La descentralización como paliativo

Los rectores de las tres universidades públicas y los conselleiros de Educación y Sanidade, en O Gaiás. AGN
Los rectores de las tres universidades públicas y los conselleiros de Educación y Sanidade, en O Gaiás. AGN
La creación de “unidades docentes” en A Coruña y Vigo pone los cimientos de las futuras facultades de Medicina

Es algo más que probable. Dentro de diez años, si no antes, Galicia tendrá dos, tres y puede que incluso cuatro facultades de Medicina. El acuerdo de descentralización finalmente rubricado por los rectores y la Xunta es un remedio paliativo. Aplaza —pero no desactiva— la vieja demanda de las universidades de A Coruña y Vigo, que, aun aceptando ahora la fórmula de repartirse la docencia de los últimos cursos, mantienen su intención de acabar, en cuanto sea posible, con el monopolio de Santiago en la formación de los nuevos médicos gallegos.

Su pretensión está absolutamente justificada, según creen, por la necesidad de formar cada vez más facultativos ante una demanda creciente y porque es un agravio negarles su pretensión mientras proliferan nuevas facultades en toda España —se ha duplicado el número desde 2008—, con el beneplácito de las respectivas autoridades académicas, que no ven en ello el riesgo de que baje el nivel en la formación de los profesionales de la salud.

Los reacios a descentralizar, notables médicos y reconocidos profesores de Santiago, creen que el tiempo les dará la razón. La universidad compostelana nunca debió aceptar la propuesta de compartir el "segundo ciclo", con la creación de "unidades docentes" en los correspondientes complejos sanitarios, porque eso viene a suponer en la práctica crear dos "medias facultades", lo que en la práctica es como poner unos sólidos cimientos para que en su día se pueda impartir la titulación completa, al contar ya con profesorado propio, contratado o habilitado, y disponer de las correspondientes infraestructuras.

Llegado el momento las autoridades educativas autonómicas —quienes quiera que ocupen San Caetano— tendrán muchos menos argumentos que ahora para denegar la creación de nuevas facultades públicas. Y con ellas incluso una privada, que al parecer entra en los planes a medio plazo de Abanca.

El gobierno gallego está satisfecho con la foto del Gaiás. A pesar de que no fue nada fácil y por momentos estuvo muy en peligro, se ha formalizado el mejor de los acuerdos posibles. Sin ser el óptimo, siempre es preferible al desacuerdo, con lo que podía conllevar. La negociación estuvo muy cerca de descarrilar, sobre todo a raíz de la oposición de la junta de la facultad de Santiago frente a las propuestas con las que se abrió la negociación.

Hubo rectificación, pero condicionada a cambios en las comisiones de seguimiento. Ninguna de las partes implicadas en este pacto está del todo satisfecha con lo firmado. Unos querían más y otros menos. El conselleiro de Educación, cuyo equipo llevó el peso de unas negociaciones tan o más políticas que técnicas, lo tuvo siempre claro y se lo hizo ver a los rectores: "Se sumamos, gañamos e se rompemos, perdemos".

SAF , el acuerdo de la discordia

Los ayuntamientos gallegos van a empezar a recibir más dinero de la Xunta para costear el Servicio de Axuda no Fogar, el SAF. La Federación Galega de Municipios e Provincias, la Fegamp, encabezada por el alcalde socialista de Vilagarcía, Alberto Varela, llegó a un acuerdo con la Consellería de Política Social, que rechaza frontalmente el Bloque, socio del PSOE en muchos gobiernos municipales, además de en dos diputaciones. La lideresa nacionalista dice que lo acordado no les vale. Lo califica de trágala. Aduce Ana Pontón que la aportación autonómica, aunque crezca, se queda muy corta y que el servicio, al borde del colapso, va seguir infrafinanciado. Aún así cabe pensar que los ayuntamientos donde su grupo tiene responsabilidades de gestión no van a renunciar a esa mejora.

Más allá de estrategias partidistas, Alberto Varela no entiende que el BNG descalifique este acuerdo cuando no fue tan crítico con el alcanzado en 2021, que era mucho menos ambicioso. Y en el fondo le duele que no se valore el esfuerzo negociador desplegado desde la presidencia de la Fegamp para lograr que la consellería mejorase sensiblemente la propuesta inicial de noviembre. Costó mucho y el esfuerzo supuso un gran desgaste hacia dentro y hacia afuera, incluso personal. El alcalde de Vilagarcía, aunque lanzó esa especie de órdago, en el fondo no era partidario de llevar a la Xunta a los tribunales por este asunto. No había garantías de salir bienparado, y el riesgo de un revés judicial resultaría muy elevado. Realista y pragmático como debe ser quien desempeñe responsabilidades como las suyas, Varela se aplicó aquello de que más vale un mal arreglo que un buen pleito. Casi siempre.

Adiós a un político de los de antes

Era un político del siglo pasado, de cuando la política tenía otro nivel y otro talante. El ourensano Antonio Rodríguez, fallecido esta semana, lo fue casi todo en el socialismo gallego desde los años 80 —diputado, senador, secretario general y presidente del PSdeG— hasta que decidió voluntariamente pasar a la reserva, algo que hizo de forma discreta, pero sin renunciar a la militancia y al compromiso con los principios y valores que profesaba. Los que mejor le conocieron dicen que hasta que enfermó gravemente siempre estuvo disponible para ayudar al partido en lo que pudiera.

Su muerte consigue poner de acuerdo por una vez a las facciones que desde hace décadas se disputan el control orgánico del PSOE en Ourense en una batalla intestina de la que Rodríguez siempre trató de distanciarse. Todos destacan como sobresaliente uno de los rasgos de su personalidad y de su ejercicio de la actividad política: la humildad, algo que ahora tampoco se estila.

Un enamorado de Compostela

la narrativa española y reciente Premio Nadal, David Uclés hizo varias revelaciones de su relación con Galicia al recoger esta semana el Premio San Clemente. Otorga a Galicia un "papel inspirador" en su obra. A partir de 2014 pasó dos años en Santiago ultimando su best seller 'La peninsula de las casas vacías'. Recuerda que escribía en las bibliotecas públicas como la de la Facultad de Historia o en Fonseca. Cantaba bajo un arco del casco viejo para ganarse la vida con el poco dinero que le daban quienes lo escuchaban, estudiantes y peregrinos. Uclés dice que Santiago es la ciudad que mejor conoce, junto a su Úbeda natal.

La lucha será más dura en Adamuz

Uno de los abogados que representa a las víctimas del accidente del tren que descarriló en Santiago en 2013, y dejó tras de sí 80 fallecidos, manda desde Antena 3 un mensaje tranquilizador a los afectados por el choque de trenes de Córdoba: recibirán de inmediato las primeras indemnizaciones. Sin embargo, Manuel Alonso les advierte que "la batalla legal va a ser mucho más dura" que en el caso de Angrois al no estar claras las causas de lo sucedido y por lo tanto las responsabilidades exigibles. Teme que resultará "muy difícil encontrar gente independiente" para la comisión técnica que debe investigar el incidente y cuyo informe será decisivo en la batalla judicial por la catástrofe de Adamuz.