"La adaptación al entorno puede hacer que pienses cosas que antes no se te ocurrirían"

Equipos del CSIC, liderados por el Material Minds Lab en Compostela y coordinados por el arqueólogo Felipe Criado Boado, investigan en el proyecto Xscape si los objetos, el urbanismo y el paisaje influyen en el desarrollo de la mente humana, en la forma de ver el mundo y en la organización de una sociedad
El arqueólogo y director del Instituto de Ciencias del Patrimonio, Felipe Criado Boado (Santiago, 1960). PEPE FERRÍN
photo_camera El arqueólogo y director del Instituto de Ciencias del Patrimonio, Felipe Criado Boado (Santiago, 1960). PEPE FERRÍN

¿Qué busca este proyecto Xscape? 
Es un proyecto financiado por una convocatoria, la Synergy Grant, que es la más ambiciosa, potente y competitiva del Consejo Europeo de Investigación. Con ella habitualmente se financian los proyectos de los premios nóbel. Está orientada a que un pequeño grupo de investigadores principales –cuatro– podamos trabajar en un problema que solo podemos responder juntos: en este caso, estudiar cómo el entorno y la cultura material –las construcciones, los útiles, las decoraciones...– influyen en los procesos cognitivos, en la forma en la que vemos y procesamos el mundo. 

¿Y por qué esa combinación de neurocientíficos y arqueólogos? 
Es porque la investigación la hacemos desde una perspectiva histórica; no mirando solo en el presente, sino viendo cómo ocurrió este proceso en los últimos 10.000 años. Esto nos permite averiguar si el entorno material siempre ha afectado al proceso cognitivo de los seres humanos y, además, correlacionarlo con las diferentes condiciones de cada sociedad. Solo con una dimensión presentista no podríamos responder al porqué y al cómo de esta afectación.

 

¿La mente no se desarrolla hoy de la misma forma que en el pasado? 
Estamos razonablemente seguros de que, desde hace cientos de miles de años, el entorno material ha afectado al desarrollo de las capacidades cognitivas humanas. Posiblemente lo que nos ha hecho humanos, entre otras razones, ha sido interactuar con el entorno material de forma dinámica, de forma que cada vez hemos complicado más ese entorno y ello, a su vez, nos devolvía señales al procesado cognitivo que hacía necesario que este tuviera que perfeccionarse más y mejor. Eso explica que el gran salto de capacidades cognitivas se haya dado de 100.000 años para acá. De forma sinérgica o simbiótica, a medida que la tecnología se ha hecho más compleja, se hacía más rico. Pero nuestro proyecto mira a un escenario cronológico más corto: los últimos 10.000 años, desde el Neolítico hasta sociedades complejas como la cultura castrexa o el mundo romano. Tomando en cuenta la variabilidad de condiciones sociales de este periodo, intentamos ver en qué medida ese entorno material ha afectado al proceso cognitivo. 

¿Cómo se muestra ese impacto? 
En el estudio piloto, realizado con cerámicas prehistóricas de Galicia, observamos que los estilos distintos de decoración cerámica provocan formas distintas de ser vistas: en unas la mirada traza movimientos horizontales, en otras los alterna con oblicuos, en otras son verticales... El estudio nos mostró que hay una correspondencia entre aquella cerámica que produce un comportamiento visual más horizontal al final corresponde con sociedades más igualitarias y de organización más comunitaria. En cambio, los estilos cerámicos que provocan unas reacciones perceptuales en las que destacan los movimientos verticales, predominan en las sociedades más jerarquizadas y lo que calificamos como primeros estados. Estas primeras hipótesis han dado lugar a una conjetura más global que estamos intentando comprobar a escala casi mundial. Por eso usaremos cerámica de otras partes de Europa, india, argentina, peruana y africanas. Y en un corto plazo prevemos trabajar con otro tipo de cosas, como el arte rupestre, la arquitectura, el urbanismo e incluso los paisajes. 
 

A medida que la tecnología se ha ido haciendo más compleja, las capacidades cognitivas se han enriquecido"


¿El paisaje también puede influir en cómo se organiza una sociedad? 
Seguramente pase más bien al revés. La organización de la sociedad da lugar a un tipo de arquitectura y de paisaje determinados y, a su vez, la forma material de estos termina afectando al proceso cognitivo. Y una vez que lo afecta, la forma en cómo hacemos las cosas también está influenciada por la forma en cómo pensamos. La mente empieza a percibir de forma diferente, lo que también puede dar capacidades para hacer cosas diferentes y para complicar esa tecnología inicial. Es un movimiento circular. 

Hay una vertiente filosófica muy importante en todo esto, ¿no? 
El proyecto se relaciona con los grandes problemas acerca de qué es la conciencia humana, cómo se construye, cómo cambia... En particular, se relaciona muy estrechamente con un paradigma de la razón humana que hoy llamamos ‘mente extendida’. Sostiene que la mente no está cerrada en el cerebro, determinada por las funciones neuronales, sino que el cerebro es solo una máquina de calcular y lo que constituye la mente, la razón, es que con esa máquina estemos interaccionando con el mundo y este nos dé de vuelta estímulos nuevos. Ese es el motivo por el que el cuarto investigador principal del proyecto es el filósofo cognitivo Andy Clarke, uno de los padres de este paradigma. 

¿Y cómo puede afectar a la mente un cambio brusco en el entorno? 
Eso es algo que nos ha ocurrido a todos. Si vamos de vacaciones a un desierto, la mente se adapta a gestionar un tipo de estímulos totalmente distintos a causa del paisaje. La mente cambia en función de la adaptación. Es un cambio importante y que podría incluso podría llegar a hacer que tú empezases a pensar cosas que no se te habrían ocurrido en Galicia. Pero tampoco es un cambio traumático: no vas a cambiar de identidad ni se te van a caer los dientes y te van a salir colmillos. No lo es porque todo esto funciona sobre la base de la plasticidad cerebral: el cerebro se adapta con una facilidad pasmosa a los cambios en las condiciones ambientales. A cuatro años vista nos planteamos trabajar en contextos en los que el ser humano está expuesto a un cambio brusco en sus condiciones ambientales. Por ejemplo embarcarse, que implica que todo el entorno material cambie, con todo tipo de estímulos distintos, y haya que adaptarse a él.

"Vamos a obtener información muy útil para manejarnos en un entorno cada vez más artificial"

¿Qué ocurre con esta relación entre lo material y el proceso cognitivo en un momento en el que se vive en un entorno cada vez más virtual? 
Estamos viviendo un proceso de artificialización cada vez mayor, hasta el punto de que estamos creando organismos artificiales, ya sean biológicos o virtuales. Esto remarca el grandísimo interés práctico de este proyecto. En la medida en que consigamos comprender bien esta relación con lo material, produciremos un conocimiento de altísima sensibilidad en un mundo en el que cada vez más tenemos que tratar con entornos artificiales, en el que los estímulos artificiales a los que estamos sometidos se multiplican y en el que la capacidad de atención es limitada. Porque podríamos decir que el proyecto es acerca cómo funciona la atención humana. Nos va a dar informaciones muy útiles para manejarnos en este entorno.