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Un hospitalero en verso

José Soriano, en el albergue del cenobio de Samos. PORTO
José Soriano, en el albergue del cenobio de Samos. PORTO
El madrileño José Soriano Simón trabaja como voluntario durante 15 días en el albergue del cenobio de Samos y aprovecha sus estancias en el Camino para su otra pasión, escribir poesía

En 2010 el madrileño José Soriano Simón recorrió su primer Camino de Santiago y desde entonces no se pierde su cita anual con la ruta, si bien hace siete años quiso vivir también la experiencia desde el otro lado, atendiendo a los peregrinos y estos días es hospitalero voluntario en el albergue del monasterio de Samos. Sus estancias en el Camino las aprovecha, además, para escribir, inspirando este histórico itinerario muchos de sus poemas.

Natural de Huéscar (Granada) y residente en Madrid, este peregrino completó la primera ruta desde Sarria y desde entonces repite año tras año por distintos itinerarios. Recorrió también el Francés desde Saint Jean Pied de Port, el del Norte, Plata o los Portugueses del interior, de la costa y la variante espiritual. "Cuando te has enganchado al Camino, te falta algo, que es ver el Camino desde dentro", afirma. Y así lo hizo. A través de la Asociación de Amigos del Camino de Logroño se interesó por ser hospitalero y tuvo la primera experiencia en el albergue parroquial de Viana, en Navarra.

Le gustó y quiso repetir, continuando año tras año, excepto en 2020 y 2021 por la pandemia. Después de Viana llegó Samos, donde es voluntario por segunda vez. Está durante 15 días, hasta el 30, tras lo que permanecerá del 1 al 15 de mayo en el alojamiento del monasterio de Las Carbajalas (León). Todo septiembre se trasladará al albergue del cenobio portugués de Vairao, ubicado entre Oporto y Vila do Conde.

Habitualmente realiza períodos de voluntariado de 15 días, pero, en función de la disponibilidad, puede hacer otros, aclara Soriano, de 70 años. "Me siento bien tanto haciendo el Camino de peregrino como de hospitalero. Cuando llega tu edad de jubilarte es un momento genial para sentirte más útil, es muy gratificante", afirma.

En la ruta jacobea aprovecha para cultivar su otra afición, la poesía. "Escribo desde los 14 años, pero, como pasa siempre, hasta que te jubilas no tienes tiempo. A los 63 edité mi primer libro, se vendió y edité otro", cuenta el madrileño, quien fue empresario. El Camino es el protagonista de algunos de sus versos y estos días el monasterio de Samos o la Capilla del Ciprés también lo inspiran.

TERCER LIBRO. El aljibe del alma es su tercer trabajo, cuyos beneficios se destinan a la fundación Síndrome Down Madrid. "La asociación me lo pidió y recopilé poemas para ellos", explica. De esta obra, "la mitad de los poemas están escritos en el Camino y sobre él hay alguno", cuenta mientras atiende a los peregrinos.

Este año el madrileño volverá a recorrer el Camino, en esta ocasión con uno de sus hijos, tras finalizar su labor como hospitalero en Las Carbajalas. A la hora de completar la ruta jacobea recomienda no hacerlo en verano, recorrerlo a pie y en solitario. Aunque lo hagas sin compañía "nunca estás solo, también conoces a la humanidad", opina. Él se encontró con cientos de peregrinos y pone de ejemplo a un exministro de cultura de los Países Bajos o una holandesa que recorría la ruta desde su país acompañada de un burro después de que la hubieran "dejada plantada en el altar" y pasar una depresión. Es que el Camino, como dice José Soriano, es "una aventura en todos los sentidos".

Su día a día en el albergue de Samos
Su día a día en el albergue samonense comienza tras la marcha de los peregrinos, que deben haber abandonado el alojamiento a las 8.00 horas.

Según explica, se encarga entonces de ventilar el local, lo limpia y desinfecta las literas en las que han dormido los caminantes. También se ocupa de recibir y realizar el registro de los peregrinos, quienes en ocasiones buscan conversar y abrirse con alguien. "En el Camino es muy fácil llorar, hablan y a veces lloran, te están demostrando que están vaciando su interior", cuenta José Soriano.

Vida en la abadía
El albergue cierra sus puertas a las 22.00 horas. Él, por su parte, realiza "vida doméstica" con los monjes del monasterio. Según explica, desayuna, come y cena al mismo tiempo que los benedictinos. Además, duerme en una celda de la abadía.

Un hospitalero en verso
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