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Flechazos

Si le diesen más tiempo, más de uno se enamoraría de Toni. Esas cosas ocurren

EN CUANTO lo vi, supe que había ido bien. Me contuve para no preguntar, aunque me moría de ganas. Disimulé hablando de esto y lo otro, haciendo tiempo hasta sentarnos a la mesa y dejar que contase su historia. Me encanta cuando Toni, normalmente en la orilla de las conversaciones, nota que tiene nuestra atención y se lanza a hablar con esa mezcla de timidez y extrañeza por sentirse protagonista, comprobando que no aburre a nadie, pidiendo permiso con la mirada.

Honestamente, habría apostado por que la cita sería un fiasco. El día anterior me había enseñado la foto del chico. Unos treinta años, atlético, ojos rasgados, vestido con una camiseta de fútbol. Conozco a Toni desde hace siglos y alguno de sus ligues me ha dejado sin respiración. Sin embargo, en octubre cumplirá cincuenta y cinco, y los años pesan de otra manera en esas aplicaciones.

Viéndole disimular su entusiasmo, me sentí aliviado. Sabía que su mala racha duraba más de lo normal y me preocupaba que empezase a pensar que no era solo una racha. A estas alturas, mi amigo no se engaña, sabe qué puede esperar de Grindr, pero todos tenemos alguna tarde de domingo en la que bajamos la guardia y pensamos que tal vez hoy será diferente. Esas son las citas peligrosas.

Si le diesen tiempo, más de uno se enamoraría de Toni. Esas cosas ocurren. Hace años, tuve un compañero opuesto a lo que siempre me había atraído. No sé cómo sucedió, ni siquiera me di cuenta, pero, a los pocos meses, habría dado un brazo por tener una mínima posibilidad con él. Ese chico me volvió loco.

Aunque los niñatos a los que Toni persigue ni siquiera entienden a qué se dedica, mi amigo es brillante. Cualquiera que lo escuche cinco minutos se dará cuenta de que es una de esas personas que mejoran la vida de uno. Sin embargo, no debemos perder de vista que, en un lugar donde la gente se presenta con fotos de pectorales, el hecho de ser un genio o un idiota importa una mierda. El chico trabajaba en la FNAC. Lo invitó a casa y, en cuanto llegó, vio en las pupilas que había tomado éxtasis. Toni no entró en detalles, pero era evidente que el sexo había ido bien. El chaval se marchó enseguida. Tenía que pasar por su óptica. Todos decimos chorradas así cuando queremos desaparecer. Mi amigo llegó dando por hecho que no habría segunda cita y, un par de horas después, comprobó que le había bloqueado. Pese a todo, Toni parecía pletórico. Había comprobado que aún tenía tiempo.

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