El final de la raíz

Enrique Morente y Lagartija Nick /AEP
Enrique Morente y Lagartija Nick /AEP
Eric Jiménez, por entonces batería del grupo Lagartija Nick, estaba con sus amigos en un bar de Granada. Comenzó a tocar bulerías sobre la barra para atraer a Enrique Morente, al fondo. Esa noche, entre copas y bromas, el rock embaucó al flamenco.

Aquella improbable unión tuvo lugar gracias a la sensibilidad de los involucrados. La banda Lagartija Nick estaba asentada en su calidad y el cantaor Enrique Morente (Granada, 1942-2010) dedicaba tantos esfuerzos a la tradición como a las pocas oportunidades para experimentar. Treinta años después, el disco ‘Omega’ celebra su aniversario siendo reivindicado como uno de los mejores en la música española, también fundamental renovador de la tradición andaluza.

El camino de todos ellos hasta encontrarse se compone de derroteros extraños, tan peculiares como el sonido del disco y los agentes involucrados. A los músicos granadinos se les unieron los poetas Federico García Lorca y Leonard Cohen.

Mentar a Morente es hablar de la grandeza del canto. Aunque llegó por casualidad al oficio, se convirtió a base de versatilidad en maestro de generaciones y renovador aguerrido. En su casa, durante la infancia, el arte cubría los ratos muertos. Había nacido en el barrio del Albaicín, donde todavía hoy se juntan los artistas de esa latitud buscando inspiración.

Antes de emigrar a Madrid y trabajar como albañil, vendedor, zapatero o barbero, había sido un joven del coro de la catedral de Granada.

En la capital se convirtió en habitual de las peñas flamencas desplegadas en Madrid y en ellas abrió un hueco en el que quedarse. Peleaba por mostrar cualidades, ser visto. En 1963, ilustró varias conferencias sobre flamenco impartidas por José Blas Vega. El éxito fue tal que el ballet Mariemma lo contrató para la Feria Mundial de Nueva York y, al año siguiente, en la embajada en Washington.

Se ganó el nombre de Enrique El Granaíno y  tablaos flamencos empezaron a solicitarlo. Si las grandes casas de la música se atrevían a hospedarlo y mostrarlo, algo habría en aquel muchacho. Pronto se codeó con nombres tan destacados como Manolo Caracol.

Morente sale al mundo y de Europa a Japón se cubre de reconocimiento. En España, le caen premios que terminan de asentarlo. Sin embargo, el gran cambio en su carrera llegó en 1971. México se rendía a su cante y él, encontró el camino del arte en medio del país.  "Cuando me preguntan dónde aprendí a cantar tengo que decir en México. La inspiración la aprendí a dominar allí. Cuando verdaderamente puedes decir que aprendes a cantar es al dominar la inspiración, el duende, el sentimiento, el pellizco", contaba en 2010 a la revista Rockdelux.

En el país latino descubrió la poesía de Federico García Lorca y Miguel Hernández, que ya nunca le abandonarían. También estableció contacto con intelectuales, como Juan Rulfo, que lo animaron a indagar en sí mismo y cómo mirar la música. Ese mismo año lanza al mercado su tercer disco, ‘Homenaje flamenco a Miguel Hernández’, y nace el que ya será su estilo. Morente destaca en este trabajo como adaptador de verso a copla y se atreve con San Juan de la Cruz, Lorca, Hernández, Lope de Vega, Machado, Alberti o Fray Luis de León.

Durante la década de los 70 su carrera llena los grandes salones. Se convierte en el primer cantaor en actuar en el Ateneo de Madrid y ofreció también un concierto en la sede de la Unesco, en París. Después de una gira por Estados Unidos, le fue entregado el Premio Nacional de Música Popular en 1978. Los galardones suponían poco frente a su curiosidad natal.

El ansia experimental que después explotó en ‘Omega’ y trabajos posteriores tuvo cabida ya en los 70. Enrique, a secas por petición propia, aparece en dos cortes de flamenco y psicodelia creados por Gualberto. En 1976 apareció en el escenario colgado por un pie en la obra ‘7.000 gallinas y un camello’, de Jesús Campo y en la que tocaba el grupo Zumo.

Morente encuentra en Camarón de la Isla un apoyo. Juntos inician una serie de conciertos mano a mano durante los años 80, con una primera fecha en el Frontón de Madrid. En esa década se infiltran nuevos acordes y tonos en su estilo, fantasías para su cante jondo en algún disco, ritmos cubanos e incluso espíritu ceremonioso, del que queda el disco ‘Misa flamenca’ con sus grupos gregorianos.

Los años 90 pillan al cantaor en un momento ocioso. A comienzos de la década, recibe la llamada de Alberto Manzano, amigo de Leonard Cohen. Le ofrecía grabar un disco de versiones del canadiense que serviría a la vez como regalo personal para su sesenta cumpleaños. Morente recelaba hasta que Manzano le hizo escuchar ‘First we take Manhattan’ y ‘Take this waltz’. El granadino quedó asombrado con la profundidad de la voz y no se cerró, pero tampoco confirmó.

