Antonio Rial Boubeta: "La industria hace negocio causando daño a los menores y lo sabe perfectamente"
Los jóvenes acceden a su primer smartphone poco antes de los 11 años y en primaria más de la mitad ya tiene móvil. A partir de quinto, el 92% usan ya redes sociales, y seis de cada diez se divierte con los videojuegos. Las tecnologías de la relación, información y comunicación son parte de la vida de los niños y adolescentes. Les proporcionan fuentes de aprendizaje y desarrollo personal, canales de amistad y vías de ocio, pero su uso también entrañan riesgos.
Director científico del estudio Infancia, adolescencia y bienestar digital de Unicef España, "la investigación de mayor alcance a nivel mundial sobre el impacto de la tecnología en la infancia y la adolescencia", Antonio Rial Boubeta (Cangas, 1970), profesor de Psicoloxía Social de la Universidade de Santiago (USC) ha analizado sus luces y sombras con cerca de 100.000 de ellos.
Primer acceso al móvil a los 10,8 años, cerca del 93% de los alumnos de secundaria tienen uno propio, casi todos están registrados en al menos una red social, en torno a un 9% las usa más de 5 horas al día... ¿Qué nos dicen estos datos?
Que la tecnología no es inocua en la infancia y en la adolescencia. También que la llegada de un móvil a la vida de un niño con 10,8 años de media pasa factura. Este estudio, el mayor a nivel mundial sobre el impacto de la tecnología en los menores, ratifica que estamos ante un problema de salud pública, como advierten la OMS y la Unesco desde hace años. La razón es que, a edades tempranas, es mayor la vulnerabilidad. Es menor la capacidad de autorregulación. Y los datos evidencian que merma su calidad de vida.
¿De qué manera?
Estamos hablando de diferentes aplicaciones y diferentes riesgos. Pueden ir desde los videojuegos y las redes sociales, al porno y las apuestas online. Y cuando hay un uso desadaptativo de cualquiera de ellos se observa un peaje en términos de salud, tanto físico como mental. Con este estudio queremos aportar evidencia de ello. Y lo que hemos visto es que los problemas ansiedad o de depresión se triplican y la tasa de riesgo suicida se multiplica por tres o por cuatro.
"La llegada de un móvil a la vida de un niño con 10,8 años de media pasa factura física y mental"
También se verá en su día a día.
Sí. La principal fuente de conflicto a nivel familiar está en el uso de los móviles, las táblets y las consolas. También son fuente de conflicto en los centros educativos. Hemos entrevistado a 7.500 profesores y más de la mitad dicen que hay serios problemas con el tema.
Desde la desatención en clase al ciberacoso, supongo. El 25% del alumnado ha sufrido victimización escolar y el 8,3%, cibervictimización.
Efectivamente. Hay un peaje a nivel incluso de higiene del sueño, porque los niños llegan dormidos al colegio. Eso influye también en su rendimiento atencional, en su desarrollo cognitivo e intelectual.
¿Cómo se puede detectar cuándo están empezando los problemas?
Pues, evidentemente, cuando hay una necesidad de conexión cada vez mayor, comportamientos agresivos ante las negativas, ansiedad e incluso violencia, unas dificultades enormes para autorregularse... Y además hay una angustia clínicamente significativa y persistente en el tiempo. Es lo mismo que pasa con una adicción.
¿Hay unos usos o aplicaciones más problemáticos que otros?
Los resultados muestran que hay unos niveles de uso problemático cercanos al 2% en el caso de los videojuegos, de chavales que podrían tener una adicción. En el de las apuestas, podría ser cercano al 3%. La mayor se da en las redes sociales: un 5,7%. Eso quiere decir que tenemos en España más de 300.000 chavales que podrían tener un patrón de uso problemático o compulsivo de las redes.
"Tenemos en España más de 300.000 chavales que podrían tener un patrón de uso problemático de las redes"
Además videojuegos y apuestas están cada vez más unidos con los sistemas pay to win o las lootboxes.
El juego sigue estando muy blanqueado. Los menores siguen jugando, particularmente online. Es ilícito y tiene consecuencias muy graves a nivel de convivencia y de salud mental. Las autoridades tienen que abordar este problema. En cuanto a los videojuegos, hay que ponerse serios. Constituyen uno de los principales canales de ocio para seis de cada diez chavales en España. De ellos, más de un 29% juega con contenidos no recomendados para menores de 18 años, como la violencia explícita. No se trata de gustos: puede tener implicaciones como la banalización de conductas contrarias a la convivencia. Por ejemplo, puede ser un vaso comunicante y estar generando más acoso escolar. Analizándolo a partir de estándares de la Unesco, hemos visto que entre los que consumen regularmente ese tipo de contenidos, sobre todo a edades tempranas, las tasas de agresores se duplican en el caso del acoso escolar y se triplican en el ciberacoso. Y en la violencia filioparental, se cuadriplican.
