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El San Miguel, un homenaje al paladar

EL RESTAURANTE San Miguel se ha hecho un sitio entre los grandes referentes gastronómicos de A Mariña. Su privilegiada situación, metido como un entrante en la ría de Ribadeo, en el antiguo Riberas del Eo, constituye un aliciente para visitarlo. Pero el San Miguel es algo más que un enclave privilegiado por su singular panorámica. Su carta rinde un cuidado homenaje a la cocina marinera, que comienza por la merluza, el más clásico y reconocido de los pescados gallegos. El gerente y cocinero del San Miguel, José Ramón Rodríguez, tiene el atrevimiento de convertirla en una de sus especialidades. Prepara merluza a la gallega, un sabroso cogote o sus ricas cocochas. Su afán innovador le llevó a darle todavía más relumbrón a este símbolo de las lonjas lucenses con la inclusión de la merluza al estilo As Catedrais en la carta de verano.

Este plato, dedicado a la playa ribadense, el icono turístico de la comarca, está inspirado en los arcos pétreos que la hacen única. En su elaboración adquieren especial protagonismo los productos de la zona. Desde la merluza del pincho de Celeiro o Burela, fresca y con una carne que se desconcha suavemente en láminas, hasta los grelos y las patatas de Vilaselán y el jamón de Vilalba. El pescado va sobre la patata, mientras que los grelos, que imitan a las formaciones rocosas, se mezclan con la ajada y aportan un sabor distinto. Del mismo modo que ver las grandes merluzas, apiladas en las cajas en las lonjas, es un irrepetible espectáculo, el San Miguel convierte en un homenaje a la vista y al paladar la degustación de este pescado.

El bonito es otro de los platos estrella de la temporada, junto a su demandada ventresca. Lo sirven a la plancha, en carpaccio o a la riojana. En esta última receta, algo más calórica, pero exquisita, el Príncipe Azul va acompañado de cebolla, tomate, pimiento morrón, vino blanco y un poco de caldo de pescado.

La palometa roja es otra de las protagonistas de la carta. José Ramón prefiere prepararla a la espalda, una de las mejores formas de disfrutar el toque amariscado de su carne, consistente y a la vez delicada. La lubina, el mero y el rodaballo compiten con ella a la hora de satisfacer a los comensales más exigentes.

Los calamares son otro de los grandes reclamos de este restaurante, tanto en su tinta, con arroz negro o fritos. La autenticidad del producto evoca en nuestro paladar los sabores de toda la vida. También quita el hipo el pulpo con almejas a la marinera, con patatas panaderas, un plato realmente sustancioso.

CON AGUA DE MAR

Como no podía ser menos con una piscina de agua salada en su recinto, los mariscos del San Miguel se preparan en agua de mar, como mandan los cánones. Lo mismo sucede con los percebes, que llegan a la mesa recién cocidos y calentitos.

En el apartado de los entrantes merecen también una especial mención el salpicón de bogavante o el de centollo y buey de mar, bien acompañados de productos de la huerta, como pimientos y cebolla. Este último tiene un sabor un poco más fuerte que el anterior. El pastel de cabracho, acompañado de mayonesa, es otra propuesta con tirón.

Entre la sinfonía de los sabores del mar, hay también sitio para las carnes, como el magret de pato asado, el entrecot de vaca o el medallón de solomillo de ternera con foie y una salsa de vino de Oporto que refuerza el exquisito sabor de esta selecta carne.

Entre los postres destacan los helados caseros, muy apropiados para el estío, como el de crema de orujo con café, el de fresa con macedonia y viruta de chocolate o el biscuit de higos con chocolate caliente. La tarta de queso fresco y el arroz con leche con manzana caramelizada levanta pasiones.

La carta de vinos es muy amplia, con distintas denominaciones de origen y variedad de calidades y precios. Es una de las más completas de los restaurantes de la zona. La clientela se decanta generalmente por los caldos con precios en torno a los veinte euros.

También se ofertan vinos para tomar con quesos o para maridar con distintos postres, como un Oporto o el Oremus húngaro.

TASCA DE VERANO

Durante la temporada estival, el restaurante San Miguel abre su tasca con terraza, situada en la primera planta del edificio, con un ambiente distinto del comedor principal, ubicado en la segunda planta del establecimiento.

La tasca está enfocada a clientes que buscan una opción más económica o comer de forma más informal, en muchas ocasiones a base de raciones. La paella de marisco y el arroz caldoso de bogavante, al que se le añade nécora para reforzar el sabor, tienen mucha salida en este local.

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