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Último viaje a Waterloo

La nostalgia se ha convertido en uno de los activos más codiciados. El pasado, la memoria, los recuerdos; todo se vende bajo un nuevo envoltorio y apela a las emociones más puras. Así como muchos personajes de otra era han vuelto de manera excepcional, la mítica banda de pop Abba anuncia nueva música tras más de 40 años. El cuarteto sueco nunca llegó a disolverse, no hubo un comunicado o declaración. Solamente dejaron que un silencio momentáneo se prolongase hasta el límite de no poder romperlo, pues todos los integrantes habían echado raíces fuera del grupo. Pero ahora se ha hecho público el plan que la banda al completo llevaba años programando con recelo.
Abba
Abba

CON LA PUBLICACIÓN de dos canciones originales, fieles al sello de Abba, se confirma una última y diferente era en la carrera de uno de los grupos más influyentes e importantes de todos los tiempos. Voyage es el título del álbum, disponible en noviembre, y ese viaje final será como ningún otro antes: una gira en la que cantarán hologramas con el aspecto de los suecos en los años 70, reviviendo su mejor momento.

La trascendencia de Abba en la cultura popular, gracias en parte a las películas y espectáculos que recuperan su música en nuevos contextos, es difícil de comparar a la de otros artistas y más teniendo en cuenta que su carrera duró tan solo 10 años. Sin embargo, este amor desenfrenado hacia el grupo por parte de críticos y público no siempre fue así, ni siquiera la industria supo ver en su momento el potencial de cuatro jóvenes.

Abba es el acrónimo que surge de mezclar las iniciales de los nombres de sus integrantes: Agnetha, Björn, Benny y Anni-Frid, conocida como Frida. Pero algo tan básico como encontrar un nombre al grupo fue un laberinto.

Los hombres del grupo, Benny y Björn, ya estaban en sus propias bandas antes de formar Abba. Benny hacía versiones al sueco de éxitos internacionales y comenzaba a componer sus propias canciones. Björn, por su parte, formaba parte de The Hootenanny Singers, un grupo de bastante éxito entonces gracias al renacimiento entonces del folk en Suecia. Ambos coincidían a menudo tras los escenarios y comenzaron una relación profesional. Agnetha grabó su primer disco con 17 años y antes de formar Abba, contaba en su currículum con cuatro álbumes y más de 15 sencillos. Hacía canción ligera de estilo alemán, adaptando éxitos extranjeros también, y los llevaba de gira principalmente por los folkpark, parques diseñados por sindicatos para el entretenimiento de la clase obrera. Frida era una cantante curtida ya antes de Abba, pues llevaba desde los 13 años cantando jazz en diferentes agrupaciones por todo el país. En el verano de 1967 ganó un concurso nacional y gracias a ello consiguió un contrato grande con una discográfica, además de la aparición en un popular programa de televisión.

Ninguno era anónimo y, por pequeño que fuese, cada uno tenía su público. Sus antecedentes musicales eran muy diferentes entre sí y las colaboraciones no eran algo tan frecuente como hoy en día, de ahí que no hubiese arrojo para lanzarse a formar la banda. Pero Stig Anderson, tuvo ojo y oído para captar su potencial.

Se ayudaban como una gran comuna creativa, prestándose sus talentos, pero en ningún momento se fundían en un solo ente

Los chicos conocieron a las chicas como se hacía en aquel entonces si tenías alguna canción medianamente exitosa. Frida conoció a Björn a través de un concurso de talentos en 1963 y a Agnetha gracias a un programa de televisión en 1968, y al año siguiente Björn conoció a Agnetha y tras un par de reencuentros se formalizaron como pareja. Benny, amigo de Björn, pasó a formar parte del grupo de manera natural.

