajustes de cuentas existieron, existen y existirán en el narcotráfico gallego. Los robos y las deudas han sido germen de la violencia extrema.

Aunque podamos retroceder en el tiempo hasta los años 80 (con la famosa secuencia de Celestino Suances en el congelador de Los Charlines) o incluso antes, para realizar un recorrido histórico por los grandes crímenes vinculados al narcotráfico gallego partiremos del momento en el que comenzaron a entrar los grandes alijos de cocaína por las Rías Baixas: 1991. Después de la famosa Operación Nécora, y no antes, los cárteles colombianos establecieron una ruta a través de la que introducían grandes cargamentos de polvo blanco. Al mismo tiempo, algunos ingenuos gallegos que no sabían bien con quién estaban tratando empezaron a robarles droga, en algunos casos, o a retrasar pagos pendientes, en otros. Desde Pablo Vioque (que, según diversas fuentes, envió al secretario de la Cámara de Comercio al fatal encuentro en Benavente para que creyesen que era él) hasta Pelopincho (al que aún no todo el mundo en Galicia da por muerto, de hecho, figura oficialmente como desaparecido), muchos han sido los ajusticiados a raíz de su cercanía con el oscuro mundo de las drogas. Ya no solo a manos de sicarios colombianos o de otras nacionalidades, sino también entre personas de los propios grupos criminales y, en algunos casos, en el último eslabón de la cadena: entre trapicheros o toxicómanos que se deben el valor de unas pocas dosis de caballo.

El primer episodio destacable ocurrió en marzo de 1992. José Manuel Vilas, tesorero de la Cámara de Comercio de Vilagarcía, fue enviado por Pablo Vioque para negociar en su lugar una importación de cocaína con los colombianos. Dicen los que le conocían que sabía que su cabeza tenía un precio y que mandó allí a Vilas por su parecido físico con él mismo. Le tirotearon en unos jardines de Benavente. La posible causa fue un robo de droga por parte del narcoabogado.

Menos de un año después se produjo uno de los crímenes más recordados: la muerte de Daniel Carballo y José Juan Agra a manos de Tucho O Ferreiro, un suceso del que se libró por los pelos el conocido Rafael Bugallo, O Mulo, que por entonces se iniciaba en el negocio. El móvil que se puso sobre la mesa fue una deuda, aunque se valoraron asuntos sentimentales y problemas psiquiátricos del asesino, que acabó suicidándose.

En diciembre de ese mismo año, dos supuestos matones que acudían a cobrar una deuda a un taller de Meis fueron asesinados.

En septiembre del 94 tuvo lugar el ajuste de cuentas más mediático de la historia: el no acreditado encargo de Los Charlines para acabar con la vida de Manuel Baúlo, jefe de Os Caneos. Su esposa, Carmen Carballo, quedó postrada en una silla de ruedas a manos de sicarios.

El 21 de marzo del 95 se produjo el crimen de A Lanzada, la muerte de Manuel Portas en un ajuste por una deuda de cocaína. Cuatro meses más tarde aparecería estrangulado el vilagarciano Ángel García Caeiro.

El 27 de enero de 1997 se registró el crimen más espantoso que se recuerda en el entorno de Pontevedra: José Manuel Rodríguez Lamas, El Pulpo, mató a tres hombres y una mujer en el hostal La Ría de Vilaboa. Años después se supo que también dio muerte a una quinta persona que ocultó en un pozo. Un sexto joven quedó gravamente herido. En este caso se trataba de deudas de poca monta y daños colaterales, pues ninguno de ellos era un gran narco. Ese mismo año se produjeron el crimen de Cabanelas (Ribadumia), donde fueron tiroteadas dos mujeres y un hombre, y la aparición en una zanja de Outeiro de Rei (Lugo) del cadáver de José Antonio Toirán, recién salido de la cárcel por un asunto de drogas.

En marzo de 1998 se registró otro brutal crimen: Ramón Cores Caldelas apareció carbonizado entre Caldas y Catoira. La muerte se vinculó con una deuda en una transacción de sustancias.

En el mes de septiembre falleció el vigués David Parga, que fue hallado en un maletero estacionado cerca de Baoiona. Fue el último caso acreditado en la fatídica década de los 90.

En el siglo XXI los casos de muerte fueron más puntuales, pero siguieron existiendo. El primero en caer fue el turco Serek Simsek, traficante de heroína asesinado en Figueirido.

