Bruselas tunea el 'pulpo á feira' y Galicia reacciona: "Todos tenemos líneas rojas"

El eurodiputado gallego, Adrián Vázquez, pide ajustar o renombrar el “pulpo” del Parlamento
El plato que se sirve en el Parlamento Europeo. EP
El plato que se sirve en el Parlamento Europeo. EP

En Bruselas se legisla sobre aranceles, derechos digitales y hasta sobre el tamaño de los tapones de las botellas. Pero hay fronteras que conviene no cruzar. Una de ellas, al menos para los gallegos, es la del pulpo á feira.

El Parlamento Europeo, tan meticuloso a la hora de armonizar normas, ha cometido —según denuncia un eurodiputado gallego— un sacrilegio gastronómico en toda regla en su cáterin. El motivo: un plato servido bajo el rótulo de "pulpo a la gallega / galician-style pulpo" por 17,35 euros, que ha provocado estupor, risas y una queja formal cargada de retranca por parte del diputado del PP, Adrián Vázquez Lázara.

Las imágenes, compartidas por el europarlamentario en X, no dejan lugar a dudas: lo que se servía como pulpo eran en realidad anillas de calamar con pimentón, acompañadas de patatas con cebolla y sorprendentes ramilletes de brócoli. Ni rastro del pulpo auténtico, del corte tradicional ni del plato de madera que en Galicia tiene casi carácter litúrgico.

Agradece el esfuerzo del cáterin

Vázquez no oculta su sorpresa, aunque mide sus palabras con diplomacia y con mucho humor. Reconoce y agradece el esfuerzo diario del servicio de cáterin por alimentar a una institución tan diversa, una "tarea nada sencilla", subraya. Sin embargo, como gallego —y recalca, "como demócrata"— se siente en la obligación moral de señalar que aquel plato no guarda "relación reconocible con la receta original, ni por ingredientes, ni por aspecto, ni, me temo, por espíritu", asegura.

La comparación que utiliza eleva la queja a categoría literaria: llamar a eso pulpo á feira, dice, es un ejercicio de imaginación equiparable a "llamar gaita a una vuvuzela". No duda de la buena fe del cocinero, matiza, pero sí del resultado. Con una retranca afectuosa muy gallega, el eurodiputado propone dos salidas "plenamente europeas" al entuerto: o bien ajustar la receta a unos mínimos reconocibles, o bien cambiar el nombre por algo más honesto y creativo, como "pulpo reinterpretado en clave centroeuropea".

Ofrece asesoramiento

Cualquiera de las dos opciones, sostiene, serviría para evitar futuros incidentes diplomáticos con Galicia, que "tanto quiere a Europa… y a su plato más emblemático". La guinda llega en la posdata: lejos de cerrar la puerta, Vázquez se ofrece, siempre en clave humorística, a acompañar al cáterin del Parlamento en una "misión técnica de asesoramiento á feira", todo sea —viene a decir— por el bien común. Porque hay muchas formas de hacer política en Bruselas, pero el pulpo, en Galicia, solo hay una. Y desde luego, no lleva brócoli.

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