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Bea Gondar, el querellante compulsivo

Un joven se apoya en carteles de propaganda de Bea Gondar antes de las elecciones de 1991. DIARIO DE PONTEVEDRA
Un joven se apoya en carteles de propaganda de Bea Gondar antes de las elecciones de 1991. DIARIO DE PONTEVEDRA

El exalcalde amenazaba en 1983 con ir a juicio a quienes lo relacionasen con el contrabando. Gobernó O Grove con varios partidos y un sentido de la ética exento de toda coherencia 

A finales de los años 70, un temporal arrambló con el relleno de la Virxe das Mareas, en O Grove. El alcalde que debía gestionar aquel caos, José Alfredo Bea Gondar, invitó al ministro Salvador Sánchez Terán, que "vino en avioneta a ver los daños", evocaba el regidor en 2011.

Bea Gondar recuerda que voló desde Peinador hasta el aeródromo de A Lanzada para observar en persona el desastre salado, pero no dispuso una solución. El regidor veía cada mañana aquel agujero en el corazón de su villa con dolor. Una mañana movilizó a un grupo de vecinos y los armó con maquinaria municipal pese a tener presente que la Dirección General de Costas le había prohibido tocar una piedra, aunque fuese una piedra caída de un muro. "A veces venían a hacer inspecciones. Lo que hacíamos era tener a dos policías municipales en A Lanzada, vestidos de calle, y con sus motos. Cuando veían el coche de Costas, salían disparados y avisaban. Entonces, yo me iba para dentro de una casa para que no me hicieran preguntas, para no tener que mentir. Ya les había dicho que si querían algo, que escribieran al Ayuntamiento. El caso es que, cuando llegaban, los camiones no estaban, y solo se encontraban con los vecinos andando por allí. ¿Y qué le iban a decir a los vecinos?", contaba.

Esa anécdota define al personaje. Se ve capaz de ignorar la ley y la autoridad, pero incapaz de decir algo que no fuese verdad. Es una conducta que asimiló en un seminario, donde se formó una "ética" tan personal como incoherente.

Su paso por le seminario le hizo formarse una moral que le permite ignorar la ley y solo preocuparse por "no tener que mentir"

Alfredo Bea Gondar fue alcalde entre 1975 y 1978, y entre 1983 y 1984. Volvió a ser elegido en 1991, pero únicamente duró dos días en el cargo. Se refugió bajo tal cantidad de siglas que darían para matricular el parque automovilístico de O Grove. Comenzó en el franquismo como teniente de alcalde de su primo José Lores. Bea Gondar asegura que fue elegido "el tercio de familias con el visto bueno del gobernador civil" en 1975. En realidad, su primo se enteró de que había dejado de ser alcalde cuando aterrizó en A Lavacolla tras unas vacaciones en el Caribe.

Tras destacar en la UCD, en 1983 ganó la mayoría del pleno por Convergencia de Independientes de Galicia (CIG) para llevarse a los suyos a Alianza Popular (AP) meses más tarde. Fue elegido nuevamente en 1991, encabezando la Agrupación Vecinal Independiente (Avi). Esa variedad de siglas no le impedía defender en 2004 que "nunca" había sido "chaquetero". Aunque no tardó en matizar: "Me refiero a mis convicciones sociales y morales", porque "hay principios éticos que no varían. Soy católico y mis principios están ligados a eso. Para algo estuve muchos años en un seminario".

Durante muchos meses evitó convocar plenos para que la mayoría de los ediles no lo destituyese al frente del Ayuntamiento

Esa amalgama de convicciones no le impidió saltar a un lado o a otro de la ley según viese las circunstancias. En los comicios 1991 volvió a ser el más votado. Cuando estaba planificando lo que sería su toma de posesión, prevista para el día 22 de junio, lo detuvieron y desistió de acabar su hoja de ruta porque lo vistieron a rayas en Alcalá Meco. No dudaba de que PSOE, AP, BNG y EU se pondrían de acuerdo para designar otro alcalde. El concejal comunista rechazó que el candidato socialista ocupase el puesto. Los electores comenzaron a especular en los bares, los supermercados, la gasolinera y la sacristía. Se formó el rumor de que una avioneta había aterrizado en el aeródromo de A Lanzada para que el candidato más votado pudiese estar presente en el pleno para asumir lo que muchos grovenses consideraban su cargo natural. Pero, al contrario de la visita de Sánchez Terán o que los municipales ataviados de paisano, el regreso del salvador era una leyenda.

Bea Gondar acabó por hacer efectivo su derecho, sin dejar de ser consciente de que estaba en minoría. Durante muchos meses evitó convocar plenos para que no lo destituyesen a pesar de que el gobernador civil se aburrió de mandarle telegramas recordándole su obligación.

Aguantó hasta que el Gobierno central fue el que quedó sin reservas de paciencia. Organizó una resistencia sólida que tuvo como infantería a sus votantes, que se parapetaron durante días y noches en el salón de plenos con tanta tenacidad que el Ministerio del Interior solamente acertó a combatirla con los geos.

Tuvo que salir por la fuerza legal, pero lo hizo con el mentón erguido. Tanto como en aquella rueda de prensa de 1983 en que anunció querellas contra quien lo vinculase con el trasiego irregular de tabaco. "No puede ser que salga mi foto y digan: '¡Este es el contrabandista!'".

Bea Gondar, el querellante compulsivo