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Una mesa sobre la ría en Ribadeo

Restaurante San Miguel - RibadeoEl San Miguel, un balcón al mar (Foto: VILLAPOL)

LA UBICACIÓN sobre la ría, unas vistas extraordinarias y el puerto deportivo al pie, como si todo ello estuviese integrado en el comedor, hacen del restaurante San Miguel en Ribadeo un lugar ideal para sentarse tranquilamente a disfrutar de la mesa, la compañía y el mar.

Nos acompañó un día espléndido en esta primavera que se resiste a hacerse realidad. Un paseo por el puerto, tras el almuerzo, fue el mejor postre para el cuerpo y el espíritu.

Si el lugar es único, el producto del mar que allí se sirve le hace honor. Las almejas con alcachofas, una combinación lograda, es un plato extraordinario, aunque quizás fuese excesivo el dominio de la salsa que las acompañaba. Excelentes fueron también los calamares en su tinta, con todos los matices y con sabor auténtico. Representó un auténtico hallazgo: ese sabor del calamar, y no otra cosa, casi ya perdido, que supone una aventura encontrarlo. Fue como haber salido por el portalón del patio del colegio para, como algo clandestino, tomarse un bocadillo de calamares fritos. Por eso se agradecen y valoran estos calamares en Ribadeo como un regreso a un pasado de felicidad. Unas semanas antes, en otro local de Ribadeo que no vamos a citar, pedimos calamares, y aquello resultó algo absolutamente insípido y hasta mal pasado por la freidora. ¿Dónde estarán aquellos bocadillos de calamares de estudiantes que había en la Raíña en Santiago o en la calle Princesa en Madrid?

Todo esto fue compartido por dos comensales. El tercero, se abstuvo para su desgracia. Las raciones fueron tan abundantes que se convirtió en problema afrontar la tarea de una merluza a la plancha. Los inevitables ajos fritos de cierta cocina gallega estaban como adorno inadecuado por encima.

Si la merluza era fresca, abría en láminas blancas, sabía suavemente a mar y se deshacía en la boca, para qué ese ajo. Gracias a Dios el sabor del ajo no se llegaba a notar, no penetró en la merluza: estaba muy frito y lo habían añadido una vez preparado el plato para ser servido.

Raciones muy amplias, excesivamente abundantes en producto, sobre todo en este caso, después de aquellas almejas con alcachofas y de los calamares en su tinta. Quedó parte de la merluza para regresar a la cocina. Por exceso de cantidad.

Quizás, y regresamos a otra cuestión repetida en diferentes ocasiones y para restaurantes distintos en Galicia, había exceso de aceite en la merluza a la plancha. La plancha no necesita la compañía visible del aceite. En todo caso, podría ser una opción libre del comensal con un aceite crudo que le añada a su voluntad.

La conclusión es clara: lugar ideal para un almuerzo o cena, excelente producto, con buena cocina. Merece un sobresaliente y debe figurar entre los mejores espacios a recomendar para comer en Galicia.

Una vez más cabe preguntarse por la ausencia de algunos restaurantes de Lugo, particularmente de A Mariña, en las guías gastronómicas de referencia. Nito, en Viveiro, es otro ejemplo de esa injusticia.

Una mesa sobre la ría en Ribadeo
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