Última llamada a la coordinación
Ya no son turbulencias. Lo de los aeropuertos gallegos es un auténtico descalabro, con Lavacolla, la otrora joya de la corona aeroportuaria gallega, cuya pujanza a principios de siglo llevó a unos nerviosos gobernantes portugueses a regar de millones Oporto —en una decisión que se reveló acertadísima—, cayendo en picado.
Hoy Sá Carneiro mueve el triple de pasaje que las tres terminales gallegas e incluso se permite la ironía de colgar un rótulo que reza 'O aeroporto de tódolos galegos'. Si en Galicia sobran o no aeropuertos es un debate ya estéril. Hay tres y hay que abonar ya el terreno de la coordinación, desterrando los gérmenes del localismo. Es la última llamada para remontar el vuelo.