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martes. 16.08.2022
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Puertas del Camino: Leire

Porta Speciosa, en el monasterio de Leire. ARTE E HISTORIA
Porta Speciosa, en el monasterio de Leire. ARTE E HISTORIA
Porta Speciosa, así llamaron y siguen llamando a esta portada románica del monasterio de Leire. Si lo traducimos, Puerta Preciosa. ¿Hay alguien que se atreva a negarlo?

Visto desde arriba, se aprecia la gran magnitud y el privilegiado enclave del monasterio de San Salvador de Leire (o Leyre). Levantado en la sierra de su nombre y rodeado de alguna pradera y de un frondoso y variado arbolado, se abre en una especie de balconada de amplias vistas, muy cerca del pantano de Yesa, nutrido por el río Aragón.

Tras contemplarlo de lejos, el viajero se acerca al monasterio y, haciéndolo, se acerca también a lo más hondo y simbólico de la historia del reino de Pamplona o de Navarra. Saca la entrada para la cripta y para el interior de la iglesia y se encuentra con que le dan las llaves de ambos emblemáticos monumentos. Y allí se va, ufano con sus llaves y orgulloso de merecer tanta confianza; de hecho, las va agitando en la mano para que las vean bien los escasos visitantes que por allí andan. 

La cripta no es una verdadera cripta, pues ni está soterrada ni fue lugar de enterramiento. Su construcción tuvo como finalidad servir de sostén a la cabecera de la iglesia, y a fe que lo consiguió. Así se explican sus recias y robustas columnas, de sobria o nula decoración, que forman una especie de petrificado bosque. La cripta no deja de tener su encanto, aunque también resulta bastante sosa. En todo caso, es una de las primeras construcciones románicas del occidente hispánico y es la que justifica que al monasterio se le haya llamado los Pilares del Reyno.

Da vueltas por la iglesia, por fuera y por dentro, Se detiene para ver el ábside y la torre del siglo XI y, por lo tanto, de un románico muy incipiente. Se para mucho más tiempo para disfrutar con detalle de la Puerta Speciosa, que es una pasada; del siglo XII, parece que, entre otros, colaboró en su ornamentación el maestro Esteban, a quien se debe la portada compostelana de las Platerías; son tantos y tan interesantes los motivos esculpidos que es imposible fijarse en todos y cada uno como se merecerían. Por fin, con sus llaves, entra solito en el interior de la iglesia, también básicamente románico; en un muro y defendido por una reja, está el panteón de los primeros reyes de Navarra.

Antes de abandonar el monasterio –del que se olvidó decir que en un principio fue cluniacense y luego cisterciense– decide tomarse un chocolate en la cafetería, pero renuncia cuando la camarera le dice que tardará una media hora, sin que las bien visibles llaves que aún porta la impresionen lo más mínimo, qué se le va a hacer.

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