Yolanda Díaz, la otra resiliente

La vicepresidenta segunda del Gobierno y ministra de Trabajo, Yolanda Díaz. EUROPA PRESS
No es descartable ni que se integre en el PSOE sanchista ni que intente volver a la política gallega reinventándose

Al poco de entrar en el Gobierno de Sánchez y durante varios años, la revista Forbes, que publica regularmente la clasificación de grandes fortunas, situó a Yolanda Díaz junto a Marta Ortega como las mujeres gallegas más influyentes, con la política ferrolana muy por encima de la mandamás de Inditex. Se dice pronto. Ungida en su día por Pablo Iglesias, que la nombró su sucesora a todos los efectos, ha tenido un considerable protagonismo en la política estatal, primero como ministra de Trabajo y después también a la sazón como vicepresidenta, además de figura nacional de referencia de lo que va quedando de la autoproclamada izquierda real.

Su buena química con el presidente alimentó desde el minuto uno la teoría de que Díaz acabaría integrándose a título personal en el proyecto sanchista, del que aún sin pertenecer al "nuevo" PSOE viene siendo pieza fundamental. Tal horizonte les parece cada vez más cercano a quienes siguen de cerca la evolución de ese espacio político. Está por ver.

Ahora mismo todo apunta a que en la nueva confluencia de las fuerzas a la izquierda del Partido Socialista —que será una edición corregida pero no aumentada de la plataforma Sumar— Díaz tendrá, si lo acepta, un papel residual, tanto desde el punto de vista orgánico como en el plano institucional. Nada de número uno. No será cabeza de cartel, puede que ni siquiera candidata y desde luego en ningún caso volverá a encabezar la lista por Madrid. Cuando se le pregunta por este asunto, ella no responde a la gallega, pero tampoco aclara casi nada sobre su papel y el de sus incondicionales en esa previsible aventura frentista. Los varios gallegos que se enrolaron con ella en el desembarco ministerial ya tienen asumido que la aventura toca a su fin. Alguno no oculta lo sorprendente que le resulta que la singladura haya durado tanto, con los elementos en contra.

El caso es que toda la izquierda galaica, desde el PSdeG hacia el extremo, da por amortizada a Yolanda Díaz. Nadie contempla la posibilidad de que, tras su etapa en Madrid, quien fue coordinadora de Esquerda Unida, socia de Beiras en Age (Alternativa Galega de Esquerdas) y cofundadora de las Mareas pueda regresar al ruedo político gallego. Lo que tampoco se descarta es que, llegado el caso, lo intente. Por edad y vocación sería lo esperable. Además, ella es experta en experimentos partidistas, en alquimia ideológica y tacticismo. Lo suyo es otra modalidad de resiliencia. Tiene acreditada tanto su capacidad para sobrevivir reiventándose como su habilidad a la hora de desprenderse de compañeros de viaje cuando ya no le son útiles o resultan incómodos. Por eso llegó a donde llegó. Porque siempre tiene clara la hoja de ruta y acierta a la hora de seleccionar la tripulación adecuada. Capacitada, comprometida y muy leal. El resto se cae por la borda.

Galleguismo internacionalista

El profesor Xesús Alonso Montero, originario de O Ribeiro, había nacido en Vigo, donde vivió sus últimos años. Presumía de su condición de hijo adoptivo de Lugo, ciudad en la que ejerció algo más que la docencia durante tres lustros —décadas de los sesenta y setenta— en el instituto y en la Escuela de Magisterio. Durante esa etapa y aún después fue el guía intelectual y político de varias camadas de lucenses, como de miles de gallegos, a los que infundió el antifranquismo y un progresismo comprometido con la lengua y la cultura. La situación del idioma propio de Galicia constituía una de sus grandes ocupaciones y preocupaciones. La publicación, en 1973, de su polémico 'Informe —dramático— sobre la lengua gallega' fue muy contestada desde el nacionalismo. No es que le tuviera inquina, pero desde ese momento la UPG —de siempre núcleo duro del Bloque— que no le profesaba precisamente admiración, contribuyó en lo que pudo a la controversia en torno a su figura.

Pocas etiquetas definían mejor a Alonso Montero que la de "comunista cabal". Porque toda su vida militó en el PC, aunque en alguna etapa no comulgase con el oficialismo y se distanciara de las siglas. Aún así, nunca abdicó del marxismo como teoría política. Sin embargo siempre puso por delante su pasión por Galicia (con "c", nunca Galiza). Él encarnaba el galleguismo de izquierdas no nacionalista, con el que fue consecuente hasta el final. Era un verdadero autonomista y como tal se manifestaba, en línea con su partido, en aquella etapa en la que casi nadie defendía esa fórmula de autogobierno. Nada de estado plurinacional. Mucha gente, no solo en el entorno frentista, no entendió su convencimiento de que, por sentido común, quien tiene la Internacional por himno no puede ser nacionalista. Mucho menos soberanista o independentista. Descanse el paz el alter ego de Pedro Petouto, aquel sabio "mestre subversivo" que burló la censura franquista.

USC : habrá segunda vuelta

Se cumplieron lo vaticinios aquí reseñados hace una semana. Rosa Crujeiras y Maite Flores disputarán a mediados de marzo la segunda vuelta de las elecciones al rectorado de la Universidad de Santiago (USC), de las que saldrá la primera mujer en gobernar la cinco veces centenaria institución académica compostelana. Las otras aspirantes, María José López Couso y Alba Nogueira, quedan apeadas de una carrera electoral en la que partían con escasas posibilidades.

Crujeiras, matématica de formación y profesora de Estadística, que ya de entrada era la gran favorita, fue la clara ganadora del primer envite. Ahora lo tiene todo a favor. Resultaría casi imposible desbancarla aunque López Couso y Nogueira llegasen a algún tipo de pacto para ceder sus apoyos o respaldar abiertamente la candidatura de Maite Flores. A la más que probable rectora de la USC se la sitúa en la órbita ideológica de la socialdemocracia, la corriente tradicionalmente hegemónica en San Xerome.

El nacionalismo gallego, con sus propias siglas

El BNG se desmarca de la propuesta del portavoz de Esquerra Republica de Catalunya en el Congreso, Gabriel Rufián, partidario de una lista única de las izquierdas estatales, incluidas las nacionalistas y soberanistas, para frenar electoralmente a la extrema derecha, en claro ascenso en toda España.

Ana Pontón considera que "en Galicia tenemos un mapa electoral muy diferente al estatal y en el que ese tipo de fuerzas políticas no tienen representación". Por eso, dice, "seguiremos concurriendo con nuestras siglas". La líder nacionalista cree "necesario reforzar al BNG en Madrid" para seguir condicionando la política estatal en beneficio de los gallegos.

Reparte culpas al mismo nivel entre Louzán y Rueda

En unas declaraciones radiofónicas de esta semana, el alcalde de Vigo sigue responsabilizando —al mismo nivel— a los presidentes de la Federación Española de Fútbol y de la Xunta, Rafael Louzán y Alfonso Rueda, de que no se haya incluido a la ciudad olívica en la lista de aspirantes a sedes del Mundial de 2030, a pesar de que decayó la candidatura de Málaga, con lo que habría una vacante.

Abel Caballero cree que habrá luz verde oficialmente para Vigo "cuando piensen que no habrá tiempo para hacer la reforma que requiere el estadio de Balaídos". Sin embargo, el regidor vigués tranquiliza a los aficionados asegurando "que lo tenemos o lo estamos haciendo todo para ser sede".