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Ni fuentes ni ciervos

Se suele hablar del amor como una de las cosas fundamentales en la vida. Del amor y de sus extensiones. Matrimonio, familia, hogar, afecto. Todo ello es materia de pensamiento para la Filosofía y de estudio para la Psicología. Se intenta obviar en esta ecuación el peso de la pasión, del sexo, pero cuando hablas con los más jóvenes ganas perspectiva.
Sex Education

SI ALGO viene a demostrar el hablar con los menos maduros, menos adultos, es que el camino hacia la experiencia está plagado de miedos, prejuicios, traumas y dudas que pocos se atreven a verbalizar. Y si la experiencia que se trata de ganar es en asuntos de bajas pasiones, todavía más. El silencio alrededor del sexo es una constante y cuando no se habla de romper el tabú. Por eso es curioso el caso de Sex Education (Netflix).

Fuera de los ensayos y manuales que intentan explicar o analizar el sexo, bien como un fenómeno o como un proceso, es complicado encontrarse con material que luche contra el estigma y hable para todos los públicos, en especial al joven, de todo lo que rodea al placer: consenso, complicidad, gustos, etcétera.

En los tiempos del consumo desmedido de pornografía desde una edad muy temprana, la serie tragicómica de Netflix expone sin pudor lo que en muchas casas o escuelas se niegan a pronunciar. Impedir que la gente tenga la posibilidad de preguntar solo alimenta el mal uso o la privación de algo tan íntimo como disfrutar del único cuerpo que posees.

Precisamente de ese silencio absoluto parte Sex Education, que gira alrededor de la vida de Otis, hijo de una sexóloga de un pueblo inglés que decide abrir una consulta «ilegal» para ayudar a sus compañeros. No solo trata de romper una barrera generacional al desmontar el sexo de todos los adjetivos previos, malos o buenos, naturales o pecaminosos; sino de apostar por la verbalización de los problemas y pedir ayuda profesional cuando algo no se siente correcto.

Sex Education es la ruptura del mito, del consumo de los cuerpos. Al mismo tiempo que aboga por el consenso y la conversación como camino a mayores y mutuos placeres, amplía los horizontes de las identidades y los deseos, los fetiches, las posibilidades y las dimensiones sexuales que hasta ahora orbitan alrededor de la penetración, el fin último. En esta revolución de la pasión es la propia pasión lo que menos importa.

A medida que las consultas sobre tamaños y formas de atributos, fluidos, maneras de llegar al orgasmo o prácticas diversas, se hace latente la existencia de otro silencio, escondido en el primero de quien se niega a hablar sobre sexo.

En las múltiples conversaciones que estos personajes inexpertos intercambian están las dudas que muchos adultos han cronificado y que ahora siguen sin resolver, atemorizados por los términos y las prácticas. Parte de ello es el universo masculino y sus atributos, una parte complicada de la sociedad

que disfruta mientras observa y ordena, pero que acostumbra carecer de las habilidades para comunicar sus preocupaciones o gustos.

Partiendo el propio protagonista de Sex Education, Otis, que no es capaz de relacionarse con chicas de manera rutinaria por culpa -cree él- de su muy liberada madre hasta el director del instituto, un amargado hombre digerido por su trabajo y que trata con férrea disciplina tanto a su mujer como a su hijo, quien lucha contra sí mismo para no decepcionarlos y romper la idea de familia.

A medida que las consultas sobre tamaños y formas de atributos, fluidos, maneras de llegar al orgasmo o prácticas diversas, se hace latente la existencia de otro silencio, escondido en el primero de quien se niega a hablar sobre sexo. Es el de las cosas negativas, el trauma escondido en las rutinas y los intentos por olvidar desde un momento de vergüenza, como mínimo, a un episodio de violencia.

En el silencio sobre el sexo caben las agresiones y abusos, los límites sobrepasados y las líneas rojas. Evitar un tema para no alterar la paz obtenida. Sex Education habla también, entre los problemas de ingenuos y pueriles, sobre la importancia de la salud en el proceso, de la ausencia de fuerza. No se trata solo de lo entendido como violencia, sino de aquello no deseado que traspasa tus espacios personales para provocarte dolor, asco o miedo.

En el proceso de normalizar todo lo referido al sexo, de naturalizar un proceso de por sí natural, se van rompiendo las ideas preconcebidas y surgen preguntas sobre esos impulsos que a veces tenemos cuando la pasión está en su clímax. Qué hacer con esto depende de cada persona y en Sex Education demuestran cómo comunicar es la solución más solvente, la seguridad y convicción en tus actos sigue siendo un pilar fundamental.

Muchas de las artes que se dedicaron a hablar de sexo a lo largo de la Historia lo hicieron disimulando. Era clásico en la poesía antigua referirse a figuras metafóricas para ello, hablar de ciervos que beben de fuentes o manantiales. Atribuyeron valores que no todos entendían. Quizás de tanto encriptar la información llegamos a este silencio y ahora, pecando de obscenidad, sea necesario explicar desde el principio eso llamado sexo.

Ni fuentes ni ciervos
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