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¿Qué hacer con las calabazas que sobreviven al Samaín?

Xavier Castro, autor de "Yantares gallegos"
Xavier Castro, autor de "Yantares gallegos"

El "resucitador" del Samaín, Rafael López Loureiro, vivió la elaboración de calaveras con "melones" (nombre que se da a las calabazas anaranjadas en Cedeira) que se vaciaban, se le colocaban dientes de palitos y una vela encendida en el interior, para espantar a los malos espíritus en las noches de transición entre el luminoso verano y el oscuro invierno y esa permanencia en sus recuerdos de infancia le animó a rehabilitar la fiesta.

El Samaín rehabilitado en Cedeira hace 20 años

López Loureiro explicó a GG, y antes en su libro "Samaín: A festa das caliveras" (Ir Indo Edicions. 2003) que fue su hija la desencadenante de miles de recuerdos vinculados al Samaín de su infancia.

"Mi hija llegó un día a casa de clases de inglés y me habló de la fiesta del Halloween, como una tradición que se celebra en Estados Unidos en el Día de Difuntos y se lo explicó su profesora canadiense de inglés".

En ese momento, Rafael explicó a su hija su propia vivencia infantil, en la que cada año los niños elaboraban calaveras de "melón" con aspecto feroz y las colocaban en las esquinas, sobre las zarzas y en las ventanas para asustar a los niños de otras calles, a las mujeres que volvían del Rosario y a cualquier mal que así quedaría lejos de la casa.

"La mascarada norteamericana no tiene sentido en Galicia pero sí el mismo origen, en una celebración presente en toda la zona de influencia celta de Europa, desde Irlanda -de donde viajó a Estados Unidos y Canadá- hasta Galicia, pasando por todo el norte de España", explicó.

"Cuando fui consciente de todo eso me propuse actuar como profesor, como artista y como investigador y encontré como cómplice a la Asociación Cultural Chirleteira, ahora inactiva, y puestos manos a la obra, organizamos actividades didácticas y hasta un Congreso de etnoarqueología céltica, hace 4 años", agregó.

Veinte años después de resucitar la fiesta en la costa coruñesa, toda una generación natural de Cedeira conoce el Samaín tal como lo celebraron sus abuelos y, en ese tiempo, López Loureiro animó y ayudó a la misma recuperación en otros lugares de Galicia, como Ourense, donde los talleres para elaborar calaveras con calabazas y la posterior procesión de Samaín ya cumplieron su sexta edición.

Lugares para la memoria del Samaín


Vecinos de edad en Noia, Catoira, Cedeira, Muxía, Sanxenxo, Quiroga, Ourense y entorno rural, recuerdan aún la celebración de una fiesta coincidente con los días de Difuntos y Todos los Santos, con variantes pero siempre con la presencia de calaveras feroces elaboradas con calabazas, "melones" en Cedeira, "calacús" en las Rías Baixas, "bonecas" con remolacha en Xermade (Lugo), pero también en zonas vecinas como la portuguesa Tras-Os-Montes, donde se vacían "abóboras" (calabazas), Cáceres donde la fiesta es de la "parramanta", alrededores y sierra de Madrid y en La Rioja, entre otros muchos lugares.

Samaín original, antes de la memoria viva


Textos reunidos por López Loureiro de estudiosos como Ramón Otero Pedrayo, B.G. Fernández-Albalat, Henri Hubert, Françoise Le Roux, Florentino López Cuevillas, Manuel Mandianes de Castro, Vicente Risco y otros recogidos en la bibliografía de su libro, aluden al Samaín inicial como tiempo que marca el fin del verano y fiesta de la clase guerrera para dar paso al mundo de las tinieblas y a la parte más oscura del año.

En la festividad más antigua del Samaín se utilizaban los cráneos de los enemigos vencidos en batalla para iluminarlos y colocarlos en los muros de los castros y de ella queda constancia documental en Irlanda.

