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domingo. 03.07.2022
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La llamada divina

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- Yo estaba sentado en el sofá, viendo la tele, creo, o jugando a la consola, no lo sé con total seguridad. Y en eso, tía, que me viene así como un haz de luz, rollo que invade el salón y se me mete dentro, tía, primero en el coco y luego en el cuerpo, ¿sabes? Y es como, qué pasa, pero al instante me di cuenta, meu, y supe que era la llamada de Dios.

Tania Solla. DP
Tania Solla. DP

-¿Pero tú estas seguro? -preguntó Ana escéptica. Se habían conocido media hora antes y más que caminar paseaban mientras Raúl trataba de explicar por tercera o cuarta vez la misma historia-. Es que eso que cuentas es muy raro y tú pareces una persona…

-Simple, dilo. No te cortes. Lo soy. Pero fue un rollo así en plan que te cortas con un cuchillo y ves la sangre y la herida y dices: me corté. Así pero en plan buen rollo. Los caminos del Señor se escriben con renglones inescrutables.

-¿Pero escuchaste alguna voz o algo?

-¡Qué va, nada! No hizo falta, meu. Supe que era la llamada de Dios, ninguna duda. Tengo que dedicarle mi vida, tía.

-¿Eres religioso? -Ana disfrutaba con aquella absurda charla.-¿Yo? No, nunca. Ni me bauticé, ni hice la comunión ni nada. No pisé una iglesia en mi vida y la Religión siempre te la aprobaban. Religión y Gimnasia, así que tampoco sé nada de esos rollos, pero sé lo que sentí, meu. Yo estaba ahí comiendo patatas, de eso sí me acuerdo porque siempre estoy comiendo patatas y vino esa luz y luego se me metió en el cuerpo y sentí que era Dios que me llamaba. Lo supe en plan Cuarto Milenio, ¿sabes?, que vienen las cosas así, como una inspiración de la leche. Entonces comprendí que debía dedicar mi vida a servir a Dios y por eso estoy haciendo el Camiño. No sabía que había tantos japoneses. Está a tope de japoneses, pero el tema es que dije: voy a hacer el Camiño a ver si se me ocurre una misión o tengo una revelación, o un sueño que me diga lo que tengo que hacer, en plan buscando mi destino, meu. Por eso estoy aquí, tía, pero bueno, nadie me cree.

-No, si yo te creo. ¿Y qué Dios era?

-¿Qué? -preguntó Raúl extrañado.

-Que qué Dios era.

-A ver, pues Dios. Sólo hay uno.

-La verdad es que no. Hay miles.

-Tú flipas. ¿Cómo va a haber miles?

-A ver, está Yahvé, que es el de los judíos, el de los cristianos, que le llamamos Dios y también es el de los Judíos, que le llaman Alá. Y eso sólo en las tres grandes religiones monoteístas. Pero por ejemplo, las deidades hinduístas se cuentan por centenares, lo mismo que los dioses aztecas, mayas o incas. Hay montones y montones de religiones y montones de dioses. Si tú no practicas ninguna religión a ver qué Dios vino a verte. Es importante, porque si te llamó uno y acabas sirviendo a otro, no veo yo ahí la lógica.

-A ver, era Dios, no me ralles, yo qué sé. Yo vi la luz y sentí que me inundaba y que era la llamada de Dios y ya está. No es tan complicado, meu.

-Complicado es, que no hay dos dioses iguales. Si hasta en las religiones que comparten el mismo, para los creyentes son dioses muy diferentes. Yo creo que es importante saber quién te llamó, pero bueno, no es asunto mío. Yo hago el Camiño porque me cogí una semana de vacaciones y me apetecía, pero lo tuyo es un problema, tal como yo lo veo. Muchos de estos japoneses que vienen por aquí son sintoístas, que también tienen muchos dioses. Las religiones así se llaman politeístas porque tienen varios o muchos dioses. Las hay en las que un dios puede ser un río, una roca, una montaña.

-Joder, joder joder, y ahora a ver qué hago, tía. Menudo marronazo. ¿Y eso cómo se sabe? ¿Viene en Google?

-No. Google no sabe qué dios te llamó.

-Google lo sabe todo.

-No, eso no. -¿Segura? -Segurísima.

-¡Pero yo tengo que servir a Dios! ¡Es mi misión en la vida! ¿Y ahora qué hago?

-Y luego, cuidado, que si te toca Huitzilopoctli tendrás que hacer sacrificios humanos en su honor.

-¡Matar gente! ¡Ni de coña! Si el Huitzileches ése me conoce no me hubiera elegido a mí. Una vez pisé a una hormiga y casi me muero del mal rollo que me dio, meu. No, ése no fue, fijo. Tuvo que ser un dios enrollado.

-Pues igualmente de esos los hay a miles. Si dedicas cada día de tu vida a servir a una deidad diferente, igual en 10 o 15 años descubres quién te llamó.

-Pero eso es un rollo, tía. Es mucho tiempo.

-Pues espera a que te vuelva a llamar. -Pues eso.

La llamada divina
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