Los veranos podrían durar hasta 40 días más de aquí al cambio de siglo
Europa camina hacia veranos "máis longos e intensos" por la influencia del calentamiento global. Hasta el punto de que, en el año 2100, la estación cálida podría tener "40 días adicionais", una situación que acarreará "profundas consecuencias" para la agricultura, los ecosistemas y la vida cotidiana de los ciudadanos.
Son las conclusiones, publicadas en Nature Communications, de un equipo internacional en el que participa Armand Hernández, científico del Centro Interdisciplinar de Química e Bioloxía de la Universidade da Coruña (UDC).
En concreto, llegaron a ellas analizando las capas de fango acumuladas en el fondo de los lagos, un auténtico "arquivo xeolóxico da historia climática" de Europa que les sirvió para trazar paralelismos con la situación que había hace unos 6.000 años en el continente, cuando se daban veranos de "case 200 días" debido a "un quecemento natural do Ártico, que á súa vez provocou cambios na circulación atmosférica", explican desde la institución académica.
Hoy, en cambio, estos procesos se están viendo "amplificados" por el cambio climático. "Non se trata dun fenómeno novo, senón dun comportamento recorrente do sistema climático terrestre. O diferente agora é a velocidade e intensidade do cambio", explica Hernández.
La investigación puso el foco en la diferencia de temperatura entre el Ártico y el Ecuador, que impulsa los vientos del Atlántico hacia Europa. Y debido a que el Polo Norte "estase a quentar case catro veces máis rápido ca media global", esa variación se atenúa y las corrientes se ralentizan y se vuelven " máis erráticas".
El resultado son "cicloxénese e patróns de verán máis persistentes, ondas de calor e secas máis longas, seguidas por eventos de precipitación extremos na transición cara ao outono".
"Cando o contraste de temperatura entre o Ártico e as latitudes medias se debilita, o verán europeo expándese e amplifícanse os eventos extremos tanto de temperatura como de precipitación", resume este miembro del Grupo de Investigación en Cambio Ambiental de la UDC.
Una España con clima sahariano
El estudio calcula que el verano se puede alargar unos seis días por cada grado que pierda esta diferencia entre el Ártico y el Ecuador. A partir de ahí, y teniendo en cuenta el ritmo actual de las emisiones de gases de efecto invernadero, estima que, para el cambio de siglo, los veranos europeos pueden llegar a tener hasta 42 días más que ahora.
Y eso sin tener en cuenta potenciales factores de aceleración del proceso, como las emisiones industriales de aerosoles o los mecanismos que retroalimentan el calentamiento climático por la pérdida de zonas de hielo o superficies forestales, entre otros elementos.
En vista de ello, los investigadores, capitaneados por Celia Martín-Puertas, de la Royal Holloway University de Londres, indican que, el principio, unos estíos más prolongados pueden ensanchar las temporadas de cultivo en el norte de Europa, pero cualquier beneficio quedará pronto sepultado por el "calor extremo" y la "escaseza de auga" general, con un aumento de los riesgos de padecer incendios forestales destructivos, sequías y olas de calor.
"Sería como se as bandas climáticas se expandisen cara ao norte", explican desde la UDC. En el caso de España, para entonces tendría un clima "máis parecido ao do Sahara".

