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miércoles. 29.06.2022
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De Roncesvalles a Compostela (IV)

Vista del Camino con Santo Domingo de la Calzada al fondo. J.L.
Vista del Camino con Santo Domingo de la Calzada al fondo. J.L.

7. De Cirueña a Belorado 30,10km.
 Mayo 2021. Sábado 29


Después de tomarme un café con Petrus, a las 8:30 emprendo camino hacia Santo Domingo de la Calzada a donde llego a las 10:00 y desayuno en el Parador, enfrente de la catedral con su torre llamada Exenta por estar separada de aquélla. Este templo alberga en su interior un gallinero donde viven permanentemente un gallo y una gallina en recuerdo de la leyenda del milagro del peregrino ahorcado. Aquí se une a mí Roger, joven alicantino que hace el tramo hasta Burgos y juntos salimos del pueblo cruzando el río Oja por la N-120 hasta una pista asfaltada de nueva construcción que despreció y barrió del mapa la antigua ruta jacobea sobre la que se construyeron talleres, naves industriales y la autopista A-12, conduciendo a los peregrinos por senderos con señalizaciones ambiguas que  los confunden y despistan, obligándonos, en nuestro caso,  a recorrer unos 5 km inútiles hasta volver al mismo punto de partida.
De nuevo, olvidándonos del  camino reconstituido y de sus desafortunadas señales, caminamos por la N-120  cuyo discurrir se verá importunado por varios cruces, algunos de cierta peligrosidad ante la falta de visibilidad, hasta llegar a Grañón, el último pueblo de La Rioja. Roger, de unos 25 años, alto y fuerte, extrovertido y todo vitalidad, me cuenta que decidió hacer el camino por apartarse de su preciosa novia búlgara (aquí me muestra su fotografía que pone de manifiesto su belleza) porque lo tiene consumido por los celos y la relación es un sinvivir.  Roger sigue  su narración reseñando todo tipo de detalles, pero tiene un paso largo que yo, después de 6 km, no puedo seguirle el ritmo, por lo que tras prometer vernos de nuevo en próximas etapas, salió disparado como un rayo. Creo que con 6 km más en su compañía podría escribir la mitad de un libro sobre su vida.

Antes de llegar a Redecilla del Camino  entro en la comunidad de Castilla y León, tramo de unos 4 km realizado y acondicionado con poca sensibilidad y con un curriculum merecido: Cortado por pistas de concentración parcelaria, con obras de asfaltado llevadas a los tribunales y con un accidente mortal de una peregrina. Me introduzco en la provincia de Burgos con un sol de justicia por un camino que asciende suavemente en medio de la N-120 –y que no nos abandonará hasta Astorga- y la Sierra de la Demanda, entre campos de trigo, cebada y girasoles hasta llegar a Belorado a las 17:00. Me hospedo en la Pensión Toñi. Mujer de trato cordial interesada en la comodidad y atención de los peregrinos. La habitación tiene un patio con un tendal donde cuelgo la colada de la jornada. El día se oscurece y se aprecia un olor a tormenta que se desata repentinamente en un fuerte chaparrón con rayos y truenos que refresca el ambiente. Y tal como vino se va dejando en su lugar un sol resplandeciente. Después de duchado me pongo crema en los pies, sustituyo los apósitos y calzado con las chanclas me voy a dar una vuelta por el pueblo. Termino en el Restaurante Etoile; me siento en la zona de cafetería en la que hay el consabido bullicio originado por el partido de fútbol en la tele y me tomo una Estrella Galicia con unas patatas bravas para ir haciendo boca. Mediado el partido entro en la zona restaurante y ceno unos champiñones a la plancha y unas carrilleras al vino tinto con un puré cremoso de patata, asistido por un rioja Carlos Serres crianza 2018 por copa, abierta la botella en mi presencia. Dejé mis parabienes por la comida pero también mi reproche por no incluir en la carta vinos de la Ribera, ya que estábamos en la provincia de Burgos a cuya denominación pertenece, y para que una carta de vinos sea atractiva debe, al menos contener una selección de la propia zona para seducir y satisfacer a clientes foráneos. Pero como dejé dicho, ese incentivo refleja la poca ambición y la falta de estímulo y aspiraciones del restaurante que son las que dan categoría al establecimiento. Me voy a dormir.
 

