Mundial 2030: la pelota en el alero
Tal y como está hoy la cosa, Galicia no acogerá partidos del Mundial de fútbol de 2030. A Coruña tiró la toalla, mientras la candidatura de Vigo sigue en el aire, mal que le pese a Abel Caballero. De la posibilidad razonable de albergar dos sedes se pasó a ninguna, por ahora. El tiempo corre, pero todavía hay margen para que los gallegos podamos asistir en Balaídos a ese gran acontecimiento que se celebra cada cuatro años y que va mucho más allá de lo deportivo. Es un fenómeno sociológico global. Albergarlo –algo que puede suceder en una única ocasión en muchas décadas–, además de generar millones de euros, es motivo de orgullo colectivo.
Aunque solo sea por unos días, el Mundial sitúa a la ciudad sede en el mapa, en un escaparate planetario. Es una promoción publicitaria con repercusión difícil o casi imposible de obtener por otros medios, no tratándose de urbes emblemáticas o capitales turísticas con atractivo por sí mismas. Otra cosa es que el esfuerzo compense.
Aunque los aficionados herculinos tenían sobradas razones para la desconfianza, la renuncia oficial de A Coruña a la sede mundialista cayó como jarro de agua fría al tiempo que levantaba una polvareda política. El gobierno local, encabezado por la alcaldesa socialista, argumenta fundamentalmente razones económicas. Las arcas municipales no andan boyantes. "Con o sin inversor, la ciudad quedaría hipotecada", aclaró Inés Rey en rueda de prensa, refiriéndose a los más de 100 millones de euros que costarían las obras para aumentar de 32.000 a 43.000 los asientos disponibles en las gradas de Riazor.
"Queremos ser sede, pero no a cualquier precio", sentenció la regidora. El Deportivo, presidido por el dueño de Abanca, Juan Carlos Escotet, nunca estuvo por la labor. Más que diferencias de criterio, hubo roces entre el Ayuntamiento y el club, que sin embargo se pusieron de acuerdo, entre ellos y con la Diputación, para anunciar una ambiciosa reforma en profundidad, no solo del estadio, sino de toda la ciudad deportiva de Riazor y de sus instalaciones, incluyendo el pabellón de Deportes.
Mala noticia por explicar
El conselleiro responsable del área de Deportes de la Xunta, Diego Calvo, a la sazón presidente provincial del PP coruñés, tachó de "muy mala noticia" para Galicia la decisión de renunciar al Mundial en A Coruña teniendo concedida la sede. Además, acusó al gobierno local de "haber mentido durante dos años" sobre la candidatura a la que ahora renuncia: "Se nos dijo que no había uno, sino varios fondos dispuestos a invertir y de repente esos fondos no están", reprobó.
Calvo aclaró que en realidad solo el gobierno gallego llegó a comprometerse con el proyecto y cree que hacen falta explicaciones, las que demanda en forma de pleno extraordinaria el grupo municipal popular, en cuyas filas creen que algo así no puede salirle políticamente gratis al equipo de gobierno de María Pita. Sin embargo, la alcaldesa asegura estar muy tranquila. "En la calle nadie me pidió nunca el Mundial", dice Inés Rey, que probablemente confiaba en que la UEFA rebajara las exigencias.
La autoexclusión mundialista de A Coruña se suma a la de Málaga. Al producirse las dos renuncias, el alcalde de Vigo ve el cielo abierto para que su ciudad pueda acoger la cita mundialista de 2030. Para él, que por entonces tendrá 84 años, es un objetivo irrenunciable, en el que está poniendo todo el empeño político y más.
Caballero insiste en acusar al presidente de la Federación Española de Fútbol, el pontevedrés Rafael Louzán, de poner todas las trabas posibles a la candidatura viguesa, aunque cree que ahora el que fuera destacado dirigente político del Partido Popular se queda sin argumentos. "A Vigo ya no hay quien la pare", a pesar de que, según Caballero, ni la Xunta ni la Diputación parecen estar dispuestas a pagar la reforma de la grada de tribuna para que el estadio municipal de Balaídos llegue a 43.000 espectadores y cumpla ese requisito sin el cual la FIFA no dará su plácet. Como en casi todo, también en esto el ínclito alcalde olívico ve antiviguismo por todas partes.
Una sanidad aquejada de muchos males
Lo de las huelgas en la sanidad empieza a ser una auténtica epidemia. Porque no es una, son dos, simultáneas y superpuestas, que ya duran muchos meses. Por un lado, los médicos no atienden a los pacientes en centros de salud, ambulatorios y hospitales por desacuerdo con la reforma del Estatuto Marco que promueve el Ministerio de Sanidad y, por otro, exigen de la Xunta, que es la competente en esta materia, un verdadero plan de mejora en la atención primaria, al parecer la peor valorada de España por sus usuarios.
A estas alturas, la conflictividad que arrancó en diciembre ha originado la suspensión de cerca de 200.000 actos médicos y tendrá graves consecuencias en las ya de por sí muy elevadas listas de espera. Un "impacto importante", reconoce el conselleiro Gómez Caamaño, que se está enfrentando a una tormenta perfecta, una situación sin precedentes, incluso con encierros en centros sanitarios. Seguro que cuando aceptó el cargo no se le pasó por la cabeza una situación como ésta, donde el diagnóstico está claro –una pluripatología que amenaza cronificarse–, pero no debe ser fácil dar con la receta.
El crudo enero demográfico de 2026
Ya es primavera en el calendario, pero a Galicia regresa el pertinaz invierno demográfico. Después de siete meses consecutivos de repunte de nacimientos en una racha positiva sin precedentes desde los años 80, la tendencia se invirtió con crudeza en enero. Fue el peor inicio de año en alumbramientos dentro de la serie mensual que maneja el Instituto Nacional de Estadística, y en la práctica la comunidad gallega aportó apenas uno de cada 26 partos registrados en el conjunto de España.
La cosa se agrava aún más en la Galicia interior. Las provincias de Lugo y Ourense apenas fueron natalicios 5 al día. Mientras tanto, no deja de aumentar la mortalidad. En los 31 primeros días de 2026 se registraron en la comunidad gallega 3.576 defunciones, un 6,6 % más que en el mismo periodo del año anterior. Salimos a razón de 115 entierros diarios. Aun así, ganamos población. Somos más porque nos salva la llegada de inmigrantes, que, esa sí, sigue al alza. Y con buenas perspectivas.