En el invierno de 1993, Cohen visitó Madrid y concertó una cita con el cantaor en el bar del hotel Palace, donde Lorca solía beber. Cohen había sentido una fuerte conexión con la obra del andaluz, a quien comparaba con Ray Charles. El canadiense escuchó a Morente sin parar mientras hablaba, entonaba y cantaba. Asentía en silencio emanando un aura de aceptación. Al salir, el granadino comprendió que debía sacar aquel proyecto adelante.

En paralelo, unos jóvenes músicos se juntaban en Granada para ensayar las primeras maquetas de sus canciones. Querían debutar sin renunciar a su sonido. La ciudad venía de la efervescencia, todavía produciendo como una enorme factoría musical y que echaba el pulso al corte tradicional de la música andaluza en el bloque oriental. Decidieron llamarse Lagartija Nick inspirados por el grupo Bauhaus.

Logran publicar rápido su primer disco, ‘Hipnosis’, en 1991 y el éxito les pilla de sorpresa. Su apuesta por el punk y un rock menos preciso encaja bien en las necesidades del público español. Repiten éxito al año siguiente con ‘Inercia’, ya dentro de Sony y con el productor de Dire Straits o los Rolling Stones. La crítica reconoció con elogios un paso al frente en su sonido, ahora más afilado y metálico.

El tercer disco de Lagartija Nick debía servir como la base. Escucharon ciertos consejos y con ‘Su’ en 1994 se pasaron al grunge, más sucio y oscuro. Salieron así de la burbuja española de los 90 para incluirse en una corriente global de su era. Durante una sesión de grabación del álbum, un amigo les mostró unas cintas de canciones no públicas de Enrique Morente cantando por Leonard Cohen.

Los jóvenes de Lagartija Nick habían soñado con compartir un tema con el cantaor. Contaban con esta baza, por eso Eric Jiménez se atrevió con las bulerías en un bar durante una fiesta en Granada. Pronto lanzaron el mensaje solicitando un encuentro y encontraron de respuesta un sí más complejo.

Morente había estado obsesionándose con adaptar a Lorca y Cohen, con renovar el flamenco y con experimentar. La llamada funcionó como señal. Se presentó en el primer ensayo sin guitarra, con su esposa y su hija pequeña, Estrella. La banda no daba crédito. Sin embargo, al final de la tarde ya contaban con el tema que daría título al proyecto y toda una filosofía, ‘Omega’.

Dos problemas sacudieron la grabación. El fallecimiento de la madre de Morente paralizó momentáneamente las sesiones y el dolor empezó a trasladarse a la música. El otro provino de Lagartija Nick. Su batería, Eric Jiménez, abandonaba el grupo para unirse a otro nuevo, Los Planetas.

El cantaor puso todo de su parte para refundar las lecturas sobre Lorca, interpretando en carne los versos. El resultado ha sido descrito como una tesis final de la poética del granadino. "En su conjunto, ‘Omega’ es una idea sobre un poema superrealista, abordado desde el cante jondo", explicó al respecto.

El disco abre con un tema de casi 11 minutos de duración que funciona como una hélice. Ahí se encuentran todos los elementos que irán girando y desplazándose por el cielo musical. La voz de Morente deambula entre martinetes y quejíos que se cruzan con la electricidad y metal de Lagartija Nick. A través del cantaor fluye la tradición entera del cante andaluz, de la soléa a la seguiriya, que articula un laberinto de difícil resolución.

Finalmente, habían creado un sonido nuevo de base, pero juntando dos raíces de tradiciones tan distantes como la andaluza y la estadounidense. Lorca y Cohen figuraban en las letras, incluso con adaptaciones totales, así que ‘Omega’ se levantaba sobre cuatro pilares estables. Morente había puesto mucho esfuerzo en el concepto porque, según él, el concepto es un elemento que sirve para reproducirse y ampliarse en manos de otro, a diferencia de la ejecución, mucho más limitada.

El 28 de febrero de 1996, Morente y Tomatito debían dar un concierto, uno más de los habituales. En los bises del final, decidieron sacar a Lagartija Nick para probar su invento. Apenas unos minutos después, los abucheos y los insultos interrumpieron la música. El público se revolvía contra ellos con violencia y las peleas se multiplicaron en el hall. "Vimos que habíamos tocado en un punto en el que no sabíamos por qué, pero dolía. Les faltó darnos hasta en el cielo de la boca", contó Arias, del grupo.

La discográfica Sony rechazó el disco alegando que era "una mierda" y el sello El Europeo corrió el riesgo. La salida fue fría, con ventas no superiores a las 50.000 unidades. Nadie en España miraba con especial atención ese trabajo. Cohen, por su parte, lo movía por Estados Unidos y Canada con efusividad. Los puristas del flamenco levantaron el puño contra Morente y compañía; la crítica especializada daba palos de ciego alabando o censurando sin mucho conocimiento de fondo. Aquel artefacto los superaba.

Morente contaba con 54 años cuando salió a la luz. Pocos con su edad se atrevían a dar pasos tan arriesgados, y continuó dándolos hasta casi la quiebra. Lagartija Nick, por su parte, se mantuvo en activo con cierta atención, pero sin romper el techo como en aquel momento. Los artistas se juntaron de nuevo tras la gira en múltiples ocasiones para celebrar ‘Omega’, como en el Primavera Sound de 2005, acompañados de Sonic Youth. El cantaor había dado nombre al proyecto, pero se equivocó. Aquel final que predijo había sido, en todo caso, un alfa de inicio.