 8. De Belorado a Burgos 51,300km
 Mayo 2021. Domingo 30


Una vez atendidos mis pies con la rutina del adobo y vendaje y perfectamente acoplados a calcetines especiales calzo las zapatillas Salomon XA PRO 3D v8 Gore-Tex y me pongo a caminar a las 6:30 para comenzar esta dura jornada diseñada desde hace tiempo. El camino discurre paralelo a la N-120. Hasta Espinosa del Camino (Km 9) el trazado es suave, después se recrudece un poco con tramos ondulantes hasta Villafranca Montes de Oca (Km 12) a donde llego a las 8:50 con la intención de desayunar pero no hay nada abierto!! El pueblo, íntimamente ligado a la ruta jacobea y en plena N-120, de donde parte la travesía de los Montes de Oca, que a lo largo de sus 12 km no hay ni siquiera una fuente, tiene cuatro establecimientos de hostelería, con servicio de bar, restaurante y alojamiento y una panadería con horno de leña; pero a las 8:50 de la mañana del domingo todos sus habitantes están durmiendo. Saco del bolsillo de la mochila un  par de barritas energéticas y frutos secos y con el agua de que me había provisto comienzo la subida por un camino empinado de cantos rodados entre una espesa niebla. En la fuente de Mojapán (con la indicación de no potable) doy alcance a Charlotte, una joven francesa de Nantes con la que camino a su lado y no en su compañía hasta San Juan de Ortega; su nombre y su procedencia fue lo único que conseguí sonsacarle. En el Camino también te acompañan los silencios de otros, para quienes las preguntas son los pasos y sus respuestas la distancia.  Hay fuertes desniveles y alguna que otra rampa dura y la tierra arcillosa y mojada se pega a las zapatillas dificultando la marcha. El trayecto esta inundado de grandes charcos porque hace dos días que ha llovido fuertemente y una intensa tromba de agua provocó varias inundaciones en Burgos. Voy entre robles, enebros y brezos  por una pista forestal con un tramo de cañada de unos cincuenta metros de ancho con  profusión de anuncios prohibiendo coger setas, encuentro también cierres de portillo y canadienses para los animales y  llego a San Juan de Ortega y el Bar-Albergue El Descanso de San Juan me recibe al lado del río con media tortilla buenísima y un par de Estrella Galicia. Descalzo comparto comida y charla con varios peregrinos y en una esquina tomando un café veo a Charlotte  con barro hasta las rodillas e inmersa en una guía del Camino. No pude visitar el monasterio y su iglesia del siglo XII porque lo abren al público a las 13:00. No está hecho el Camino para peregrinos madrugadores. 

Sigo por camino carretero hasta el pueblo de Agés de arquitectura popular castellana con edificios entramados de madera y enfoscados de argamasa y me tomo otra cerveza en el mítico bar El Alquimista, y Amapola, su dueña, me estampa el sello hechicero en mi credencial con una dedicatoria gráfica y cariñosa. Llego a Atapuerca, me acerco al centro de recepción de visitantes pero sin reserva y con el coronavirus merodeando no puedo entrar. Continúo con mucha prudencia por uno de los peores tramos del Camino con una subida muy pedregosa delimitada por alambradas de espino que deslindan la zona de una base militar con carteles anunciando peligro constantemente –quizá por alguna bala perdida-, prolongándose el  tortuoso camino pedregal hasta desembocar en el alto páramo con una gran cruz de madera desde donde se ve Burgos; aquí el camino se disipa y vuelve a aparecer entre campos de trigo, cebada y moles de pacas de paja del cereal ya segado, bifurcaciones sin ninguna flecha amarilla. Me guío por la vista de Burgos y sigo la pista que creo más conveniente y acierto: la señal está tirada y oculta entre el trigo verde. ¡Hace un sol de carallo! Y calor también. Estoy casi sin agua cuando paso sobre la A-1 por un camino asfaltado que bordea el aeropuerto y me conduce a la gasolinera de Villafría, barrio de Burgos, en la N-1, a 7 km del centro, en donde bebo agua y compro una botella grande para lo que resta. De aquí al centro es un paisaje urbano e industrial que camino  por la acera del margen izquierdo que es el que tiene árboles y se hace interminable. Por fin Burgos a las 17:50. Los albergues municipales cerrados a cal y canto. Me hospedo en el Hotel Norte y Londres en el centro histórico de la ciudad, antiguo pero con encanto y muy barato. Escucho desde mi balcón el murmullo de la gente en las terrazas de la plaza. Me doy un  baño de agua muy caliente hasta que los  pies se quedan arrugados. Como estuve en Burgos en varias ocasiones y conozco su imponente catedral y su patrimonio artístico, me dedico a ruar por el casco antiguo, a mezclarme con la gente, explorar con el olfato y el gusto y tomar un par de vinos en Casa Pancho, en donde la barra está a tope, aunque en Galicia  la normativa sobre el coronavirus todavía prohíbe servir en la misma. Me hago un hueco y me tomo unos vinos con los pinchos más populares de esta ciudad: El Cojonudo y La Cojonuda. Sobre rebanada de pan tostado en la plancha  se pone chorizo picante (cojonudo) o  morcilla de Burgos (cojonuda), ambos acompañados de un huevo de codorniz a la plancha y pimiento rojo con un toque de pimienta. Riquísimos.

Ceno en el restaurante Los Herreros unos corazones de alcachofas tiernas en salsa verde con almejas y gambas, continúo con un lechazo de Burgos regado con Condado de Haza crianza 2017 y remato con el postre del abuelo (requesón, membrillo y nueces). Y tras un pequeño paseo por los aledaños de la catedral el homenajeado se va a dormir.
 Continuará...
 

De Roncesvalles a Compostela (IV)
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