Trabajo fijo, alquiler asequible y niños: la receta que revive a un pequeño pueblo gallego
"¡Bienvenidos a Casaio! ¿Estás buscando un nuevo hogar para tu familia? ¡Este es el lugar perfecto para ti! Ofrecemos una maravillosa oportunidad para familias con niños menores de 10 años. Casa de alquiler con contratos por menos de 200 euros al mes y también te ofrecemos empleo". Ha pasado poco más de un año desde que Tara Blanco publicó este anuncio en redes sociales, sin imaginar que acabaría cambiando su vida y la de todos sus vecinos.
Casaio, aldea y parroquia perteneciente a Carballeda de Valdeorras de unos 200 habitantes, atravesaba por aquel entonces una situación crítica. En su escuela unitaria solo había siete niños y las previsiones para el curso siguiente eran aún peores: apenas cuatro alumnos, una cifra por debajo del mínimo de seis que exige la Xunta para mantenerlo abierto.
Preocupados ante la idea de que sus hijos "tuvieran que coger un autobús todos los días y recorrer 18 kilómetros para ir a otro colegio" y angustiados por que "el pueblo se muriese", Tara y el resto de padres y madres decidieron tomar cartas en el asunto y actuar.
Hablaron con la comunidad de montes para buscar apoyos, contactaron con vecinos que viven fuera y tienen casas vacías para animarlos a alquilarlas y, finalmente, lanzaron la oferta. El mensaje incluía tres meses de alquiler gratis y la posibilidad de un puesto de trabajo en el sector de la cantera de pizarra, la ganadería o la limpieza de montes. Fue un éxito rotundo. "Las familias empezaron a llamar", explica la ideadora, quien asegura que la demanda fue tal que incluso tuvo que crear "una lista" de interesados.
A día de hoy, al pueblo ya se han mudado dos familias madrileñas y una vasca y, en las próximas semanas, llegará también otra canaria. El impacto ha sido inmediato: la escuela cuenta ahora con 12 niños matriculados, ocho más de lo que se preveía en 2024.
"Más libertad y más calidad de vida"
Una de las familias que dio el paso es la de Alicia Carrasco. Ella, su marido y sus cinco hijos de entre 3 y 10 años cruzaron la mitad de la Meseta el pasado mes de octubre, dejando atrás Navacerrada para empezar una nueva vida en tierras gallegas. "No teníamos ninguna relación ni con Galicia ni con Casaio", señala. "Estábamos buscando un pueblo principalmente por los altos precios de la vivienda".
Encontrar una casa de alquiler asequible para siete personas en Madrid era "inviable" para ellos. Por el inmueble en el cual vivían pagaban 700 euros y una vez este se vendió tuvieron que marcharse. A partir de ahí, las opciones que encontraban no bajaban de los 1.200 euros. Fue entonces cuando vieron el anuncio en internet, visitaron el lugar y no dudaron. "Nos gustó y aquí estamos". Ahora pagan 250 euros al mes por su casa, con la luz incluída.
Más allá del ahorro económico, Casaio también les llamó la atención por su estilo de vida. "Un pueblo te da más libertad que una ciudad", explica la cerruda, quien añade que no querían criar a sus cinco hijos en un entorno urbano y que, en un sitio como este, los niños pueden "salir y ser autosuficientes" sin "preocupación ninguna" para los padres.
A día de hoy, llevan poco más de tres meses en la aldea y aún están "en proceso de adaptación". La mudanza no les ha supuesto un shock porque, según cuenta Alicia, ellos ya vivían en un pueblo —Navacerrada tiene cerca de 30.000 habitantes—. Quienes más están sufriendo con el cambio son sus dos hijas mayores, las cuales aprecian diferencias con su antigua vida social. "No es que no les guste", aclara la madre, "es que notan la falta de niños y están deseando que vengan más".
A pesar de esto y de echar "siempre de menos a la familia", asegura que se sienten "muy bien acogida" por los vecinos. Es precisamente en la relación con ellos donde más disparidad han notado con su vida anterior. "Aquí todos son uno, se vive mucho en comunidad", explica la madrileña, quien destaca que el pueblo tiene "paisajes espectaculares" y que aporta más "calidad de vida".
Una iniciativa que los vecinos aplauden
En el pueblo, la llegada de estas nuevas familias se vive con entusiasmo. "Colaboran y están siempre dispuestos a ayudar, es genial", asegura Tara. Para ella, la presencia de niños es clave en un lugar donde cada vez quedan menos porque "son el futuro y los que le pueden dar vida". Esta idea la comparte María Vázquez, vecina de Casaio de toda la vida, quien manifiesta que los pequeños "le dan mucha vida al lugar y energía a los mayores".
Ambas coinciden, además, en que la iniciativa ha sido muy bien recibida por parte de los residentes y que todos quieren que "venga mucha más gente" para poder recuperar poco a poco la buena salud de la que la aldea gozó hasta hace pocos años. En este sentido, María cuenta que cuando sus hijos iban al colegio "había casi doscientos niños" y recalca que es "triste que cada vez haya menos gente". Algo que Tara no duda en confirmar. "La unitaria se vació en cuestión de años", explica, "la gente se mudó a la ciudad porque creían que iban a vivir mejor".
Lo cierto es que, según el Nomenclator del Ige, en el año 2000 Casaio tenía 623 habitantes y en 2025 la población solo llega a las 256 personas. Un 59% menos.