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Un silencio robótico

Como muestran muchas películas e historias que conocemos de primera mano, las rupturas amorosas o de parejas no suceden siempre por actos concretos o por un punto de inflexión. En no pocas ocasiones es solo el devenir del tiempo, el agotamiento, lo que es origen de una despedida que todos esperaban sin saber cuándo llegaría.

ALGO ASÍ ha ocurrido con el dúo musical francés Daft Punk, que hace pública su disolución tras casi ocho años de silencio. Pulsando un botón de autodestrucción en un poético vídeo de despedida, los máximos exponentes de la electrónica francesa e iconos mundiales del género anunciaron su intención de separarse y cerrar un ciclo de 28 años.

El enigmático grupo estuvo conformado por Guy Manuel de Homem-Christo y Thomas Bangalter, dos estrellas que se negaron a ser celebridades y de los que, gracias a unas máscaras, no hay una foto desde hace un cuarto de siglo. A pesar de haber vendido millones de discos, su rostro permanece inmaculado para el ojo público y lograron su objetivo fundacional: la música es lo importante, nunca nosotros.

Cuando ambos miembros se conocieron con 12 años lo hicieron precisamente con motivo de la música, el único nexo aparente entre ellos. Sus gustos transitaban espectros que abarcaban a estrellas de rock ya gastadas o cantautores que no gozaban de popularidad, algo que los alejaba del resto de niños del Liceo Carnot, escuela donde también estudiaron Jacques Chirac, Jean Reno, Guy Debord o Gilles Deleuze.

Tras años de amistad, decidieron hacer oficial su vocación y fundar el grupo Darlin’ junto a Laurent Brancowitz, actual guitarrista del famoso grupo indie Phoenix. Durante la corta vida de la banda decidieron inspirarse en los Beach Boys, Michael Jackson y Andy Warhol para hacer maquetas que fueron destrozadas por la crítica, tachándolos de "daft punky trash" ("loca basura punk"). No obtuvieron algún tipo de éxito, pero extrajeron una base que mantuvieron y, lo más importante, el nombre que los hizo famosos: Daft Punk.

Comenzaron pinchando con auténticos vinilos en clubes de la capital francesa, diferenciándose de los demás al recuperar sonidos de los años 70 y canciones que fueron olvidadas

Tras distanciarse del underground más punk que languidecía en Europa, Homem-Christo y Bangalter abrazaron sin arrepentimientos la nueva forma de cultura que vibraba en París, lo que acabó por conocerse como rave. En esas enormes fiestas que duraban días y solo sonaba música electrónica, especialmente house en Francia, decidieron que este estilo era el estanque en el que debían nadar y profundizar para hacerse un hueco en el mundillo.

Comenzaron pinchando con auténticos vinilos en clubes de la capital francesa, diferenciándose de los demás al recuperar sonidos de los años 70 y canciones que fueron olvidadas, pero que revivían gracias a nuevos ritmos. Gracias a esto se granjearon un cierto renombre en un ambiente completamente marginal pero que, de vez en cuando, era visitado por las personas adecuadas.

Durante una rave en el Centro Pompidou, entregaron una maqueta a un productor y lograron su atención, haciendo de la cinta su debut oficial. Tras gozar de un relativo éxito, decidieron que ese era su camino y durante dos años se dedicaron a probar sintetizadores y sonidos de percusión. En 1995 publicaron su segunda canción, Da Funk, y todos los ojos se pusieron sobre ellos. En medio de una ola electrónica y experimental ellos habían logrado añadir contenido y base.

Entonces se encontraron en una situación arriesgada que se convirtió en el auténtico punto de inflexión de su carrera. Tras reunirse con discográficas, tomaron la decisión de firmar con aquella que le garantizase libertad y control creativo, así como la espera necesaria en la producción musical. Renunciaron a dinero, incluso cantidades tentadoras, para mantener el dominio sobre su obra. Tenían tiempo, liquidez, equipo y libre albedrío.

