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El viejo debate de la legalidad se reabre de nuevo

Prostitución
Prostitución

La turística localidad de Magaluf, en el término mallorquín de Calviá, se ha convertido estos días en noticia. Los vecinos están hartos pero, en esta ocasión, no de los turistas borrachos vociferando a altas horas de la madrugada y protagonizando comportamientos incívicos de todo tipo. Esta vez se han puesto en pie de guerra contra la prostitutas. Tal cual.

Vecinos de Magaluf han pasado a la acción y han decidido emprender escraches a las alrededor de 100 mujeres que, según recogía el diario El Mundo, ejercen en la calle Punta Ballena. Quienes viven alrededor se quejan no de la prostitución, dicen, pero sí del robo y la violencia que, presuntamente, estas mujeres ejercen contra quienes consideren en inferioridad física y numérica. 

Las mujeres objeto de escraches son de nacionalidad nigeriana, y han denunciado por delitos de odio a los vecinos que patrullan contra su actividad. Ellos sostienen que estos escraches nunca se han saldado con insultos o agresiones, que solo les piden que se vayan. 

Son conscientes de que estas mujeres, como ellos, son víctimas de las mafias que trafican con sus cuerpos. Pero, aún así, se reúnen en un grupo privado de Facebook con el nombre de Cleaning Up, según relataba El Mundo, porque entienden que no les queda más remedio mientras las autoridades no hagan nada. Se quejan, entre otras cosas, de que las mujeres han alejado de la localidad a turistas que llevan yendo a Magaluf más de 20 años a pasar sus vacaciones. 

Rusia, el otro caso
El cerco que ejercen contra las prostitutas algunos vecinos de Magaluf se une al que ejercen las autoridades contra las rusas, de las que su presidente, Vladimir Putin, dijo que eran las mejores del mundo. La presión policial con motivo del Mundial de fútbol ha provocado que se cierren muchos burdeles. No aquellos que facturan más dinero, que gozan de suficiente protección. 

Rusia sigue así el ejemplo de Sochi, que acogió los Juegos Olímpicos de Invierno en 2014. Todo por la buena imagen de cara a la prensa internacional, Sochi optó por imponer multas muy severas a las trabajadoras sexuales, llegando incluso a condenarlas a la cárcel durante el tiempo que duraban los juegos. En definitiva, se obliga a las prostitutas a pasar por la clandestinidad, con lo que eso conlleva. 

Quienes ya se están frotando las manos en Rusia son los locales de streap tease, algunos de los cuales han ofrecido a sus empleadas lecciones se inglés. 

El problema está en la calle
Casos como el de Magaluf instan a reabrir el debate sobre la legalización de la prostitución. Ya lo han emprendido, entre otras organizaciones, Aministía Internacional, que generó todo un clamor de voces a favor y en contra cuando se posicionó por la despenalización de esta práctica, contra la criminalización de las prostitutas. Sus argumentos se basaban en la necesidad de desarrollar una vía efectiva de protección para un colectivo vulnerable.

Por otro lado, un formato relativamente nuevo, surgido al calor de las nuevas tecnologías, es el de quienes ofrecen servicios en internet, que se promocionan como escorts en Barcelona y otras populosas ciudades. Muchas prostitutas encuentran mucho más seguro trabajar online, haciendo lo que se conoce como webcamming, sexo virtual, u ofreciéndose como novias temporales en citas que pueden acabar (o no) en sexo. 

La puta o el putero, he ahí la cuestión
El movimiento feminista se ha propuesto revisar viejos insultos, por considerarlos propios de la cultura machista, y darles una vuelta de tuerca. Así, el viejo "Me cago en la puta" pasaría a ser "Me cago en el putero". Como dato anecdótico, sirve para poner identificar posturas entre si la culpa es de ellas (cuando los datos dice que la mayoría no ejerce por gusto) o de ellos, por perpetuar la actividad.

Entre en los perfiles que se han identificado de hombres que suelen recurrir a este tipo de servicios, está el del machista, el hombre que divide a las mujeres de forma subjetiva por cuestiones de moralidad y, mientras deja a la suya en casa (la pura) recurre al prostíbulo para desatar sus fantasías sexuales, sentir que domina. 

Criminalizar al putero, en todo caso, tampoco es la solución ideal para las trabajadoras sexuales. Algunas respondieron a la campaña "Soy putero" que se hizo viral, y que emprendieron dos youtubers que luchaban contra la abolición. En el vídeo "Hola Abolicionista", piden que no se enfoque la atención contra el putero cuando, en realidad, lo que se sucede es que no se atreven a decirle a una mujer lo que debe o no debe hacer. Pedían diferenciar entre trata y prostitución, y dejar de lado en sensacionalismo y desinformación.

Con todo, está claro que la cuestión merece un compromiso de los gobiernos de todo el mundo, para que sea estudiada en profundidad.

El viejo debate de la legalidad se reabre de nuevo