El 97% de los concellos remiten ya sus residuos a Sogama tras ampliar su radio en O Barbanza
Desde el 1 de enero, la Sociedade Galega do Medio Ambiente (Sogama) gestiona los residuos de un total de 304 concellos, esto es, el 97% del mapa municipal gallego. Es el resultado de que Ames, Brión, Carnota, Lousame, Muros, Noia, Pontecesures, Porto do Son y Rois se sumaran al modelo de tratamiento que encabeza el complejo de Cerceda. Hasta finales del pasado año, estos municipios estaban adheridos al modelo de gestión de desechos de la Mancomunidade Serra do Barbanza, centralizado en la planta de Servia en Lousame, un sistema que acabó siendo inviable tanto desde e punto de vista ambiental como económico.
Son varios los factores que explican el fracaso del modelo Barbanza, que se puso en marcha en el año 2003 en Lousame como una apuesta por combinar reciclaje y compostaje y como alternativa a Sogama. Entre ellos figuran la ineficiencia de las instalaciones, una operativa obsoleta y un alto volumen de residuos impropios en el compost producido, lo que imposibilitó la venta de este substrato. La puntilla la dio el hecho de que el vertedero de Sobrado dos Monxes, al que las instalaciones de Servia venían remitiendo sus rechazos tras la colmatación del vaso de vertido de la planta de Lousame, agotó su vida útil, por lo que debe ser sellado y clausurado.
En esta tesitura, tras diversas reuniones y conversaciones entre las partes, el pasado 30 de diciembre Javier Domínguez Lino, el presidente de la empresa pública -la Xunta controla el 54,79% del accionariado, en tanto que el otro 45,21% está en manos de Naturgy- rubricó con la conselleira de Medio Ambiente, Ángeles Vázquez, y el máximo representante de la mancomunidad, Pablo Lago, el acuerdo de adhesión.
Como punto de partida, los nueve concellos estarán adheridos a Sogama por cinco años, con opción de prórroga. Durante ese tiempo, las instalaciones de Cerceda recibirán los residuos del ente municipal, que rondan las 32.000 toneladas anuales y que vienen a sumarse a las 800.000 que la compañía trata en su complejo.
Ampliación
En previsión de tener que ampliar su radio de acción a futuro y acoger los residuos de otros sistemas, en 2017, Sogama impulsó una ampliación que elevó hasta el millón de toneladas su capacidad de tratamiento de desechos. Fue un salto cualitativo, pues hace 9 años podía procesar 550.000 toneladas.
Hoy por hoy, A Coruña, Oleiros, Sada, Bergondo, Betanzos, Abegondo, Carral, Cambre y Culleredo son los únicos municipios que no remiten sus residuos a Cerceda. De su tratamiento se encarga la planta de Nostián, en A Coruña. En total, suman 396.915 habitantes, poco más del 14,6% de la población gallega mientras Sogama se ocupa de procesar los residuos urbanos del restante 85,4%, esto es, de más de 2,3 millones de ciudadanos.
Sogama incide en que, desde su creación, abandera un modelo de gestión "inspirado en los países europeos más avanzados y respetuosos con el medio ambiente". El eje central es la estrategia de "las tres erres -reducción, reutilización y reciclaje-, que se complementa con la valorización energética de la parte que no es reciclable. Con esta carta de presentación, y apoyándose en un catálogo de "altas prestaciones" y en unas infraestructuras industriales "entre las más modernas y eficientes de Europa", la sociedad incide en que ha logrado "conquistar a la gran mayoría de los consistorios gallegos".
A mayores del complejo cercedense, Sogama cuenta con 37 plantas de transferencia repartidas por toda Galicia, a las que se suman cuatro de compostaje, ubicadas en Cerceda, Cervo, Vilanova de Arousa y Verín. Todo ello está "reforzado" con una logística de transporte combinado, que compagina el traslado por carretera con el ferrocarril, medio este último que tiene preferencia al ser "más sostenible, eficiente y respetuoso con el entorno". Tanto es así, que centraliza el 55% de la basura que se traslada.
Tres tipologías
El tratamiento pivota en torno a tres fracciones de desechos. De un lado, están los envases de plástico, latas y briks, que van al contenedor amarillo. En Cerceda se clasifican por tipologías de material para su envío a los centros recicladores. En cuanto a la materia orgánica, que debe arrojarse a los colectores marrones, se convierte en compost. Por último, en la fracción resto -la de la bolsa negra- se segregan con tecnología 4.0 los materiales con posibilidades de ser reciclados, en tanto que lo que no sirve se convierte en electricidad en la planta termoeléctrica tras ser sometido a un proceso de secado con el calor residual de la planta de cogeneración.
En virtud de este sistema, los nueve concellos que se acaban de incorporar a Sogama deben adaptar sus procesos de recogida, segregando la fracción húmeda y seca y ajustándose a las directrices europeas. Para ello, Sogama prevé dar apoyo a los municipios de la mancomunidad barbanzana, "colaborando con la formación del vecindario" en pro de una correcta separación de los desechos en origen. El ente público da por iniciada "una nueva etapa en la que prima la cooperación para dar la mejor gestión posible a los residuos y prestar un mejor servicio a los ciudadanos".
Digitalización, gestión de textiles y descarbonización
La transformación digital, la gestión del residuo textil y la descarbonización de los procesos son los tres ejes del plan estratégico de Sogama 2025-2030.
El complejo está inmerso en su digitalización industrial y administrativa para "ganar eficiencia y prestar un mejor servicio a los concellos". Estos tendrán información "en todo momento" de la situación de sus residuos desde que entran en las instalaciones hasta que salen convertidos en recurso. Podrán consultar los datos en tiempo real para tomar decisiones.
La inversión destinada a la planta de clasificación de residuos textiles es de 22,4 millones de euros, la primera de carácter público de España. La idea es que esté finalizada a mediados de este año para contribuir a recuperar el textil que los concellos deben separar desde el 1 de enero de 2025. Otra de sus misiones será dotar de fibra reciclada a los productores.
La descarbonización de los procesos pasa por sustituir el gas natural por un biosecado, un combustible de base biológica.