Se ayudaban como una gran comuna creativa, prestándose sus talentos, pero en ningún momento se fundían en un solo ente. Pero en 1970, cuando los cuatro estaban de vacaciones en Chipre, comenzaron a cantar al unísono en la playa, levantando el espíritu de los presentes y aquel acto de mera diversión terminó como una presentación ante los Cascos Azules de la Onu. 

A finales de ese mismo año presentaron el espectáculo de cabaret Festfolk, pero resultó un fracaso que los envió de nuevo a sus proyectos individuales. Frida proseguía con sus intentos de triunfar con el cabaret y el jazz en Estocolmo, Agnetha interpretaba a María Magdalena en la producción sueca de Jesucristo Superstar recibiendo buenas críticas, Björn continuaba con su grupo y ocasionalmente se unía a Benny para experimentar con sonidos y melodías, pero sobre todo con las voces.

Gracias al esfuerzo de ellos y el uso como voz principal de ellas, una canción titulada People need love se convertía en un sencillo de éxito local, pero que suponía el primer hito de su carrera, además de anticipar un cambio en su sonido. Decidieron grabar un disco.

Para potenciar su sonido decidieron usar el wall of sound creado por Phil Spector. Esto fue uno de los sellos que acompañaría siempre a Abba. Pero sin un nombre para la banda, no había nada. Stig Anderson comenzó a llamarles Abba porque el resto de nombres que escogían eran muy complicados. Tras un intento fallido al presentarse al Melodifestivalen en 1973, la preselección para Eurovisión en Suecia, no se rindieron y explotaron aquel escenario para hacerse un hueco mayor en el mercado de su país. Y en el mismo evento, pero en 1974, siendo Abba ya un nombre con cierto potencial, se alzaron con la posibilidad de representar a su país en Europa con ‘Waterloo’, una canción diferente y que rezumaba glam rock.

La revista Disc Magazine lo explicaba con concisión en un titular: "Después del 6 de abril de 1974, el Festival de Eurovisión está muerto"

La historia ahora es conocida. Abba arrasa en Eurovisión con su canción con referencias a Napoleón y su fama es imparable. La revista Disc Magazine lo explicaba con concisión en un titular: "Después del 6 de abril de 1974, el Festival de Eurovisión está muerto". La hazaña de Abba se consideraba irrepetible y un momento único en el tiempo. Waterloo se convierte en su buque insignia y un éxito internacional.

Sin embargo, el rumor de ser flor de un día los rondaba. Habían cancelado varios conciertos por no  vender suficientes entradas y el tirón comenzaba a decaer. Ni siquiera interesaban ya sus extravagantes atuendos, criticados pero que vestían para evitar impuestos, porque la ley sueca permitía desgravarse la ropa considerada hortera como para vestir en público.

Decidieron lanzar Sos como su nuevo sencillo y en 1975 vuelven a la primera línea, su fama permanecía y en Reino Unido se afianzaban. Entonces comenzaron a trabajar en su cuarto álbum sin que nadie se lo pidiese. Algunas de sus antiguas canciones fueron creciendo entre el público, como Mamma mia o Fernando, colocándose en puestos que pocos conseguían con canciones no pensadas para ser éxitos.

La fiebre de Abba es casi mundial, su andanza por Asia es latente y dominan en Europa aunque Reino Unido se resiste por influencia de Estados Unidos, que no termina de entender su éxito. El caso llamativo es Australia, donde logran desbancar a los Beatles en varios récords y donde su documental, al ser emitido en televisión, supera en audiencia a la llegada a la Luna.

Con su cuarto disco llega el sencillo Dancing Queen, presentado en la boda del rey Carlos Gustavo de Suecia. Es un éxito instantáneo en todo el planeta, vendiendo más de 9 millones de copias y es nombrada por Rollng Stone como una de las mejores canciones de la Historia.

