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El chef noruego

Diederik Johansson, reputado chef noruego, había aceptado la oferta de una productora de televisión para protagonizar una serie, Matlaging rundt om i verden. El formato no era novedoso. Se trataba de ir por el mundo cocinando lo que tocara: una interpretación de platos nórdicos con ingredientes locales, o al revés, o lo que quisiera en cada momento. Las dos primeras temporadas se habían resuelto con grandes índices de audiencia. Johansson era un gran comunicador, daba muy bien en pantalla, era ocurrente, sus platos eran relativamente fáciles de cocinar y el explicaba cada paso con sobrada soltura. 

Historias do CamiñoPara la tercera temporada, la propuesta varió. Le ofrecieron hacer el Camiño de Santiago preparando cada día un desayuno, una comida y una cena, a diferentes familias gallegas que tuviesen una casa junto al Camiño. En cinco días, si los técnicos trabajaban como animales, tendrían quince episodios, de los que en principio descartarían tres. A Diederik Johansson le pareció buena idea. Tras leer la escaleta completa de la serie, decidió hacer el Camiño de verdad. La otra alternativa era llegar con el equipo a la casa en cuestión y hacer tiempo mientras montaban las cámaras, probaban el sonido, preparaban a los anfitriones, que no eran profesionales del medio, hacer luego el desayuno y al acabar salir pitando al lugar de la comida para repetir la operación y luego lo mismo para la cena. Estaba en forma, le gustaba caminar y hacer el Camiño es una idea que siempre se ha paseado por la cabeza de todo el mundo. Una experiencia. 

Dado que durante los cinco días se preveía buen tiempo, el equipo de producción había seleccionado casas que tuviesen una buena zona exterior, un porche, una huerta, un hórreo. Eso siempre funcionaba, como funcionarían los planos de recurso de peregrinos caminando por delante. El cocinero sólo tenía que echar a caminar, detenerse en la casa señalada, cocinar un rato y seguir caminando. Era un buen proyecto. Nadie imaginaba cómo evolucionaría; mejor dicho, todos imaginaban que sería diferente a lo que sucedió. 

El primer día, tras caminar menos de media hora, llegó a preparar el primer desayuno. Estaba todo montado y todo el equipo listo. Unos cuantos curiosos se habían detenido al ver el despliegue técnico. Le presentaron a la familia anfitriona, y mientras por medio de una intérprete hablaba con ellos y les iba preguntando por su vida, cosa que siempre hacía, se puso a preparar unas tostadas con tomate, aceite de oliva y salmón ahumado, una cosa sencillita. El secreto estaba en las hierbas aromáticas con las que aderezaba el asunto. 

Al acabar el desayuno con la familia, Diederik Johansson vio a los miembros del equipo muertos de hambre. Siempre pedía abundancia de ingredientes por si había que hacer varias tomas, así que se puso a hacer tostadas para sus compañeros y ya que estaba, para los curiosos, que ya eran un par de docenas de peregrinos. Al acabar echó a caminar. Viendo que allí ya no tenían nada que hacer, todos los peregrinos continuaron también el Camiño. Con su pésimo inglés, trató de explicar a algunos lo que estaba haciendo allí, la tercera temporada de Matlaging rundt om i verden, una exitosa serie noruega sobre cocina. No se sabe muy bien por qué, el Camiño funciona como la entrada de un hormiguero. Uno ve a miles de hormigas y cada una parece que está haciendo algo diferente, pero se comunican y al final cada una hace lo que tiene que hacer pero a su manera, y funciona todo como una maquinaria perfecta. 

Cuando llegó a la siguiente casa a preparar la comida se había corrido la voz de que había un cocinero del Norte haciendo comida para los peregrinos. Había medio centenar esperando y tras él un par de centenares más. La directora de la serie y el jefe de producción se acercaron a él histéricos. Con todos esos mirones por todas partes, dijeron, los planos exteriores eran imposibles, como la charla con la familia anfitriona. 

-Vel, vi mater dem alle -dijo encogiéndose de hombros-. Siden de er her, lager jeg mat til dem. 

Conocían la testarudez de Diederik Johansson, así que, muy enfadados empezaron a hacer llamadas para conseguir platos (el cocinero siempre exigía que si no había vajilla, se utilizaran platos de papel reciclado y biodegradables), cubiertos y un par de ollas enormes, en las que preparó un estofado de costilla de cerdo con patatas. Todos los miembros del equipo que no estaban en ese momento haciendo nada se pusieron a pelar patatas, algunos de buena gana y otros no. 

Hizo comida para unas trescientas personas, pues todos los que iban llegando paraban también y más al preguntar la razón del evento y ser notificados de que había un tío que alimentaba a todos los peregrinos. Las redes sociales empezaron a echar humo y a las pocas horas un vídeo del chef haciendo un rancho para una multitud se hizo un hueco en los noticiarios nórdicos. Por supuesto, también se viralizó entre los peregrinos. 

El jefe de producción llegó a la tercera etapa desesperado. Le dijo al chef que cada desayuno, cada comida y cada cena les estaba costando todo el presupuesto que tenían en total para la tercera temporada entera. Sugirió cambiar las casas con planos exteriores por restaurantes o sitios cerrados. Diederik Johansson se negó en redondo. Insistió en que él cocinaba para toda aquella persona que estuviera delante. Su cocina, dijo, era para disfrute de toda la gente. 

Su fama se extendió entonces mundialmente. El caso de un chef noruego que hacía el Camiño invitando a desayunar, a comer y a cenar a todos y todas las peregrinas, acabó abriendo telediarios y portadas de revistas por el mundo entero. Las dos últimas etapas fueron una locura. A la última comida asistieron más de dos mil personas, que degustaron brochetas de alce y bacalao con una salsa del chef y una ensalada de frutas. 

Guardando las recomendadas distancias, el equipo del programa había montado diez filas para que los peregrinos recibieran sus raciones con rapidez. Todo muy bien estudiado por el jefe de producción, encantado del éxito que había provocado la cabezonería del cocinero, que en adelante convirtió las siguientes temporadas en repeticiones del formato. Ir por el mundo cocinando, no sólo para que lo vieran en televisión o en las plataformas, sino para que cuantos más pudieran, probaran su comida y la disfrutaran al momento tanto como él disfrutaba compartiéndola.

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