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Condenado a cadena perpetua el inventor danés que mató a una periodista en un submarino

Peter Madsen. AEP
Peter Madsen. AEP

A pesar de que la causa de la muerte no ha sido determinada, el fallo considera que hay muchos indicios que incriminan a Madsen

El inventor danés Peter Madsen ha sido condenado este miércoles a cadena perpetua por un juzgado de Copenhague, que lo consideró culpable de matar, torturar y descuartizar a la reportera sueca Kim Wall en su submarino el pasado 10 de agosto, en uno de los crímenes más macabros en la historia reciente de Dinamarca.

A pesar de que la causa de la muerte no ha sido determinada, debido a que la cabeza permaneció varias semanas bajo el agua hasta ser encontrada, el fallo considera que hay muchos indicios que incriminan a Madsen, al que lastran además la falta de credibilidad de sus cambiantes explicaciones sobre el suceso y otros aspectos.

De ahí que el inventor, de 47 años y muy popular por sus diseños de submarinos y cohetes, haya sido condenado por los cuatro delitos de que estaba acusado: homicidio premeditado, maltrato sexual, trato indecente de cadáver y violación de las leyes marítimas (los dos últimos, los únicos que ha admitido en el juicio).

"Se ha sopesado al fijar la pena que fue un homicidio cínico y brutal de una periodista que había aceptado dar una vuelta en el submarino del acusado", explicó el tribunal, formado por una jueza y dos jurados, para explicar la dureza de la condena, inusual para un crimen cometido por una persona sin antecedentes penales.

El fallo unánime considera probado que Madsen planeó cometer un crimen en el Nautilus, su submarino de 18 metros de largo, aunque no pensando en Wall, una reportera de 30 años a la que aceptó conceder una entrevista el 10 de agosto a bordo del sumergible.

El inventor aseguró inicialmente haberla desembarcado en el puerto y después afirmó que había muerto de forma accidental, una explicación que modificó de nuevo semanas más tarde

El tribunal recordó que había invitado el día 8 a tres mujeres a navegar en el Nautilus, propuesta que ellas rechazaron, y que luego acordó un viaje con una amiga para el 11 de agosto, antes de ser contactado por Wall; y destacó el interés probado de Madsen por los crímenes, la mutilación y el empalamiento de personas.

Madsen tampoco ha dado explicaciones creíbles de por qué llevó al sumergible el día del crimen una sierra, destornilladores afilados de medio metro y trozos de tubos, cree el tribunal, que tampoco da verosimilitud a sus cambiantes declaraciones sobre la muerte de la reportera y a su argumento de que lo hizo por respeto a la familia. De acuerdo con la primera explicación, Wall murió al caerle la escotilla en la cabeza, pero después de que apareciese ésta y de que no se constatasen lesiones en el cráneo, Madsen aseguró que había muerto intoxicada por el monóxido de carbono emitido accidentalmente al cerrarse la escotilla y mientras él estaba en cubierta.

La sentencia, recurrida por Madsen, dicta que cortó y arrojó el cadáver en varias bolsas al mar para ocultar pruebas, una teoría reforzada por el hecho de que dos trozos de correas encontradas en el Báltico coinciden con los hallados en el submarino.

El tribunal ordenó la confiscación del submarino para su posterior destrucción

El tribunal tampoco se cree que los pinchazos en el cuerpo de Wall fueran hechos horas después de su muerte y con el propósito único de permitir la expulsión de gases para que se hundiese mejor. Los análisis forenses han apuntado a que lesiones y heridas en el torso y la parte externa e interna de la vagina se realizaron en torno al momento de la muerte, señala el fallo, que recuerda que la noche previa al crimen Madsen vio en su móvil un vídeo de una mujer decapitada, similar a otros hallados en su disco duro y en el ordenador.

Madsen salió a navegar el 10 de agosto por la tarde con Wall, y fue su novio quien, horas después, alertó a las autoridades, que pusieron un marcha un dispositivo de emergencia que acabó al día siguiente, cuando Madsen reapareció solo en el submarino en la bahía de Køge, al sur de Copenhague.

El inventor aseguró inicialmente haberla desembarcado la noche anterior en el puerto, pero ya al día siguiente afirmó que había muerto de forma accidental, una explicación que modificó de nuevo semanas más tarde, cuando los restos mutilados fueron apareciendo tras una intensa búsqueda de las policías sueca y danesa.

El tribunal decidió otorgar además una indemnización al novio danés de Wall de 120.000 coronas (16.110 euros), pero no a sus padres, y ordenó la confiscación para su posterior destrucción del Nautilus. 

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