Abba había demostrado su valor en su país, que los había repudiado por atentar contra los valores de entonces, marcados por el progresismo

Su historia en ascendente se relata mediante sucesivos éxitos y números uno, estadios llenos, conquistas país a país, además de ir creando una discografía sólida que, si bien no convencía a la crítica, embaucaba al público como pocos grupos habían podido hacerlo antes. Abba había demostrado su valor en su país, que los había repudiado por atentar contra los valores de entonces, marcados por el progresismo. Su éxito era tal que hasta en la Unión Soviética se vieron obligados a pagarles con pretróleo por el bloqueo al rublo.

Pero la maquinaria comenzaba a resentirse y para cuando quisieron lanzar su sexto álbum, no todo era tan sencillo. Las letras no fluían junto a la melodía y los juegos de palabras les parecían ñoños. Habían crecido y necesitaban avanzar. Su método hasta entonces había sido impecable: un disco al año.

Las crisis internas generadas por los divorcios de ambos matrimonios que integraban el grupo parecían advertir el declive de una verdadera década de éxitos. Agnetha comenzaba a demandar públicamente una vida familiar y se mostraba cansada de ser una chica pop, mientras que sus compañeros pensaban lo mismo,  pero no lo expresaban.

Con The Visitors, su último disco y el primero de un artista en ser formato CD, Abba firmaba sin saberlo el inicio de su silencio. La madurez en sus letras y un sonido magnánimo como nunca antes habían hecho y este sería su mayor logro en toda su carrera, pero nadie pudo prever que se acabaría el fenómeno sin hacer ruido. El descanso anunciado era "temporal", según ellos mismos. A lo largo de estas décadas de silencio, en el que lanzaron Abba: Gold, su recopilatorio y uno de los discos más vendidos de todos los tiempos y muchos otros espectáculos en su honor, se ha ido conociendo parte de la verdad.

Agnetha necesitó de terapia tras su divorcio y al poco tiempo perdió a sus padres. En un huracán de caos decide entablar relación con uno de sus muchos acosadores sexuales, un camionero holandés, y termina en tribunales para pedir una orden de alejamiento. También superó una adicción a drogas y alcohol, un fatal accidente de tráfico y una serie de fobias que le impiden llevar una vida común. Vive aislada desde 2004.

Un soldado nazi que durante la invasión Noruega había dejado embarazada a su madre dentro del plan Lebensborn para engendrar hijos de raza aria con mujeres nórdicas

Frida por su parte afrontó en medio de la fama el gran trauma de su vida. Era hija de una migrante noruega y desconocía la identidad de su padre, pero tras recibir el contacto de una joven alemana pudo unir lazos y llegar hasta él. Se trataba de un soldado nazi que durante la invasión Noruega había dejado embarazada a su madre dentro del plan Lebensborn para engendrar hijos de raza aria con mujeres nórdicas.

Además de afrontar una realidad que revivía recuerdos de una dura infancia huérfana, también tuvo que lamentar el fallecimiento de su hija y de su marido, el príncipe Von Paulen de Alemania, matrimonio por el cual ella se convirtió en Su Alteza Serenísima de Plauen.

Benny reveló que durante décadas sufrió de una gran adicción al alcohol que en muchas ocasiones estuvo a punto de acabar con su carrera y con su vida, tanto física como emocional. Lleva casi 20 años sobrio y es un trabajador incansable que monetiza el legado de Abba.

Por su parte, Björn padece una enfermedad desde hace más de una década que le provoca graves pérdidas de memoria hasta el punto de necesitar fotos y vídeos para recuperar su propia historia. Con todo, es un empresario de éxito en lo tecnológico y un defensor de un futuro basado en el dinero electrónico, fruto de un atraco al que sometieron a su hijo.

Con el retorno de Abba en un formato que se niega a reconocer las viejas glorias que realmente son, también se abre la posibilidad de volver a reunir un mundo con más sensibilidades que nunca. Puede que la música que unió a amas de casa, drag queens, universitarios de todo el planeta y gente todos los estamentos sociales, sea el tipo de nostalgia que hace bien a todos, aunque sea en forma de holograma.

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