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Cervantes, coach

Según la RAE,  líder es quien conduce un grupo. Wikipedia, en la primera frase de la entrada de liderazgo habla de habilidades gerenciales y, en el tercer párrafo, de neuroeconomía.
El Quijote. EP
El Quijote. EP

ASÍ ES DIFÍCIL aclararse y, por tanto, muy fácil encontrar un nicho de mercado. No creo que sea una impresión muy desencaminada la de que, cada vez más, vivimos en una sociedad vende-humo. Nadie sabe muy bien lo que quiere, y mucho menos cómo conseguirlo, y eso nos convierte en presas fáciles, descriteriadas y ansiosas de creer. Escuchando conversaciones de teléfono y asistiendo a presentaciones de trabajo, uno tiene la sospecha de que el éxito de cientos o miles de empresas y profesionales, radica, no ya en envolver bien su producto, sino en vender envoltorios. Bonitos, pero vacíos.

Y, en esta situación, yo creo que no hay terreno más abonado para que la ficción triunfe que el de la formación. Y no me refiero a la enseñanza reglada —aunque los planes de excelencia y calidad impulsados de vez en cuando por la Administración darían mucho que discutir—, sino al sector en expansión continua de la formación para adultos, para profesionales, para empresas, en el que el delirante mundo del coaching se lleva la palma pero no está, ni mucho menos, solo.

Leo un artículo sobre liderazgo, ese concepto omnipresente hoy en día en cualquier área profesional. Como es habitual, enumera y analiza las cualidades que debe tener el líder actual, ya sea la ingeniera que dirige la construcción de una planta de energía, un general en Afganistán o, por supuesto, el directivo de una empresa.

Pero el artículo me gusta. Me parece original en sus ideas, y además no trata de presentarlas arropadas por tecnicismos, sino que las expone con sencillez. En resumen, viene a decir que un líder necesita, en multitud de ocasiones, por no decir siempre, una visión global, una perspectiva amplia, y no simples conocimientos técnicos. Que debe tener la capacidad para salirse por un momento de la rigidez procedimental y saber enfocar los problemas desde fuera, desde más arriba. Para lo cual, su formación -llegamos al fin a la formación-, además de la específica de su área, debería ser variada, generalista, completa y algo así como multidimensional.

El perfil de líder que me viene a la cabeza al leer esas propuestas es, sorprendentemente, la de alguien culto, alguien que no sabe de una cosa sino de muchas


Y, leyéndolo, a mí se me ocurre que esa formación, si de verdad pretende proporcionarle a alguien ese bagaje, esa forma de mirar, si busca un conocimiento de la naturaleza humana, unas referencias para no perder el norte en medio del laberinto del detalle, y una capacidad para distinguir lo principal de lo accesorio, para relativizar y valorar con acierto situaciones variadas y complejas, no debería ser ajena a campos como la psicología, desde luego, pero tampoco a otros como la historia, la filosofía, la política, la sociología o incluso el arte, la geografía y la religión. Es decir, una formación que, haciendo cuentas, consiste, curiosamente, en las Humanidades. Las denostadas Humanidades, tan alejadas ellas del mundo real, de los problemas prácticos, del ámbito laboral —ratones de biblioteca aparte—, y ya no digamos del dinero. Y es que el perfil de líder que me viene a la cabeza al leer esas propuestas es, sorprendentemente, la de alguien culto, alguien que no sabe de una cosa sino de muchas, alguien que no se especializa en una burbuja sino que se ha asomado al interior de bastantes, aunque haya sido a la luz de un flexo. Lo cual me parece, sin duda, rompedor: resulta que ser culto ayudaría a entender mejor las situaciones a las que nos enfrentamos, a comprender mejor a los demás y a resolver nuestros problemas. Quién lo iba a pensar, quién se iba a imaginar que la cultura era una herramienta multipropósito.

Pero claro, tal vez dar un baño en Humanidades no sea tan sencillo ni, mucho menos, rápido. No parece fácil solventarlo en unas jornadas, ni siquiera con un máster. Y, si se consigue, probablemente se consiga otra cosa. Así que, llegado a ese punto, me atreví a llevar aún más lejos estas ocurrencias y me planteé si aquello que se pedía para ejercer un buen liderazgo, esa preparación amplia, variada y holística —se dice así—, una formación que faculta para comprender a los demás, para saber, entre otras cosas, que nada de lo humano nos es ajeno, en lugar de con los correspondientes cursos, seminarios, paneles y demás, no podría obtenerse leyendo.
Desde pequeñitos. Leyendo.

Cervantes, coach
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