El 27 de mayo de 2005, los jóvenes Víctor Manuel González, alias El Rata, y Santiago Mondragón, fueron ajusticiados en una pista forestal de Silleda. La Guardia Civil atribuyó los hechos a sicarios colombianos que se ‘cobraban’ el presunto robo de una importante cantidad de cocaína.

El último gran crimen con el narcotráfico como telón de fondo ocurrido en Galicia (desapariciones al margen) fue la muerte de los primos Feijoo. Dos sicarios, uno vasco y otro francés, acabaron con sus vidas por encargo y les plantaron fuego en un molino. La familia Charlín estuvo en el ojo del huracán, pero ninguno de ellos fue condenado.

Desapariciones, presuntas muertes
Pelopincho, Amil y Fernando Caldas
Junto a las muertes acreditadas, el oscuro pasado del narcotráfico gallego incluye tres desapariciones inquietantes aún por esclarecer. La primera de ellas es la de Fernando Caldas, un joven vilagarciano vinculado al clan de Los Charlines que se esfumó en julio de 2004. Fue capturado en Bertamiráns e introducido en el maletero de un A3 blanco, desde donde escribió a Marcos Vigo, individuo vinculado políticamente al citado clan vilanovés. El cuerpo nunca apareció. Cinco personas fueron procesadas pero todas ellas resultaron absueltas.

El segundo caso de desaparición implica al conocido Pelopincho y a su socio pontevedrés José Bernardo Villaverde Amil. Varios arousanos serán juzgados en breve por unos hechos que subyacieron del presunto robo de un alijo de 4.000 kilos de hachís en el año 2010. Amil se subió a un coche en Monte Porreiro y ya no regresó.

Por último, no puede obviarse el caso del letrado Alfonso Díaz Moñux, expareja de la famosa Tania Varela y que semanas que antes de morir dijo: "pensad en Pérez Lago".

 

Manuel BaúloManuel Baúlo
→12-09-1994

Manuel Baúlo, líder de Os Caneos, fue ajusticiado por sicarios en un crimen que causó graves lesiones a su esposa, Carmen Carballo (en la imagen, en el juicio, que tuvo lugar en 1998). Fue el ajuste de cuentas más sonado de la historia del narcotráfico en las Rías Baixas.

 

 

A LanzadaA Lanzada
→ 21-03-1995

Imagen del 3 de marzo de 1997 de la Audiencia Provincial de Pontevedra en la que dos agentes de la Guardia Civil custodian a uno de los procesados por el crimen de A Lanzada que se había producido dos años antes. Manuel Portas había sido asesinado de un disparo en el citado arenal por una presunta deuda contraída en una operación de tráfico de cocaína.

Los CharlinesLos Charlines, en el ojo del huracán
→ 15-10-1996

La Policía siempre sospechó que la familia Charlín (uno de sus miembros, tapado con una revista, durante un juicio) estuvo detrás de la muerte de Manuel Baúlo. Nunca pudo ser acreditado.

Tres fallecidos en RibadumiaTres fallecidos en Ribadumia
→ 28 de marzo de 1997

El lugar de Cabanelas (Ribadumia) fue el escenario de un tiroteo que acabó con la muerte de dos mujeres y de un hombre en el marco de un presunto ajuste de cuentas por narcotráfico. En la imagen, uno de los investigados.

El pulpoEl asesinato múltiple de Vilaboa: El Pulpo
→ 27 de enero de 1997

El Pulpo cometió el crimen más atroz que se recuerda relacionado con el narcotráfico. Se produjo entre trapicheros de poca monta y acabó incluyendo muertos que nada tenían que ver con las drogas (cinco en total).

Fernando CaldasFernando Caldas, el fin de la ostentación
→ 16 de julio de 2004

Aunque los indicios apuntan a que la desaparición del joven Caldas tuvo que ver con la ostentación de riqueza de la que hacía gala en el seno del clan de Los Charlines, a día de hoy nada de eso ha podido acreditarse.

 

 

Patrice Louise Pierre MuñozPatrice Louise Pierre, uno de los sicarios del crimen del Molino
→ 4 de diciembre de 2015

Ricardo Feijoo y su primo José Ángel aparecieron calcinados en un molino de la parroquia de Castrelo (Cambados) por una presunta deuda de drogas. Dos sicarios, el francés Muñoz (en la imagen) y el vasco Lacunza fueron condenados por unos hechos vinculados a una deuda de tres millones de euros en droga. El autor intelectual se fue de rositas.

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