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Multitudes en los cementerios gallegos y en la Feria de Todos los Santos de Monterroso

Centenares de lucenses acudieron, como cada año, al cementerio de San Froilán para cumplir con la tradición
Centenares de lucenses acudieron, como cada año, al cementerio de San Froilán para cumplir con la tradición

La margarita, el clavel, el gladiolo y la rosa han sido una vez más las flores más vendidas en esta fecha

Miles de personas han aprovechado la festividad de Todos los Santos para acudir a los cementerios, llenos de flores en recuerdo de los seres queridos fallecidos, y los que además han querido vivir esta jornada de un modo diferente han optado por la feria que se celebra en Monterroso.

En el caso de los camposantos, muchos son los que han ampliado sus horarios para facilitar a los ciudadanos las visitas, aunque no todos, porque un episodio curioso, y fuera de la norma, es el de Albeos, en Crecente (Pontevedra), con un sacerdote que ha determinado el cierre porque a los muertos hay que honrarlos más que un día al año.

Más allá de esta excepcionalidad, la margarita, el clavel, el gladiolo y la rosa han sido una vez más las flores más vendidas en esta fecha y sobre el "turismo necrológico" o "necroturismo" se ve que cobra cada vez mayor fuerza, en lo referente a Galicia concentrado en el cementerio de San Froilán, en Lugo, con música clásica durante toda esta jornada, o en San Amaro, en A Coruña, así como en Santa Mariña, en Cambados.

Y, el paradigma de Monterroso, es el de otra manera distinta de conmemorar esta efeméride.

Considerada popularmente como la feria de las ferias, el origen de su particular romería se remonta al medievo, cuando este mercado funcionaba como un punto de encuentro en el que se agolpaba un abultado número de ganado caballar y mular, procedente de toda la Comunidad gallega, antes de ser trasladado a tierras de Castilla para el cultivo de los campos.

Actualmente esta convocatoria suma tradición y modernidad, y cada año hay más público, si cabe, disfrutando del millar de puestos de venta ambulante.

Al margen de la exhibición caballar, la Feria de Todos los Santos ha vuelto a demostrar este 2017 que se mantiene impertérrita como un referente del gran escaparate de los productos de temporada, que en estas fechas van desde los quesos hasta las castañas, pasando por las nabizas y la miel.

Todo esto sumado, cómo no, al medio centenar de casetas de pulpo distribuidas por la superficie ferial, donde este suculento manjar convive con aperos de labranza, ropa, calzado, artesanía, flores y casi cualquier objeto, por raro que parezca, que a uno se le ocurra.

Los licores están, asimismo, a la última en este ritual con más de quinientos años de historia, al menos en lo que a las leyendas se refiere.

Y algo que parece no haber cambiado a lo largo de estos años es el ambiente de jolgorio y las ganas de encontrarse con los amigos y compañeros en las carpas que se distribuyen por las calles de Monterroso, un auténtico hervidero de gente.

No en vano, esta localidad es, en efecto, una visita casi obligada para los amantes de la cultura y de la tradición gallega, e incluso da una pista de ello el refranero popular cuando invita a descubrir lo increíble: "Se ti viras o que eu vin en Monterroso, vintecinco xastres a cabalo dun raposo".

 

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