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Galicia se encamina hacia una batalla electoral histórica

Alberto Núñez Feijoo, en el colegio Niño Jesús de Praga de Vigo. SALVADOR SAS (EFE)
Alberto Núñez Feijoo, en el colegio Niño Jesús de Praga de Vigo. SALVADOR SAS (EFE)
Los gallegos acuden a las urnas con varias incógnitas por resolver: ¿Optará Feijóo a su cuarto mandato? ¿Cómo se articulará el espacio a la izquierda del PSOE?

LAS ELECCIONES autonómicas de 2020 marcarán sin duda la agenda política gallega —de hecho ya lo están haciendo— de los próximos meses, en los que Galicia encara una cita electoral que, independientemente del resultado que arroje, será histórica. Así, Alberto Núñez Feijóo podría igualar las cuatro mayorías absolutas de Manuel Fraga, pero también la izquierda podría recuperar el último gran bastión del Partido Popular de España.

Sin embargo, para descifrar definitivamente esa ecuación todavía hay mucho que palillar antes. Porque a día de hoy, lo único constatable al 100% es que las elecciones serán en 2020 y que tanto Gonzalo Caballero como Ana Pontón —que será madre en febrero— serán los candidatos de PSdeG y BNG, respectivamente. A partir de ahí, todo son incógnitas.

La primera y más importante es si Núñez Feijóo optará o no a la reelección. Aunque siempre defendió la limitación de mandatos y en 2016 decidió darse una prórroga extraordinaria a sí mismo, lo cierto es que volver a presentarse iría en contra de su filosofía y de sus propias palabras. Sin embargo, en el PPdeG —y en la oposición también— dan por hecho un último intento del presidente. Él, en público, nunca confirmó nada y emplazó al primer trimestre del año para desvelar la decisión. Hasta entonces, seguirá deshojando la margarita.

Los que defienden que concurrirá se basan, sobre todo, en la falta de alternativa. El PPdeG no abrió a lo largo de esta legislatura el melón de la sucesión de Feijóo, por lo que un cambio de cromos a las puertas de las elecciones representa un riesgo excesivo. "Feijóo no deja colgado al partido", afirman algunos cargos cercanos con responsabilidades tanto orgánicas como institucionales.

La otra gran incógnita de cara a las urnas será sin duda la configuración del espacio político a la izquierda del PSdeG. La atomización de siglas surgida después de que En Marea saltase por los aires (Podemos, EU, Anova, En Marea, Cerna, Grupo Común da Esquerda, mareas locales...) debe reorganizarse de algún modo. Podemos y Esquerda Unida dan por reeditada su alianza, a la que se sumará la parte oficial de Anova. Pero al mismo tiempo, otra parte del nacionalismo que estuvo desde 2012 bajo el paraguas del rupturismo en Age y En Marea mantiene contactos fluidos con el BNG.

Si algo aprendió la izquierda de las elecciones de 2012 y 2016 es que su división facilita el triunfo de la derecha, por lo que el minifundismo político que siempre la caracterizó podría tener los días contados. Y justo en un momento histórico en el que al PPdeG le quieren mover los marcos a su derecha. Aunque el partido hegemónico en Galicia parece capaz de llegar a algún tipo de entendimiento preelectoral con Ciudadanos, que en la comunidad es un partido prácticamente fantasma, Vox no parece tan fácil de domar.

Galicia es de los pocos territorios de España que se le resiste a los de Santiago Abascal, que ya prometieron que lo darán todo por poner una pica en O Hórreo.

UN OJO EN MADRID. El problema para resolver todas estas incógnitas y dejar las piezas colocadas en el tablero para la batalla final es que no hay tiempo. En el fondo, desde que sonaron las campanadas en la Puerta del Sol de Madrid se ha iniciado una carrera contrarreloj en la que la política gallega mirará de reojo a Madrid. De lo que ocurra allí con el Gobierno de Pedro Sánchez dependerá en buena medida el calendario autonómico, que Feijóo siempre suele pactar con el lendakari para que gallegos y vascos acudan a la vez a las urnas, como es tradición.

En Galicia tocan elecciones en el mes de septiembre. Núñez Feijóo siempre se mantuvo firme en su compromiso de agotar la legislatura, pero la inestabilidad política estatal puede cambiar las reglas de juego. Es más, parte de la oposición da por hecho un adelanto electoral a la primavera que evite la consolidación del Ejecutivo central, que en realidad apenas tendría tiempo a desgastarse entre enero —cuando todo parece indicar que quedará configurado— y septiembre. Por eso, la amenaza de un adelanto electoral apenas deja margen de maniobra a los distintos partidos.

Lo que nadie pone en duda a estas alturas es que la de 2020 será la batalla autonómica más igualada desde 2009. Los últimos resultados electorales apuntan a un escenario de empate entre bloques y, aunque el voto en las gallegas responde a otras dinámicas, la izquierda se ve con muchas opciones de desalojar a Feijóo de Monte Pío. El año 2020 será por ello una larguísima campaña electoral, que se hará interminable, aderezada con los ingredientes habituales: el PP confrontando con el Estado por el Ave, la AP-9 y la financiación y la oposición, con la sanidad.

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