Otero Pedrayo dedicó un texto de la revista Nós a la fiesta de los muertos en Irlanda "superpuesta simplemente a la antigua de Samaín" y se refiere a las cuatro fiestas-asambleas que marcaban el ritmo del año celta y que eran en febrero "Imbolc", en maio "Beltaine", en agosoto "Lugnasad" y en noviembre "Samaín". La fecha era siempre el primer día de mes pero las fiestas comenzaban quince días antes y duraban hasta quince días después.

En el tiempo atribuído al Samaín céltico perviven en Galicia los "magostos" y las calaveras de calabaza ahora reactivadas.

La fiesta del Samaín también es, según alguno de los investigadores, aquella en la que el tiempo y el espacio se confunden y se desdibujan los límites entre mundos: los muertos se aparecen en el territorio de los vivos y los vivos se meten en los hogares de los muertos por lo que Samaín hace el papel de bisagra entre el mundo humano y el cosmos divino.

¿Cómo aparece la calabaza-calavera?

Los cráneos de enemigos iluminados pasaron a calabazas talladas con caras feroces y una luz en su interior y esto sólo fue posible tras la llegada de esa planta cucurbitácea a Europa, desde sus países de origen que son México, Centroamérica y Perú.

La llegada de la calabaza a las casas y cocinas gallegas fue estudiada por el catedrático de Historia Contemporánea Xavier Castro Pérez, que dedica varios de sus libros a los alimentos gallegos como "Yantares gallegos. Historia de la dieta Atlántica" (USC 2010) y "A rosa do viño. Cultura do viño en Galicia" (Galaxia 2009), entre otros.

Castro explicó a GG que la calabaza llegó a Europa en el siglo XVI y muy poco a poco se fue introduciendo en las cocinas, donde se quedó para formar parte de platos como cocidos, chorizos y repostería.

"Hay constancia de su existencia en el siglo XVIII en la huerta del Pazo de Oca (A Estrada-Pontevedra), donde convivía con espárragos, chícharos y otras verduras utilizadas en los cocidos, en los que la calabaza aparecía bajo el nombre de mangueta", aclaró.

Que nos den calabazas...para comer

Castro tiene constancia de dos platos elaborados con calabaza en repostería que gozan de gran popularidad y son las "chulas" o ruedas de la cucurbitácea envueltas en masa de harina y huevo y asadas en el horno o fritas en la sartén, y un pastel de "mangueta" que en receta para cuatro personas, lleva un kilogramo de calabaza, la misma cantidad de harina, 100 gramos de azúcar y 2 ó 3 huevos en los que las claras se baten aparte, a punto de nieve, para mezclar luego con el resto de los ingredientes y poner en el horno durante 40 minutos.

La apariencia final de este pastel es el de una tarta de queso y su receta se conserva actualmente en la península del Morrazo.

López Loureiro recuperó no sólo los antecedentes y memoria del Samaín sino también los usos culinarios de su protagonista, la calabaza o "melón" tal como se le llama en Cedeira.

Así, recoge en su libro las referencias dadas por Xoaquin Lorenzo "Xocas" sobre la calabaza en los "chourizos ceboleiros", y otras de guisos de los Ancares, en el caldo de "melón" de Monfero y en las "papas de melón" elaboradas en el "bar do Ramón" de Cedeira (nombre no oficial del bar El Maño) por las hermanas Iris (fallecida a los 91 años) y Lala, viva y con 88 a las que López Loureiro califica como "druidesas das salsas e transmisoras dunha cociña cantábrica que garda nos seus prebes o sabor dos sabores e o recendo de todos os olores".

La receta, según el profesor-artista incluye una calabaza o "melón" maduro pelado y cortado como se hace con las patatas para el caldo, se cubre de agua y se cuece con la piel de un limón y una rama de canela. Se cuece bien, se esmaga con una "ferrada" (espumadera) y se le añade leche, una cucharada de manteca y azúcar al gusto del comensal. Cuando vuelva a entrar en hervor se le añade harina poco a poco hasta conseguir unas papas que no estén ni muy duras "nin moi escagharriñadas", según las palabras de las hermanas cocineras, recogidas por Pérez Loureiro.

¿Qué hacer con las calabazas que sobreviven al Samaín?
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