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Federico ilustrado

Ilus Ros nos propone en Federico un asombroso viaje por la existencia de Federico García Lorca. Un itinerario a través de su vida y su obra, pero sobre desde su singularidad creativa que se complementa y desborda en esta edición que por sí misma es toda una obra de arte
Lorca
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"YO HE NACIDO poeta y artista como el que nace cojo, como el que nace ciego, como el que nace guapo". En esta declaración personal de Lorca, con la que se abre este libro, nos encontramos ya al creador que se asume como tal, a la persona que todo lo pone a disposición de su talento y capacidad para plantear, desde lo artístico, nuevas rutas por las que conducirnos.

La ilustradora murciana Ilu Ros, a través de este trabajo, nos ofrece al mismo tiempo un nuevo camino para aproximarnos a la genialidad del autor de Poeta en Nueva York, con una propuesta absolutamente deslumbrante, tanto por los contenidos didácticos sobre el personaje protagonista, como por el planteamiento plástico que llena estas páginas de imágenes fascinantes que brotan de toda esa experiencia vital y creativa de un Lorca asesinado en una noche sin luna, cuando él era la luna de la poesía y así, la propia Ilu Ros le devuelve ese satélite para alumbrar la portada de Federico, publicado bajo la cuidada edición de Lumen.

Desde diferentes planteamientos gráficos la vida de Federico García Lorca se narra desde su nacimiento, con especial atención a su familia. Su juventud, su educación, sus primeras amistades del mundo de la cultura, episodios que se van sucediendo en unas páginas en las que lo visual se completa con extractos de obras del granadino, que con sus propias palabras definen lo que fueron cada uno de esos instantes vitales. Su primer viaje fuera de su hábitat que lo llevó a recorrer diferentes rincones de España, entre ellos Galicia, y que recogió en su primer libro ‘Impresiones y paisajes’, también la llegada a Madrid, la Residencia de Estudiantes, su relación con Dalí, la Generación del 27, La Barraca, sus obras de teatro, Nueva York, la llegada de la República y su fusilamiento, devienen en una sucesión de actos que, como en una obra de teatro, representan una de esas vidas simbólicas de nuestra cultura.

Ilu Ros nos presenta un rosario de personajes a los que estuvo vinculado, en los cuales nos muestra su destreza para el retrato y cuya posibilidad de empatizar con el lector aumenta al proponerlos como una suerte de entrevistados que hablan sobre el poeta. Así, Luis Rosales nos cuenta sus últimas horas, o el guarda del cementerio de San José de Granada, narra cómo se realizaban las ejecuciones, o Maruja Mallo y Margarita Xirgú nos ofrecen sus impresiones sobre diferentes anécdotas de su vida.

Todo un universo de creatividad, emociones y esperanzas sepultadas por la sublevación militar que condenó a este país e hizo de Lorca un símbolo de la sinrazón y el odio.

Maravillosas son también sus recreaciones de las diferentes obras de teatro creadas por él. La casa de Bernarda Alba o Bodas de sangre permiten a Ilu Ros ofrecernos auténticos cuadros que recogen todo el sentir de su autor de una manera sorprendente por la capacidad del dibujo por presentar matices y sensibilidades que parten de esos textos clave.

Lo mismo sucede cuando se reinterpretan conocidas fotografías en las que García Lorca aparece junto a sus compañeros de generación, como en el homenaje a Góngora que dio lugar al nacimiento de la Generación del 27 o la famosa fotografía realizada por Pepín Bello en mayo del 36 en un homenaje a Hernando Viñes y que se considera la última fotografía grupal de esta generación. Entre ambas, todo un universo de creatividad, emociones y esperanzas sepultadas por la sublevación militar que condenó a este país e hizo de Lorca un símbolo de la sinrazón y el odio.

Ilu Ros logra que miremos nuestra propia historia a través de los ojos de Federico García Lorca, un viaje al pasado que hace de la cultura quizás el único elemento válido para intentar comprendernos de una manera saludable. Algo similar hizo en su anterior trabajo, Cosas nuestras (Lumen), una novela gráfica en la que, a través de su abuela, planteó una mirada hacia esa generación anterior y que se relaciona con el presente a través de su propia mirada de nieta. La cultura como puente, la cultura como resistencia cívica que, en el caso de García Lorca lo convirtió en faro entre la oscuridad, incluso en esa noche final en la que la luna le negó su caricia, esa misma que le devuelve ahora Ilu Ros, no solo devolviéndole la luna de aquella noche, sino con toda una obra maestra de la ilustración.

Federico ilustrado
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