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Donde el culto a la anguila es tradición

Mesón do Loyo (Foto: VILA)
Lourdes Rivera y Julio Varela, fundadores del Mesón do Loyo (Foto: VILA)

Al hablar de la gastronomía de Paradela y Portomarín no se puede pasar por alto un plato vinculado a la tradición pesquera de esas tierras anegadas hace medio siglo por el embalse de Belesar: las anguilas. Fritas, y también guisadas, son la especialidad de O Mesón do Loyo. Este restaurante sencillo, de decoración tradicional, supera el medio siglo de vida. El negocio echó a andar de la mano del matrimonio formado por Julio Varela y Lourdes Rivera, que dieron el relevo a la siguiente generación. Lourdes recibió en 2012 el premio Gastronomía de Galicia Álvaro Cunqueiro, que otorga anualmente el Concello de Lalín, por toda una vida dedicada a los fogones.

Quienes prefieran tomar las anguilas de entrante tienen la opción de comer después una buena carne a la parrilla. Otros las prefieren como segundo plato, acompañadas de una ensalada y patatas fritas. Para rematar la comida es recomendable un postre casero o la tarta de Portomarín. El exquisito café de puchero es otro elemento imprescindible para culminar la comida.

La anguila, al igual que las truchas que ofrecen en este establecimiento, tienen la piel tostada y crujiente, fruto de una sabia fritura. En esta zona es costumbre dejar reposar la anguila en un recipiente con vinagre durante unas horas antes de salarlo, pasarlo por harina y freír los trozos. Hay restauradores que le echan un poco de tocino durante la fritura para reforzar el sabor. Las anguilas se saltean de nuevo, tras retirar el aceite de la sartén.

Esa lograda textura certifica la buena mano al preparar el producto y hace realidad la máxima de Jorge Víctor Sueiro, que en su libro ‘Comer en Galicia’ destaca la lamprea para los guisos y las anguilas para los fritos, entre los peces de río. Estas últimas también se preparan en estas tierras miñotas en sabrosas empanadas.

Mi descubrimiento de las anguilas fue tardío. Cuanto más cerca se vive de la costa, donde se está más pendiente de las escasas angulas, menos interés se tiene por sus hermanas mayores. El afán de recuperar ese tiempo perdido me lleva a sentir predilección por ellas. Las capturadas actualmente en el Miño se destinan a consumo de los propios pescadores y las que se comercializan llegan de fuera. Pese a ello, la sabiduría culinaria hace que el plato valga la pena.

Portomarín, Paradela, O Páramo y Guntín son los únicos municipios donde se pueden coger anguilas. Los pescadores de este oasis se quedan con un pequeño cupo y trasladan río abajo la otra parte de las capturas, hasta el embalse de Frieira, para que puedan seguir hasta el mar. Así evitan que los ejemplares queden atrapados en las presas y les permiten completar su ciclo vital. A su vez, recogen las crías en Frieira para transportarlas río arriba.

Después de comer en O Mesón do Loio es obligado dar un paseo por el cercano Portomarín. Es un placer en estas fechas ver el embalse vacío, con los caneiros al descubierto. Un camino que parte de un extremo del puente cercano al Mesón permite bajar hasta las tierras que no cubre el embalse a causa de la sequía.

Donde el culto a la anguila es tradición
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