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El tirón de las carnes y la repostería


La familia Navia López regenta este establecimiento

El mesón parrillada A Mina se incorporó con fuerza a la oferta hostelera de A Pontenova. El establecimiento, abierto hace algo más de un mes, se encuentra en un antiguo almacén de barricas de vino, jamones y sal situado al lado de Os Fornos, esos antiguos hornos de fundición de hierro que son el elemento rector de la arquitectura pontenovesa. El restaurante destaca por su oferta de carnes. Los espectaculares chuletones de ternera a la brasa, el churrasco de cerdo y ternera o el pollo son propuestas realmente apetitosas. Son muchos los restaurantes que lo intentan, pero no todos logran darle a la carne ese toque que los hace especiales, que los distingue del resto. Pero en A Mina sí lo consiguen.

En estos tiempos de invierno también se hace cocido por encargo, con un sabroso butelo, que en ocasiones también figura en la carta.

Las selectas tablas de embutidos y un impresionante pulpo á feira, al que recientemente le dedicaron unas jornadas, son dos buenas opciones a la hora de elegir un entrante o de tomar unas raciones acompañadas de un vino o una cerveza en la barra.

Este mesón, cargado de enxebrismo, se presta al tapeo y cuenta ya con una fiel clientela, a lo que ayuda tanto la calidad como su céntrica ubicación. La carta de vinos incluye distintas denominaciones de origen, con especial atención a los caldos gallegos de Ribeira Sacra y Monterrei, que ganan adeptos en el mercado, tanto por sus tintos como por sus godellos.

Los postres caseros destacan por su variedad y cantidad. El requesón con nuez y miel constituye un perfecto contraste de sabores. Sirven también un original flan de castañas y versiones muy logradas de la tarta de la abuela, así como de la de queso.

Los amantes de los sabores más sencillos y contundentes pueden probar un queso de O Cebreiro con membrillo. Se puede decir que la repostería se convierte en una bella arte en A Mina, tanto por la variedad de opciones como por el resultado final.

SINGULARIDAD

El ajustado precio medio de la comida y su menú del día son también dos buenas razones para acudir a este restaurante, que sobresale por su la singularidad. El establecimiento ocupa una casa con más de un siglo. Fue construida en 1912 por Martín Puente Cordero, tal como indica una placa en la pared. A este almacén llegaba el antiguo tren de las minas a descargar en la parte trasera, donde finalizaba su travesía.

La familia Navia López decidió reabrir este local como restaurante conservando partes del inmueble, como las columnas de fundición, las ventanas y puertas de madera, corchos y una barrica de vino. La decoración integra lo rústico y lo moderno.

El gerente de este restaurante es José Navia Sacadas, que lo dirige con la colaboración principal de su hijo Javier Navia López. Por otro lado se encuentran la mujer de José, Concepción López Cancelos, y su hijo Juan Navia López, que se encarga de la contabilidad del negocio.

¿Sabías que...

A Pontenova celebra este fin de semana su feria de la artesanía y las antigüedades?

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