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Podríamos querer ser libres

gregory

Título: Who killed little Gregory?

Director: Gilles Marchand

Plataforma: Netflix

LES PODRÍA HABLAR Gregory, una serie documental francesa, basada en un caso que sucedió en los inicios de los ochenta en un pueblo francés. Una historia estremecedora que, si se ve en horario nocturno, se corre el peligro de no dormir. Un niño de cuatro años es asesinado, su cadáver aparece en el río, atado de pies y manos y con la cabeza tapada con su propio gorrito.

Les podría hablar de eso y de que los capítulos van entrelazando una historia que es como una pesadilla y que en lugar de ir aportando pistas y aclarando cosas, lo que hace es sumar dudas, acrecentar la incertidumbre atroz de un caso sin resolver. Uno de tantos.

No les descubro nada si les digo que, a día de hoy, lo único que existe de esta historia es la víctima. Todo lo demás es un sinfín de comportamientos extraños, actitudes sospechosas, mentiras que aparecen y desaparecen como una ola rompiendo en la orilla, con toda esa fuerza y con todo ese rastro que deja a su paso. Nada está claro salvo la muerte del niño. Es esa certeza trágica la que va arrastrando unas consecuencias horribles, tristes, devastadoras.

Les podría hablar de la familia, no porque sea Navidad, sino porque el documental intenta ahondar en ese edificio, por veces caótico, por veces inquebrantable, decididamente extraño, peculiar. Cada familia tiene sus servidumbres. Su propio monstruo. En esta parece que hay clanes, divisiones, envidias, celos, ambiciones, venganzas. En cuál no. Pero en esta, además, hay fuerzas que tiran demasiado de las pasiones, que emprenden un camino sin retorno posible.

Les podría decir que, aparentemente, cada miembro tiene algo que ocultar, algo de lo que avergonzarse, algo de lo que presumir, algo de lo que sentirse poco orgulloso o arrepentido. Y también que cada miembro —que es decir mucho porque la familia es numerosa—, parece ir por la existencia con una duda cargada a la espalda. Una pregunta sobre sí mismo o sobre sí misma que pesa, o parece que pesa, una barbaridad. Esa carga, a los ojos de los espectadores, se traduce casi inmediatamente en sospecha. Es una reacción visceral, difícil de evitar, que a la velocidad del rayo hay que pasar por la razón, para no caer en injusticias horribles.

Sin embargo, ahí están, enmarcados en esas imágenes de aquella década, cuando todos éramos una especie de otros, raros, con indumentaria irreconocible a día de hoy, con peinados que no se pueden calificar exactamente como de otra época sino como de otra galaxia. Un universo que no solamente hace daño por lo que cuenta sino por lo que nos hace ver. Podría contarles que la sensación da algún escalofrío que otro.

Y además están los medios de comunicación. En realidad nada de lo que pueda decirles al respecto es nuevo, no es nada que no sepan ya. Necesitaríamos mucho tiempo y muchas ganas para encontrar el punto correcto entre el concepto de informar y el concepto de abusar, el del derecho a la información y el derecho a la intimidad. En la serie parece evidente la falta de equilibrio entre ambos. Pero no es, desde luego, un conflicto que se agote con este ejemplo. Podríamos seguir con esto, otro día.

Les podría hablar de seis capítulos muy inquietantes y que, desde el principio, perturban. Que tienen un halo de negrura más allá de lo convencional. Si quieren una recomendación, mejor a plena luz del día. Que sea posible aún escuchar otras voces, otros ruidos cotidianos que nos pegan a nuestro pequeño mundo tranquilo. En caso contrario, corren el peligro de sufrir algún desconocido arrebato de miedo. Y créanme, no resulta agradable.

Les podría hablar del pequeño Gregory y tratar de dilucidar esta historia de lo más hostil. Pero es Navidad. Así que prefiero acabar con un poema de la magnífica poeta Anne Carson que se titula Podrías y que dice así: "Si no eres la persona libre que quieres/ ser, busca un lugar donde puedas/ contar la verdad sobre ello. Contar/ cómo te va con todo. La franqueza es/ como una madeja que se produce a diario en el vientre, tiene que desenrollarse en algún lado...". A esta familia les faltó, les falta todavía ese lugar. A esta, y a todas las demás.

Que sean libres y felices.

Podríamos querer ser libres