Carlos Marcos Cid: "Este verano ha sido tranquilo, pero lo que no se ha quemado se quemará en el siguiente"

Los pilotos de extinción de incendios sobrevuelan el monte para vigilar y combatir unos fuegos forestales que cada vez se prevén más grandes y difíciles de extinguir
Carlos Marcos Cid. EP
photo_camera Carlos Marcos Cid. EP

Instructor en European Flyers y piloto de helicópteros en Rotorsun, Carlos Marcos Cid (Madrid, 1999) lleva tres años trabajando en la campaña estival de extinción de incendios en Galicia, aunque su experiencia va más allá, con campañas en Extremadura, Valencia o Asturias. Actualmente pilota su aeronave desde la base helitransportada de Silleda, un lugar "comodín" que le permite con facilidad operar en toda la comunidad.

¿Cómo ha transcurrido este verano la campaña antiincendios?
La verdad es que está siendo muy tranquila. Las lluvias que cayeron en mayo y junio ayudaron a que no haya un gran volumen de incendios. El monte está muy verde.

¿Cómo es el día a día de un piloto forestal en plena época estival?
Trabajamos 15 días seguidos y libramos otros 15. Por las mañanas, a primera hora, salimos con el helicóptero y hacemos horas de prevuelo en las que realizamos una planificación diaria en cuanto a meteorología y riesgo de incendios. Además, dejamos todo el operativo preparado para, en caso de que salte la alarma, estar lo más rápido posible en el aire. También nos reunimos con las brigadas de tierra para coordinarnos.

¿Cuál ha sido el incendio más difícil de extinguir hasta la fecha?
El que se declaró en la Serra do Courel a mediados de julio del año pasado. Fue una locura. La abundancia de vegetación seca, el calor, las tormentas y la poca humedad provocaron una conectividad de fuegos, es decir, que se retroalimentasen. Con ese escenario, era muy difícil actuar porque las llamas tenían mucha energía y, en esos casos, la intervención no es muy efectiva, pues el fuego tenía demasiada violencia.

¿Cuáles son las claves para extinguir bien un incendio?
Lo más importante es llegar en el momento en el que no tenga mucha violencia y que las condiciones meteorológicas sean favorables. Otro factor a tener en cuenta es la vegetación. Antes el pastoreo hacía una gran labor de limpieza, pero en la actualidad el monte está más abandonado y se quema con mucha más facilidad. Finalmente, es necesaria la coordinación; brigadas de tierra y medios aéreos somos un binomio, nos necesitamos mutuamente.

¿La orografía de Galicia dificulta ganar el pulso a los incendios?
Efectivamente, la orografía gallega hace más complicada la extinción. He trabajado en comunidades parecidas como Asturias, pero es una zona un poco más húmeda. El sur de Lugo y Ourense tiene áreas de mucho monte, mucho calor y cero humedad, y eso acaba siendo una gran dificultad.

¿Cómo considera que serán los incendios en un futuro?
Si este 2023 está siendo tranquilo, lo que no se ha quemado este año se quemará el siguiente. Es duro decirlo, pero es así. En Galicia, y también será la tónica general en el conjunto de España, habrá cada vez menos incendios forestales pequeños, pero muchos más megaincendios, lo que se conoce en nuestro gremio como GIF, grandes incendios forestales.

En España existe una escasez de pilotos especializados en la extinción de fuegos. ¿A qué se debe?
Hay una gran precariedad, una falta de pilotos que probablemente vaya a más. Nos ofrecen muy poca estabilidad, ya que es un empleo estacional. El contrato es de solo cinco o seis meses y eso te echa para atrás, aunque no debería ser así porque estamos viendo que cada vez hay más incendios a lo largo de todo el año. Además, la situación empeoró a partir de 2015 con la obligatoriedad de llevar un copiloto en los helicópteros de carga superior a 4.000 kilos.

¿Los equipos aéreos de extinción podrían realizar también una labor de prevención de los fuegos?
Sí. Es una lástima, pero en nuestro país el medio aéreo no se utiliza para la prevención. Al final, dar estabilidad laboral a los pilotos implicaría también un buen cuidado del monte a lo largo de todo el año, no solo en verano.