¿Y quién tiene que ponerse manos a la obra para evitarlo?
Deberían ponerse los papás y las mamás, porque tienen la obligación de saber a qué están jugando sus hijos y qué tipo de contenidos están consumiendo y, por tanto, qué les está educando. Pero a quien más teníamos que pedirle responsabilidades es a la industria, que está haciendo negocio causando daño a los menores y lo sabe perfectamente. Y, en tercer lugar, la administración tiene que exigir responsabilidades. No vale que se autorregule el sector. Tiene que haber inspección, consecuencias y sanciones. No puede ser que estas plataformas estén ganando dinero a costa de dar datos personales de los menores y que, a partir de ahí, les salgan banners de apuestas, de páginas porno o de OnlyFans, donde el 2,1% ha tenido cuenta.
Más que buscar porno, el porno les busca a ellos.
Realmente el 70% de los chavales no consume pornografía de forma más o menos regular, pero hay un 6,7% que lo hace de forma semanal y un 3,4%, diaria. Más los chicos que las chicas, pero el consumo de ellas está subiendo. Es peligroso, porque el porno es claramente machista y nuestras hijas están asumiendo como válidas e incluso deseables determinadas conductas denigrantes para la mujer. Es meter, desde edades tempranas, una apisonadora de actitudes, deseos y conductas, porque de media acceden al porno a los 11,58 años, y el 35,7% de manera fortuita.
¿Funcionan las estrategias legislativas o es ponerle puertas al campo?
El topicazo de que no se puede poner puertas al campo es una gran falacia. No solamente es que no se pueda, sino que es imprescindible. Por donde hay que empezar es por poner coto a la industria. Eso lo tiene que hacer la administración con valentía, consenso y diálogo. En segundo lugar está la ciudadanía, que tiene la capacidad de levantarse en armas. Llega un momento en que a la prevención hay que darle un empujón, igual que se hizo con la droga en los ochenta.
"El topicazo de que no se puede poner puertas al campo es una gran falacia. Se puede y, además, es imprescindible"
¿Y está habiendo valentía, consenso y diálogo?
De momento no. Priman las ocurrencias y los intereses electorales, y lo que tiene que primar es el interés superior del menor. Hay una cosa que nos olvidamos: que estos chavales dentro de diez años van a tener una mochila muy jodida de llevar y los dispositivos de salud mental están ya petados.
¿Se ha notado el efecto de medidas como la de la Xunta de prohibir el móvil en la jornada escolar?
Galicia es una de las comunidades que mejor está gestionando estas cuestiones desde hace años, porque por un lado ha tomado la iniciativa de restringir el uso de los móviles en los centros educativos y, por otro, ha creado un grupo de trabajo para abordar el problema desde un plan de bienestar digital integral, que es algo que tiene que trabajarse en los colegios y con las familias desde pequeños, de forma sistemática y con un enfoque preventivo y educativo. Aunque entre las áreas de mejora está la revisión del uso de la tecnología en el aula, en particular de E-Dixgal.
En todo caso, el informe ve avances en el uso responsable de internet.
El balance no es negativo. Hay luces. Está habiendo una toma de consciencia y la sociedad ha echado el freno de mano. La tenencia de móviles entre los menores es un par de puntos menor, su presencia en las redes ha bajado y, sobre todo, se ve un progreso importante en conductas de riesgo como el sexting, el grooming o el ciberacoso debido a que el foco social se puso en estos grandes problemones. Pero hay cuestiones más sutiles, que tienen que ver con la convivencia y la salud mental, con las que toca meterse. Por eso es importante la concienciación ciudadana, huyendo del alarmismo y el talibanismo. Para mí, con prohibir el móvil hasta los 18 años no se va a conseguir, pero es un debate necesario. Hay una escala de grises. Las prohibiciones deben estar basadas en la evidencia, que se sepa que van a ser buena solución. Por sí solas no resuelven el problema y el enfoque de derecho se lo cargan. Porque estas tecnologías también son una oportunidad de desarrollo personal, social y profesional.


