Opinión

El negocio de las apuestas

ME HA impresionado leer en alg√ļn momento que las apuestas deportivas se han convertido en la nueva y principal puerta de entrada de los j√≥venes a la ludopat√≠a y que, en su inmensa mayor√≠a, comienzan a jugar apostando algunos pocos euros a un partido de f√ļtbol o baloncesto. Basta encender la televisi√≥n para ver permanentes anuncios publicitarios que emplean la imagen de famosos y de equipos deportivos como gancho para animar a realizar apuestas. 

Si buceamos un poco nos encontramos con el dato de que la cifra del negocio mundial de las apuestas deportivas ilegales (casi un 85% de las totales) mueve aproximadamente un bill√≥n de euros, m√°s del doble que la droga, seg√ļn la agencia especializada de la ONU.

Con la generalizaci√≥n del uso de internet en los a√Īos 90, las apuestas en l√≠nea y la manipulaci√≥n de la competici√≥n, se convirtieron pronto en un objetivo jugoso para organizaciones criminales ya activas en otros campos como las drogas o la prostituci√≥n, que encontraron un caldo de cultivo √≥ptimo en la miseria y la avaricia humana.

Lo atractivo del negocio se encuentra en que una vez incluidos los gastos de los intermediarios, los sobornos y dem√°s, ama√Īar un partido de f√ļtbol puede costar entre 2 y 5 millones de euros y se pueden llegar a obtener unos beneficios de entre 15 o 20 millones. Una rentabilidad enorme y por un riesgo m√≠nimo, ya que no siempre resulta f√°cil identificar y castigar a los responsables.

Este negocio del juego ha hecho que en los √ļltimos a√Īos haya aumentado la percepci√≥n de corrupci√≥n en las competiciones deportivas y el menosprecio por el juego limpio y los valores inherentes al deporte. 

Probablemente no podamos cuestionarnos la legalidad del juego, ni de las apuestas deportivas, pero s√≠ necesitamos vigilar, regular y evitar que la manipulaci√≥n y alteraci√≥n de la competici√≥n acabe con el deporte y sus valores. 

Encuentro que m√°s all√° del comportamiento delictivo y del enriquecimiento injusto de algunos, se encuentra un ataque a la sociedad en su conjunto y sus valores, adem√°s de jugar con los sue√Īos e ilusiones de los aficionados que son v√≠ctimas de una enorme estafa.

El deporte y la sana competici√≥n, siempre han servido para estimular al ser humano a ser mejor, a lograr su superaci√≥n a ser "Citius, Altius, Fortius" (m√°s r√°pido, m√°s alto, m√°s fuerte), el lema ol√≠mpico ideado por el dominico Henri Didon amigo personal del var√≥n de Coubertin. 
    
Coincidiendo con el Mundial de F√ļtbol se han disparado los esfuerzos publicitarios de las diferentes casas de apuestas y yo no dejo de pensar que todos los entes tienen que reaccionar con rapidez y contundencia, cuando exista, no la certeza sino tan s√≥lo la sospecha, de que una competici√≥n deportiva ha sido alterada para manipular los resultados, porque al menos yo no quiero ver un partido de f√ļtbol pensando en s√≠ estar√° comprado o si dominaran otros intereses distintos de los deportivo/competitivos. 

Los gobiernos tienen que implementar legislaciones que permitan que estos delitos puedan ser perseguidos eficazmente tanto penal como fiscalmente. Los equipos y los estamentos deportivos tienen que saber que se juegan su credibilidad y su marca en cada competici√≥n y los deportistas deben sopesar si su prestigio e influencia social pueden ser puestos a prueba por dinero. 

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