Besteiro salva su cuesta de enero

José Ramón Gómez Besteiro, en el comité nacional del PSdeG, entre Carmela López, nueva presidenta de la Diputación de Lugo, y Alberto Varela, alcalde de Vilagarcía y presidente de la Fegamp. AGN
José Ramón Gómez Besteiro, en el comité nacional del PSdeG, entre Carmela López, nueva presidenta de la Diputación de Lugo, y Alberto Varela, alcalde de Vilagarcía y presidente de la Fegamp. AGN
El líder del PSdeG sale airoso del comité nacional sobre los casos de acoso y del relevo de José Tomé en la Diputación de Lugo

En el cuartel general del PSdeG respiran aliviados. Es comprensible. Tras un diciembre negro por la crisis de los acosos, tenían ante sí un enero muy cuesta arriba con dos considerables desafíos a superar: uno, el comité nacional extraordinario, al que se presumía que los antibesteiristas acudirían con las espadas en alto en actitud beligerante, y el otro, el recambio en la presidencia de la Diputación de Lugo, donde para retener el bastón de mando los socialistas dependían aritméticamente de su excompañero, el ahora no adscrito José Tomé. En ambos casos, Besteiro y los suyos salieron airosos.

Fueron días duros, ante lo incierto del panorama y lo mucho que estaba en juego, tanto en clave de liderazgo orgánico como de poder institucional, del que ahora mismo el PSOE gallego no anda tan sobrado como para permitir que el feudo provincial lugués pudiera caer en el manos del PP.

En el máximo órgano de los socialistas entre congresos se escucharon no pocas voces críticas con el secretario general, pero la sangre no llegó al río. Quienes reprobaron a Besteiro, y en especial la sección feminista, discrepaban de la forma en que gestionó las acusaciones de acoso sexual y laboral. Creen que le faltaron agilidad y contundencia. Sin embargo, nadie de peso, ninguna figura referencial, llegó a pedir su cabeza. Como mucho, un golpe de timón en la dirección estratégica del partido, un discurso programático propio y un cierto distanciamiento del sanchismo en la medida de lo posible. 

El entorno de Besteiro entiende que su jefe ganó sobre todo oxígeno. Y tiempo. Incluso no falta quien piensa que salió reforzado al constatarse la inexistencia de una alternativa mínimamente consistente y en disposición de medirse con él y su aparato en unas eventuales primarias.

 
Tomé cumplió con lo prometido al electorado progresista y lo comprometido con la dirección del PSdeG, que en el fondo sigue siendo su partido, aunque formalmente no milite por la suspensión cautelar que él mismo solicitó. En sus adentros el alcalde de Monforte parece seguir confiando en que las aguas vuelvan a su cauce, en que recuperará el carné socialista y puede que la baronía provincial –además de la dignidad y el buen nombre– en cuanto se establezca su inocencia. Tal y como se han hecho las cosas, la situación es hasta cierto punto reversible. 

Haber facilitado la elección de una presidenta socialista como sucesora es una clara muestra de que Tomé no quiere romper nada, ni causar daños irreparables, y la prueba de que entiende que a su todavía amigo Besteiro no le quedaba otra que hacer lo que hizo. Que es lo mínimo que estaba obligado a hacer.

La efímera coincidencia de Xunta y Bloque

Mientras los socialistas gallegos trataban de defender lo indefendible, durante unas horas dio la impresión de que el Benegá se alineaba con la Xunta del PP en el rechazo frontal al nuevo modelo de financiación autonómica cocinado por el Gobierno de Pedro Sánchez con Esquerra Republicana al gusto de Cataluña. 

Ana Pontón tachó de "refrito" la propuesta, muy discriminatoria para Galicia, que "solo" recibiría un 2,8% del incremento global de 21.000 millones de euros frente a porcentajes mayores de otras comunidades, entre las que citó a Andalucía, Cataluña y Valencia. Argumentos muy similares a los que empleó el presidente Rueda para oponerse a un "intolerable" modelo de reparto que, dijo, "destroza" a la comunidad gallega, a la que situaría a la cola, recibiendo incluso menos de lo que aporta a la caja común. 

La sintonía Bloque-PPdeG no pasó de un espejismo. Poco tardaría la lideresa del Bloque en marcar distancias con el Gobierno autonómico, al que acusó de no tener una propuesta propia que confrontar con la defendida por Moncloa y por los socios habituales del frentismo gallego (BNG y ERC concurren juntos a la elecciones europeas y compartan otros foros). 

Para Pontón la posición de Rueda, en esto como en otros asuntos, es inconsistente y suele estar condicionada por los intereses tácticos del PP nacional, o sea, de Núñez Feijoo. Le afea que renuncie a la negociación bilateral. Ella sigue reclamando para Galicia la llave de su dinero, "un concierto económico que nos permita gestionar el cien por ciento de los recursos" y decidir "las prioridades de inversión tras ajustar cuentas con el Estado por los servicios que presta" en la comunidad.

Con eso sí que no comulgan los populares gallegos. Ni el PSdeG. 

Cuando la conflictividad es ajena

Como el PP de Feijóo aún no tiene la responsabilidades en el Gobierno de España y la gobernanza comunitaria es un pacto ideológicamente transversal, la Xunta puede permitirse el lujo de contemporizar con las gentes del agro y del mar en sus movilizaciones contra las decisiones de Bruselas que perjudican sus intereses. 

Agricultores y ganaderos cuentan con la simpatía y el apoyo del Gobierno gallego frente al acuerdo de la Unión Europea con Mercosur que afecta al campo, porque va a sufrir una dura –y desleal– competencia externa. Desde San Caetano también muestran su solidaridad con la flota pesquera de bajura, que rechaza la aplicación del reglamento comunitario que obliga a instalar cámaras a bordo, a estar geolocalizados o llevar un diario de pesca electrónico. 

Harina de otro costal son las huelgas médicas, aunque también en eso el ejecutivo autonómico asiste a los toros casi desde la barrera. En Galicia, como en resto de las comunidades, las batas blancas están contra el Ministerio de Sanidad. La consellería dice trabajar para evitar una huelga general, reconociendo que algunas de las reivindicaciones le conciernen. 

Además los gestores del sistema sanitario gallego trabajan en un plan de choque para recuperar la actividad suspendida, una auténtica hemorragia asistencial.

Venezuela, un mercado marginal

A la patronal gallega la crisis de Venezuela le preocupa más bien poco. Así lo ha reiterado en los últimos días Juan Manuel Vieites. Para el presidente de la Confederación de Empresarios de Galicia, las operaciones de las empresas gallegas con la república bolivariana son "muy residuales", al punto de que en los diez primeros meses del año pasado las exportaciones apenas alcanzaron los 27,4 millones. 

Es un "mercado marginal". Lo que inquieta de verdad a Vieites es la "incertidumbre" que este tipo de conflictos generan en el panorama económico internacional, agravada por la generalizada sensación de inseguridad jurídica.

Desdramatizando la tasa turística

"Para que el sector turístico siga creciendo en Galicia necesitamos menos confrontación política y más colaboración institucional". Es lo que sostiene el director xeral de Turismo de Galicia, quien en su balance de 2025, otro año de récord, subraya que el sector supone ya cerca del 10% tanto del PIB como del empleo. 

Según Xosé Merelles, "estamos creciendo de manera sostenida y avanzamos claramente en la desestacionalización". En su opinión, "el mundo no se cae por implantar una tasa", aunque cree que quienes la defienden deben "dialogar" con los operadores y "garantizar que esos ingresos se destinan a mejorar la oferta turística".