En su primera etapa, Daft Punk prosiguió con la experimentación que en la década de los 90 era hegemónica, pues en los últimos años de siglo y milenio se rompía con todas las estructuras musicales previas y elevaba el culto a la fiesta extrema. Con Homework, su álbum debut, se asentaron como un referente en la electrónica y empezaron a pulir aspectos que terminarían por elevarlos como artistas.

Los espectáculos visuales que acompañaban a su música se hizo casi tan famoso como los ritmos en sí

Conscientes de que el factor visual era crucial para diferenciarse, elaboraron sus máscaras para el anonimato y ahondaron en sus referentes, principalmente mundos robóticos y dibujo japonés. Tras ponerlos en práctica en conciertos y ver el éxito que suscitaban, abandonaron su identidad humana y Daft Punk empezó a reivindicarse como un dúo de autómatas nacidos por la explosión de un sintetizador a las 9 horas y 9 minutos de la mañana del día 9 del mes 9 de 1999.

En su segunda etapa lograron universalizar su sonido, mucho más elegante y pulido que recordaba al mejor Giorgio Moroder. Con el estreno de Discovery en 2001 entraron en el nuevo milenio con un éxito que pervive todavía en la memoria de varias generaciones, One More Time; en cuyo videoclip aparecían marcianos azules animados que luego aparecieron en Interstella 5555. Este corto de anime que Daft Punk encargó a Reiji Matsumoto, ídolo de la infancia del grupo, fue una apuesta por dotar de historia y fondo a la electrónica.

Durante estos años el dúo francés vive su gran momento, viajando por todo el planeta para dar conciertos multitudinarios. Los espectáculos visuales que acompañaban a su música se hizo casi tan famoso como los ritmos en sí. Sin saberlo, habían creado una serie de ritmos y aspectos a tener en cuenta que inspirarían no mucho después a la gran generación de pop y electrónica que engrosan artistas como David Guetta, Gorillaz o Lady Gaga.

Tras un gran éxito, llegó la caída necesaria y con su tercer disco no lograron el apoyo ni de crítica ni de público. Con solo seis semanas de trabajo, Human After All fue recibido como un disco rápido que faltaba al respeto de la propia filosofía de Daft Punk, algo sin tiempo de reposo ni uso inteligente de los recursos y la libertad. Pero gracias a un gran concierto donde remezclaron algunas de estas canciones, consiguieron resarcirse del batacazo.

Tal fue el impacto de este álbum que provocaron una resurrección de la música disco, que experimentamos aún hoy día

La coronación absoluta del dúo francés llegó en 2013 con la publicación de Random access memories, reconocido como el mejor y más elevado de sus trabajos. Aunque volvieron a conquistar el planeta gracias al sencillo Get lucky, el espíritu tras este disco fue motivo de disputa con la discográfica por su largo tiempo de producción, consecuencia del gran número de recursos que utilizaban con tino y precisión, casi de manera obsesiva.

El último disco de Daft Punk forma parte de ese olimpo musical que muchos aspiran alcanzar. La factura de su creación asciende al millón de dólares, como Rumours de Fleetwood Mac o Thriller de Michael Jackson, y el fruto de esa inversión fue una minuciosa búsqueda por recrear lo chic, el funk desde la nostalgia y buscar el futuro a través de lo retro.

Tal fue el impacto de este álbum que provocaron una resurrección de la música disco, que experimentamos aún hoy día, y un cambio de inspiración tanto en el mundo rock como en el pop o la propia electrónica. Hay un mundo musical pre y post Random Access memories. Pero mientras todo estaba a sus pies, el ambiente del que provenían moría de manera irremediable.

Los franceses colaboraron todavía en equipo con de The Weekend, que bien podría ser su discípulo, y su huella puede apreciarse, ya por separado, en los últimos trabajos de Charlotte Gainsbourg o Arcade Fire. Siguiendo con su propia filosofía, los ya ex Daft Punk parecen negarse a renunciar a sí mismos y abandonan la fiesta mientras todavía suena la música. La suya, en concreto.

Un silencio robótico
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